Me lo merezco, supongo.
Por cómo rompí las ventanas y abrí la puerta,
nunca seré motivo de sorpresa ni primeras veces,
incluso cuando descubras maravillosas primeras veces conmigo,
nunca serían tan importantes como las primeras veces que viviste primeras veces.
Me lo merezco, supongo.
Por todo lo que lloré en el pasado sin merecerlo y por todo lo que reí en el presente ilusa de que merecía algo.
Acepta sus regalos, cuida su cadena y escabúllete a restaurantes melancólicos, sus restaurantes.
Después de todo siempre fui una intrusa,
la idea de amor no me pertenece y musa de su arte no alcanzo a ser.
Entonces debo escoger cerrar mi caparazón con todo el dolor que tengo dentro,
todo el dolor que yo misma provoqué por atrevidamente huir de el,
creyendo que podía tenerte, tenerlo.
Está bien, me sumergiré finalmente en todo lo que alguna vez he conocido,
el desamor y la miseria,
el abandono y la desconfianza,
la traición,
y el sabor agridulce de saber que tenía razón desde el inicio,
al ver tus ojos y ver un espejo que me reflejaba a gritos:
Me lo merezco, supongo.


















