Cuando mi madre me vino a buscar a china, me trajo mogollón de juguetes, y entre ellos, una muñequita de trapo hecha por ella. Desde ese instante, se convirtió en mi juguete favorito, rechazando los demás, comprados en imaginarium o el chico (tiendas de juguetes para bebés). A mi no me gustaban los chupetes, no estaba acostumbrados a ellos, porque en la casita cuna (especie de orfanato de china) nunca me habían dado uno. Mi manera de relajarme, era pasarme la muñeca de trapo por la cara.
Actualmente, con mis 16 años bien puestos, sigo teniendo muñecas de trapo hechas por mi madre, y aunque ya no me la llevo a todas partes, la sigo teniendo en casa, y me la sigo pasando por la cara para relajarme, como a los 2 años.
El otro día, en noche buena, mi abuelo de parte materna, se sentó a mi lado, y me dijo: “Lia, cariño, cuando me haya muerto, lo único que te pido es que me pongas en la caja, una de tus muñecas hechas por mamá, pero no una nueva, una de las tiyas viejas, justo encima de mi” claro, yo al escuchar eso me quedé perpleja, no puedo ni pensarme que mi abuelo, la persona más luchadora que he conocido, tras mi madre, se vaya a morir, después de haber luchado en la guerra, después de haber pasado 2 tipos de cánceres diferentes y muchísimas enfermedades, que se muera. Eso duele, duele muchísimo. Pero supongo, que sea la ley de la vida, puta ley de vida. De verdad, no me puedo imaginar qué serían las navidades sin ti, sin tus datos extravagantes, sin tus tonterías, sin tu presencia.
Desde aquí te prometo, que cuando mueras, ojalá te quede bastante para ello, tendrás mi muñeca. Te quiero.