Long story short...
Desde ayer estuve pensando en mi blog, con suerte recordé el correo y la contraseña para acceder a él y... ¡qué nostalgia!
Sólo quería dejar por acá una conclusión para todo esto: crecí.
Es divertidísimo ver como me ahogaba en un vaso de agua cuando era adolescente, recordar las múltiples pésimas decisiones que hice, y las que fueron acertadas, sin mencionar que escribía espectacularmente, y que es algo que ya abandoné.
La vida es tan sencilla y tan complicada cuando eres un adolescente, pero todo pasa. Esos amores que juraba jamás olvidaría, se fueron. Fui capaz de darle un cierre a lo que me atormentaba, dejé el pésimo hábito de fumar y maduré en todos los sentidos.
Ahora tengo 23 años, estoy próxima a convertirme en médica cirujana, cuido mi salud mental asistiendo a la psicóloga regularmente, tengo una pareja estable y maravillosa, y me acepto plenamente. Mi vida no podría ir mejor. Aún con sus malos ratos, me encanta estar viva.
Querida Lu adolescente: tenías razón, eras un huracán. Pero ahora eres lluvia fresca en primavera. No puedo esperar para las cosas que nos depare el futuro. Te amo, y estoy orgullosa de todas las cosas que has logrado.
Hasta siempre, tú.















