Respuestas de cartón
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En nuestra cultura no hay verdaderas respuestas, están todas acartonadas.
Claudio Naranjo

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Respuestas de cartón
Imagen por SammCox en Flickr
En nuestra cultura no hay verdaderas respuestas, están todas acartonadas.
Claudio Naranjo
Escuelas
Durante mi viaje de regreso, lleno de encuentros y de impresiones de toda clase, la idea de las escuelas se volvió para mí mucho más real, casi tangible. Había perdido su carácter fantástico. Y esto sin duda porque como me di cuenta entonces, una “escuela” no requiere solamente una búsqueda sino una “selección” o un escoger — quiero decir: de nuestra parte. No podía dudar que hubiera escuelas. Me convencí al mismo tiempo de que las escuelas sobre las que había oído hablar, y con las cuales hubiese podido entrar en contacto, no eran para mí. Eran escuelas de naturaleza francamente religiosa o semi-religiosa y de tono netamente devocional. No me atraían, sobre todo porque si hubiese buscado un camino religioso habría podido encontrarlo en Rusia. Otras escuelas más moralizadoras eran de tipo filosófico, ligeramente sentimental, con un matiz de ascetismo, como las escuelas de los discípulos o seguidores de Ramakrishna; entre estos últimos había personas agradables, pero tuve la impresión de que les faltaba un conocimiento real. Otras escuelas, ordinariamente descritas como “escuelas de yoga”, y que están basadas en la creación de estados de trance, participaban, a mis ojos, un tanto demasiado del género espiritista. Yo no podía tenerles confianza; conducían inevitablemente a mentirse a uno mismo o bien a lo que los místicos ortodoxos, en la literatura monástica rusa, llaman “seducción”.
Había otro tipo de escuelas, con las cuales no pude tomar contacto y de las que sólo oí hablar. Estas escuelas prometían mucho, pero igualmente exigían mucho. Exigían todo de una sola vez. Hubiera sido necesario quedarse en la India y abandonar para siempre toda idea de regreso a Europa. Habría tenido que renunciar a todas mis ideas, a todos mis proyectos, a todos mis planes y comprometerme a un camino del cual no podía saber nada de antemano. Estas escuelas me interesaban mucho, y las personas que habían estado en relación con ellas y que me habían hablado de ellas, se destacaban nítidamente sobre el común de las personas. Sin embargo me parecía que debería haber escuelas de un tipo más racional, y que hasta cierto punto, un hombre tenía derecho de saber hacia dónde iba.
Paralelamente, llegué a la conclusión de que una escuela —no importa como se llame: escuela de ocultismo, de esoterismo o de yoga— debe existir sobre el plano terrestre ordinario como cualquier otro tipo de escuela: escuela de pintura, de danza o de mediana. Me di cuenta de que la idea de escuelas “en otro plano” era simplemente un signo de debilidad: esto significaba que los sueños habían reemplazado la búsqueda real. Así comprendí que los sueños son uno de los obstáculos más grandes en nuestro camino eventual hacia lo milagroso.
P. D. Ouspensky en Fragmentos de una enseñanza desconocida
Arcos
He conseguido una libertad interior. Mendeléiev
El color de la orina
Dí chino
El matrimonio - parte XV
Olas en Puerto Naos (La Palma) by UnBosqueInterior.com
Supongo que recordáis haber dormido alguna vez. ¿Y qué recordáis del dormir? Probablemente nada. De lo que nos acordamos es de los sueños, de la falta de descanso, de la incomodidad de la cama.
Dormir está lleno de ironías. Si no dormimos, estamos cansados al día siguiente, posiblemente irritados y agresivos, pero si dormimos ‘demasiado’, nos volvemos apáticos, sensibles o nos sentimos amuermados.
Cuando hacemos equivalencias como Sol-Yang, Luna-Yin no siempre acertamos. En el caso del dormir, preferimos hacerlo cuando ya no está el sol. Nos entra sueño. Presencia del sol/yang, ausencia/yin. Otra equivalencia o reflejo es que dormimos tumbados. Yang vertical, yin horizontal.
Necesitamos descansar y necesitamos andar. Nos movemos mientras dormimos y también dormimos mientras nos movemos, sólo que no nos damos cuenta salvo en momentos puntuales cuando perdemos la trama de la película o no seguimos el hilo de la conversación. O no recordamos dónde hemos dejado las llaves.
Se hacen cursos para obtener lucidez en nuestros sueños mientras no se ven demasiados para dormirnos durante el día, quizás por que ya lo hacemos sin necesidad de ir a clase. Lo curioso es que tratamos de no dormirnos cuando probablemente lo que nos vuelve más conscientes es precisamente… dormir.
Con todo esto quiero decir que podamos usar la naturaleza o nuestra esencia a nuestro favor. Pero necesita un tipo de consciencia distinta a la habitual. La siesta estuvo de moda durante un tiempo y últimamente está mal vista pues parece denotar un incómodo dormir nocturno o unos horarios poco estructurados. Pero si una necesidad de una larga siesta cada día puede ser un síntoma de un mal dormir, una pequeñas siestas durante el día pueden indicar lo contrario: un buen despertar..
Napoleón o Churchill son ejemplos de personas que podían pegarse una cabezadita en cualquier momento. Y si para ellos era adecuado, no estaría de más aprender a relajarse en entornos de agobio, a olvidarse del contexto o del qué pensará tu jefe, tus colaboradores o quién sea.
La creencia de que más atención cura la falta de atención es persuasiva… aunque no necesariamente correcta. Cuando llevo vistos veinte cuadros en un museo, lo que deseo es irme a la cafetería, cuando llevo un par de cafés… quiero ver cuadros.
Este compartimentar los actos está especialmente enfatizado en nuestra cultura -o incultura-, benditos prefijos. Mi hijo se aburre en clase y le cuesta prestar atención, lo que no deja de ser un mal síntoma no tanto sobre él como del sistema educativo, más teniendo en cuenta que a casi todos los alumnos les pasa igual.
Todos notamos la cantidad de estímulos que nos rodean -y nos bombardean-, pero no hemos desarrollado las formas adecuadas para combatirlos. La más sencilla: dormir más o estar menos activos y hacer las cosas más despacio. Esa es la cura contra el desorden en nuestra consciencia.
A-versiones
Errores… ¿matemáticos?
Sensaciones
Aversiones
Vida corpórea
Tu cuerpo… ¿es tuyo?
Viejos… de por vida
Formas
Afinidades
Imagen por Lawrence OP en flickr
… Una respuesta a este dilema de la perpetua afinidad de la materia hacia niveles de mayor y mayor complejidad podría proceder del mundo del átomo: por qué el cloro tiene tanta afinidad por el sodio puede explicarse eléctricamente, pero -en términos más genéricos-, la pregunta sería ¿por qué los átomos tienen la manía de entrelazarse formando moléculas?
Paco Traver
podría proceder del mundo del átomo: por qué el cloro tiene tanta afinidad por el sodio puede explicarse eléctricamente, pero -en términos más genéricos-, la pregunta sería ¿por qué los átomos tienen la manía de entrelazarse formando moléculas?
Biko
Arriba y abajo
Secretos al aire libre
Si, pero no
Gravedad
Compartiendo
Mal de pobres
Mi tribu y yo
Verbo rápido
Volcanes
Los volcanes son amigos de los bosques
Carácter científico
Entre dramas anda el juego
Energía congelada
Imagen por wanderflechten en flickr
MOYERS: ¿Cómo transformamos nuestra conciencia?
CAMPBELL: Eso depende de lo que estés dispuesto a pensar sobre el asunto. Y para eso está la meditación. Toda la vida es una meditación, la mayor parte no intencional. Mucha gente pasa la mayor parte de su vida meditando sobre cómo ganar dinero y cómo gastarlo. Si tienes una familia que mantener, piensas en tu familia. Son preocupaciones muy importantes, pero tienen que ver con condiciones físicas en su mayor parte. Pero ¿cómo podrás comunicar la conciencia espiritual a los niños si no la tienes tú mismo? ¿Cómo la consigues? Los mitos están ahí para llevarnos a un nivel de conciencia que es espiritual.
Pongamos un ejemplo: estoy en la esquina de la calle Cincuenta y uno con la Quinta Avenida y entro en la catedral de San Patricio. Dejo atrás esa ciudad tan activa, gobernada como pocas por la economía. Entro en la catedral, y todo a mi alrededor habla de misterios espirituales. El misterio de la cruz, ¿qué es todo eso? Los vitrales, que crean una atmósfera distinta. Mi conciencia ha sido transportada a otro nivel, y me encuentro en una plataforma diferente. Y entonces salgo, y de nuevo estoy en la calle. Ahora bien, ¿puedo retener algo de la conciencia de la catedral? Ciertas plegarias o meditaciones están pensadas para retener la conciencia en ese nivel en lugar de dejar que se pierda por completo. Y después, lo que finalmente puedes hacer es reconocer que éste no es más que un nivel inferior de esa conciencia más alta. El misterio allí expresado está operando en el campo de tu dinero, por ejemplo. Todo el dinero es energía congelada. Creo que ésta es la clave de cómo transformas tu conciencia.
Negación
Aquellos que no aprenden nada de los hechos desagradables de sus vidas, fuerzan a la conciencia cósmica a que los reproduzcan tantas veces como sea necesario para aprender lo que enseña el drama de lo sucedido. Lo que niegas te somete. Lo que aceptas te transforma. Carl Gustav Jung (Vía)
De Lovecraft a Tolkien
Sentí que tenía que hacer algo grande en esos sesenta días postreros, algo arrebatador, intenso, algo tan portentoso y orgiástico que me hiciera olvidarme de lo que me esperaba después. ¿Quizá un viaje al fin del mundo? Imposible, porque las autoridades providentes antes mencionadas me habían incautado también prudentemente el pasaporte. Respecto a las posibilidades escapistas del alcohol y otras drogas lisérgicas, que ya había frecuentado por entonces con notable devoción, no me hacía demasiadas ilusiones: sirven para entretenerse un fin de semana pero no dos meses, por cortos que sean. Descartado el suicidio por orgullo -¡no podrán conmigo!- y el libertinaje por timidez, sólo me quedaba la literatura. Y entonces apareció el Libro. Era muy grueso, más de mil páginas, y lo encontré en la librería Meissner de Madrid, especializada en libros extranjeros. Conocía su título porque aparecía vivamente desaconsejado en otra obra que había leído recientemente, El poder de soñar de Colin Wilson. En mi adolescencia había disfrutado con El desplazado de Wilson, una especie de prontuario romántico de insubordinación metafísica, por lo que seguía leyendo a ese joven airado con decreciente entusiasmo. Cuando terminé El poder de soñar, un repaso a la literatura fantástica contemporánea, llegué a la desconsoladora conclusión de que Colin Wilson era un perfecto merluzo. ¡Se atrevía a criticar a Lovecraft, el más entrañable y viscoso de mis autores favoritos! Y de pronto hablaba de una larga novela en tres partes, en la que se recreaba una tierra imposible y cientos de personajes propios de cuentos de hadas; para descalificarla, el cenagoso Wilson encontró este dicterio: «Es la novela que le hubiera gustado escribir a Lovecraft y no pudo». De inmediato decidí que ese grimorio merecía ser leído, si es que alguna vez caía en mis manos pecadoras. Pues bien, allí estaba, bien orondo, tres en uno, en el estante de Meissner, con su título escrito en un tipo de mayúsculas que remedaban el gaélico: Lord of the Rings. Había una pequeña dificultad: cualquiera podía darse cuenta, sin ser demasiado perspicaz, de que el maravilloso mamotreto estaba escrito rigurosamente en inglés. Y yo, ay, pese a algunos intentos más bien lánguidos de aprenderla, desconocía con vigorosa tenacidad esa imprescindible lengua. Fernando Savater
Jauría ensordecedora
Nunca he tenido WiFi en casa. Me distraigo con facilidad, y YouTube es demasiado tentador. Hace unos ocho años tuve una línea ADSL durante unos tres meses, y me acuerdo de despertar un día pensando que me gustaría pasar unos minutos en YouTube antes de llegar al trabajo. Cuando volví a mirar la hora, era la una de la tarde y estaba viendo un video de Kajagoogoo de hacía veinte años. Aquello me demostró que yo no podía tener WiFi en casa. Dave Eggers
Máscara
Image by undergroundbastard on flickr
El ‘yo’ se esconde de muchas maneras, debajo de cada piedra, puede esconderse en la compasión, yendo a la India a cuidar gente pobre, porque el ‘yo’ se apega a una idea, a la fe, a conclusiones, a aquellas creencias que le hagan sentirse compasivo, “amo a Jesús o Krishna, e iré al cielo.” El ‘yo’ tiene muchas máscaras: la máscara de la meditación, la de lograr lo más alto, la de la iluminación, la del “ya sé lo que digo”. Todo ese interés por la humanidad es otra máscara. De modo que uno tiene que tener un cerebro extraordinario, sutil, rá>pido para ver lo que se esconde; requiere enorme atención, requiere observar, observar y observar.
Jiddu Khrisnamurti en La mente y pensamiento 1
J. Krishnamurti Online | El ‘yo’ se esconde debajo de cada piedra ↩
Ecocultura
Resulta sorprendente la cantidad de cosas que pueden verse influídas por la ecología. Pitiklinov