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El Nene Del Colegio
El relato no me pertenece; lo encontré anónimo en un foro. Me pareció muy excitante, pero al margen de eso valoré que haya estado bien escrito y que todo se entendiera a la perfección. Ya tendré tiempo de escribir una historia mía; pero primero quiero compartir este relato con ustedes. Espero lo disfruten, recuerden que es sólo una fantasía. No soy quién para dudar o afirmar la veracidad de los hechos, mucho menos para juzgar a nadie. Sin más que dirigirme a ustedes para que puedan disfrutar del relato “sin tabúes”, es un gusto abrir mi perfil. Muchas gracias por la atención y espero sea de su agrado. Mi nombre es Gerardo. Tengo 58 años. Tengo pareja hace más de 20 años (Horacio). Soy profesor de matemáticas de una escuela católica privada primaria/secundaria en Buenos Aires, Argentina. Soy un hombre peludo, barbudo, de cuerpo grande y alto. Mido 1,72 y tengo el pelo algo canoso. El año pasado (2015) me tocó enseñar en un curso que nunca antes me había tocado. Era porque el profesor de matemáticas de ese curso se había jubilado y necesitaban un reemplazo. El curso que me tocó, fue uno de los mejores cursos que tuve, no sólo por lo que voy a relatar (si bien esto tiene una gran injerencia en la simpatía que generé con el grupo), sino también porque fueron chicos y chicas muy aplicados y educados. Era el 7°B. Como era común, había más chicos que chicas, dado que la escuela era sólo de varones y no hace mucho tiempo que se convirtió en mixta. El grupo que me tocó tenía uno de sus miembros que era marcadamente homosexual. Gerónimo tenía 12 años, era flaquito, rubio, de ojos azules de esos que el azul se nota a la distancia, tenía una cara de ángel que enamoraba, unos labios de esos que sólo tienen los jóvenes que no se los muerden nunca. Usaba, regularmente, el uniforme del colegio muy apretado, pero su torso y abdomen eran disimulados porque siempre se ponía un buzo que era holgado arriba y acababa con un elástico abajo, lo cual dejaba a la (mi) vista una cola deliciosa, parada y apretada por el pantalón que desde el primer día que di finalizada la clase, y lo vi salir, noté. Era afeminado (cosa que siempre amé en los pasivos), solía juntarse sólo con las chicas; pero, sorpresivamente, los varones del curso no lo burlaban, ni mucho menos. Sí, lo alejaban (que ya era suficiente violencia), pero nunca lo molestaron directamente o físicamente. Gerónimo tampoco solía interesarse demasiado por pertenecer al grupo de los varones. Era feliz con sus amigas en una especie de mundo donde se lo consideraba un experto en moda y un gran consejero en cuestiones de pareja. Algún que otro chico solía juntarse con él para llegar a las chicas, pero tarde o temprano terminaban cayendo en la amistosa personalidad de Gerónimo que los seducía (no sexualmente) de una manera muy eficaz: la buena onda y el compañerismo que tanto lo caracterizaban. Habiendo pasado una semana de clases, no podía dejar de mirarlo con la misma admiración del primer día. Ese niñito de 12 añitos me provocaba admiración. Vaya a saber uno por qué, me despertaba deseos sexuales extremos. Me lo imaginaba desnudo, bañándose, limpiándose la cola, abriendo los cachetes y pasándose el jabón por el medio del culo hermoso que tenía. Me imaginaba que me lo cogía; imaginaba que estábamos los dos en la cama, yo sentado sobre el respaldo y el, mirándome a la cara, saltándome en la pija, gimiendo como una putita desesperada que perdía su virginidad con un buen macho. Una imagen recurrente era la de él chupándome la pija como desesperado por recibir la leche; el final de esa imagen era yo llenándole la boca de leche y él tragándosela toda. Por dos lados me sentía culpable: el primero, me estaba imaginando que me cogía a un nene de 12 añitos; y el segundo, me sentía mal por Horacio porque mis fantasías eran con Gerónimo sólo; pensaba que si se llegaba a dar la oportunidad de cogerme al nene, no quería compartirlo, quería que sea sólo mío; y eso implicaba no contarle nada a Horacio. Pero no lo podía evitar; las noches que me hacía la paja, lo hacía siempre pensando en el nene recibiendo mi pija en cuatro, patas para arriba, contra la pared, arriba mío, yo arriba de él. Me volvía loco. Hacía que mis pajas se alargaran a propósito, porque no quería dejar de pajearme nunca con las imagenes que se me venían a la cabeza de aquel nene de 12 añitos siendo cogido por mí. Además, las alargaba para que nunca llegue el final; porque una vez que acababa, un sentimiento de culpa extremo invadía mi mente. Había noches que hasta me deprimía. La mañana del martes 12 de mayo de 2015 fue que mis fantasías volaron por los aires cuando descubrí que Gerónimo me miraba. Escribía lo que yo había puesto en el pizarrón y cada vez que levantaba la cabeza, me miraba y me sonreía. No podía creerlo. Lo comprobaba cada segundo. Como cuando intentás levantar a algún chico que te gusta en el subte: primero el intercambio de miradas, luego las sonrisas; pero hay siempre que corroborar que el sentimiento (calentura) es mutuo para no avanzar sin consentimiento y terminar mal. Esa fue la política que utilicé con Gerónimo. Lo miraba y esperaba a que me mire, cuando me miraba, yo sonreía. Él me devolvía la sonrisa, y yo estaba delirando. Ver sus labios encorvarse para dibujar una sonrisa en la boca perfecta donde cada noche me imaginaba que depositaba mi leche me volvía loco. Sus ojos azules se clavaban en los míos, los mismos que me había imaginado que me miraban con placer y dolor mientras me cabalgaba la pija mientras yo lo desfrutaba con mis brazos en mi nuca, de vez en cuando estirando uno para acariciar su carita o para manosearle el culo precioso que tenía. Sin darme cuenta, casi como de un segundo a otro, noté que mi pija se había puesto durísima. Cuando tocó la campana, algunos alumnos terminaban de escribir pero otros no. Para no pararme dije que los alumnos que habían terminado, podían salir al recreo. Mientras los que no, debían quedarse a terminar de copiar. Una gran parte del grupo, se levantó y se fue. Dudo que de aquella cantidad, todos hayan terminado de copiar. Pero se quedaron una chica, amiga de Gerónimo y un muchacho más. Gerónimo y yo, seguíamos jugando con las miradas y las sonrisas. Habían pasado más de 30 minutos de que lo hacíamos, casi desde que la clase había comenzado. Nostros seguíamos. Su amiga se paró y le dijo “¿vamos?”. Gerónimo se excusó y dijo que aún no había terminado de copiar y que no le importaba perder el recreo. Así que la amiga se fue. Quedamos sólo los tres. Yo sabía que el otro chico no se iba a ir porque era un alumno increíblemente aplicado que no tenía muchos amigos y nunca estaba con alguien en los recreos. Gerónimo y yo seguíamos con nuestras miradas lúdicas que se cruzaban y nos dibujaban sonrisas. En un momento, Gerónimo levantó la mano. Pregunté qué necesitaba y me preguntó si se podía pasar al primer banco (carca mío) para poder copiar mejor. Naturalmente, no me negué. Esa voz me podía. Tenía un poder extremo sobre mí. Era la voz con la que me había imaginado que gemía delante mío mientras yo con mi pija lo penetraba como salvaje. Se acercó al banco sin quitarme la mirada de encima y, para sentarse, dio una vuelta dejándome ver el culo enorme que tenía. Me quedé (por los segundos que duró) admirándole la cola al nene que me la presentaba haciéndose el inocente. En cuestión de segundos, y mientras su delgada figura giraba sobre sus pies para sentarse, doblé mi cabeza para seguir admirando el culo que el nene me presentaba. Ni bien logró darse vuelta, volvió a mirarme y se río por lo bajo porque se dio cuenta que yo lo estaba viendo. La pija se me ponía más dura. Pensaba: “mocoso hermoso; juro que te cogería por todos lados por jugar a ser provocador conmigo”. Yo también reí. Finalmente, la campana volvió a tocar. Gerónimo volvió a su asiento y yo, tapándome la erección con carpetas negras, me despedí de mis dos alumnos y me fui. Desde ese día, no me podía sacar de la cabeza a Gerónimo. Me cogía a Horacio, pensando en Gerónimo. Hasta lo hice jugar a que “él era mi alumno y yo el profe” con las luces apagadas porque tenía la cabeza completamente quemada por el nene. Pasó al rededor de un mes de miradas y sonrisas con Gerónimo en el colegio. Y un viernes (digo “viernes” porque recuerdo que los jueves y viernes los alumnos de 7°B tenían gimnasia) vi lo que terminó por quemarme la cabeza de arriba abajo. Yo estaba en la puerta de la oficina de la directora, esperando que ella salga del baño (que estaba cruzando el pasillo de la escuela - donde se practicaba gimnasia -). La puerta de la oficina, daba justo al patio, casi en el medio; así que yo podía ver como mis alumnos seguían su clase normal mente. La profesora de gimnasia, quien es hasta el día de hoy amiga mía, me saludó con la mano y una sonrisa y yo contesté de la misma manera hasta que vi salir del baño a Gerónimo. Llevaba puestas unas zapatillas con resorte que la profesora siempre pedía como ideales para hacer “gimnasia”; arriba de las zapatillas, se veían una piernas flacas pero marcadas que estaban completamente lampiñas y al desnudo. A Gerónimo lo cubría un mini short blanco tan pequeño que me quedé observándolo embobado. Arriba llevaba la chomba del colegio. La profesora dijo, mientras el se acercaba al grupo, que la clase ya había terminado y ahora había que elongar y esperar el timbre. Gerónimo no dejaba de mirarme y, sonriéndome, siguió las instrucciones de la profesora. Empezó a caminar hacia mí. A mí el corazón me palpitaba tan fuerte que creí que pasaba cualquier cosa. Cuando pudo ubicarse a cinco metros de distancia de mi, me dio la espalda y comenzó a elongar abriéndose de piernas y tocándo sus pies en cada extremo con la mano del extremo contrario. Pude ver su mini short haciendo el mayor de los esfuerzos por no romperse sosteniendo un culo que sin disimulo y delante de todos yo miraba con baba corriéndose de mi boca. Gerónimo me miró, mientras elongaba, y me sonrío. Sólo borró su sonrisa para morderse los labios. Esos labios que nunca habían sido mordidos, estaban siendo apretados por sus dientes superiores sólo para volarme la cabeza en mil pedazos. Pude ver la marca de su slip que se notaba debajo del pantalón, y pude ver la línea divisoria de su culo separando dos ñalgas enormes. Le respondí la sonrisa sin dejar de mirarle el culo por esos 30 segundos que me lo mostró a propósito. Mi cabeza explotó. Para mí estábamos solos en la escuela. En mi cabeza, yo ya le había roto el mini short y ya le habia corrido el slip y ya me lo estaba cogiendo mientras él hacía la famosa elongación. Justo cuando tocó el timbre, la directora salió del baño. Gerónimo me miró de espaldas y me dijo “chau, profe”. Era la primera vez que me hablaba fuera de clase y esa voz de putita me había vuelto tan, pero tan loco que en vez de responderle algo normal, le dije “chau, hermoso”. Él se rió y se fue. Yo reaccioné en cuestión de segundos y la cara se me había puesto colorada. Como si fuera poco, noté que tenía la pija parada otra vez. La vergüenza y el miedo que me provocó esa situación, me hicieron darme vuelta y taparme con las carpetas de nuevo. Estaba rogándole a dios que se duerma cuando la directora me tocó el brazo derecho y me dijo “pasamos, Ricardo”. No me interesó que ese no era mi nombre. La realidad es que me odiaba y lo hacía a propósito. Esa noche, me hice una de las pajas más largas que me había hecho nunca. Gerónimo, evidentemente, me estaba provocando. En ese momento pude haber pensado que es un niño (claramente gay) y que simplemente estaba jugando y probando seducir a otros. Pero yo prefería quedarme con la idea de que ese nene quería mi pija. Y yo se la iba a dar. Con el correr de los meses, Gerónimo y yo nos seguíamos seduciendo. Pero llegadas las vacaciones de invierno (que en Argentina son en el mes de julio), dejé de verlo por un par de semanas. Estaba obsesionado. Me volvía loco. Me mataba a pajas por Gerónimo. No aguantaba. Me cogía a Horacio a todas horas. Él disfrutaba y yo cerraba los ojos e imaginaba que el que estaba recibiendo mi pija era Gerónimo. Horacio gemía, yo lo callaba. Horacio hablaba, yo lo callaba. No quería que su voz grave me despierte de la fantasía de escuchar los gemidos del nene. Mientras Horacio dormía, yo iba al baño a pajearme y con el correr de los días, mis fantasías se volvían más salvajes y más morbosas con respecto a Gerónimo. Lo meaba; le tiraba del pelo; le hacía hacer la tarea de matemática sentado en mi regazo mientras yo me lo cogía; convertía sus slips en tangas y me lo cogía de parado corriéndosela, etc. En todas estas fantasías, cada día más morbosas, él gemía como una putita y yo escuchaba con deleite esos gemidos que eran la prueba intrínseca de que me lo estaba cogiendo. Al volver a clases, nuestro juego de seducción siguió por varios meses. Pero fue el lunes 12 de octubre del 2015 cuando mi vida cambió 180 grados. Era el día de la diversidad cultural. Los profesores habían notificado el viernes anterior a los padres que el acto no era obligatorio, pero las faltas se contarían igual si no venían a las tres horas de clases; luego se podían retirar y no se les marcaría falta. El acto fue un verdadero fracaso. Llovían; vinieron pocos profesores, pocos alumnos y como si fuera poco de mi curso de 30, no vinieron más que 12 entre los que se encontraba Gerónimo. Uno por uno fueron yéndose y Gerónimo seguía en el aula. Cuando sólo estábamos a un alumno de quedar solos, la directora entró a avisarme que había venido la madre del alumno que faltaba. Me preguntó si yo tendría algún problema de quedarme por unos momentos en un aula del segundo piso que se encontraba vacía mientras ella intentaba comunicarse con la madre de Gerónimo. No me negué y le dije a Gerónimo lo que me había dicho la directora. Una vez en el aula de arriba, salí con el pretexto de ir a buscar una tiza para ver dónde se encontraban la directoras y los cuatro profesores que habían venido; podía, dado que el piso de arriba solo eran aulas y un pasillo que, con una baranda, separaba al vacío que daba vista al piso de abajo. Vi a la directora entrar a su oficina y a los profesores sirviendo café en la sala de profesores. Paseé un poco por el piso de arriba, donde se escontraba un profesor al que le habían tocado dos niñas bastante escandalosas en un aula muy separada de nosotros. Volví al aula y Gerónimo se me rió. Pregunté “¿de qué te reís?” con una sonrisa cómplice en mi boca. “¿Y la tiza?” preguntó él. El nene no era estúpido y eso me calentaba más. Yo reí, agaché la mirada y la volví a levantar hacia el sin borrar mi sonrisa. Me senté en el escritorio y Gerónimo se paró y se puso en frente mío. Yo estaba muriendo de calentura más que nunca en mi vida. Acercó sus labios a mi boca y sin dudarlo ni un sólo segundo, le comí la boca por varios minutos. Estaba todo sucediendo realmente. Estaba mi fantasía en mis manos. Y mis manos estaban manoseándole el culo a más no poder. Él puso sus manos en mi pija por arriba del pantalón sin dejar de besarme, y yo, de la desesperación, me bajé el cierre y saqué mi pija. Él pareció soprendido. Fue indicio de que era la primera pija que veía. Le dije “¿te animás a chupármela?” y sin responder, dibujó una sonrisa en su cara, se puso debajo del escritorio y se la metió en la boca interrumpiéndolo sólo para mirar mi pija con ojitos de admiración. No lo podía creer. Gerónimo me estaba chupando la pija con tantas ganas que yo me estaba volviendo loco y sentía que todo mi cuerpo se calentaba y sentía que su cuerpo se calentaba y sentía que estaba en la gloria y sentía sus labios de bebé bajar y subir por mi pija despacio y rápido, despacio y rápido, despacio y rápido. Sólo por unos segundos me paré frente a él arrodillado debajo del escritorio con el uniforme un poco desarreglado. Mirando para abajo con los ojos, pero no con la cara, una bestia se apoderó de mí y le dije “así soñé tenerte varias veces, putito; arrodillado frente a mí para poder vengarme de las veces que me provocaste y hacerte esto”. Ni bien terminé la frase, lo agarré de la cabeza y le cogí la boca con mis 17 centímetros de pija. Gerónimo no respiraba y de vez en cuando me miraba, eso me volvía loco. Parado y cogiéndole la boca, acabé. De mi pija salió una cantidad increíble de leche directo en su boca y yo, cansado, le solté la cabeza y me quedé sentado unos minutos sin sentir nada, hasta que agaché la mirada y Gerónimo seguía lamiéndome la pija que muy lentamente se iba durmiendo. Lo miré y le sonreí; él me devolvió la sonrisa y me dijo “quiero más”. Le dije que no podíamos porque estábamos en la escuela. Ya era demasiado arriesgado haber hecho lo que hicimos. Me dijo “no se preocupe, profe; yo lo voy a solucionar”. Me desconcertó un poco pero no lo suficiente para borrar mi sonrisa. Le dije que por favor no se lo diga a nadie; lo cual entendió y me prometió discreción. Se paró, se arregló el uniforme, yo el traje y hablamos por el resto del tiempo de cosas que nos gustaban a ambos y de nuestras vidas íntimas. Le conté que yo estaba en pareja con un hombre que se llamaba Horacio de tres años menos que yo y él me contó que sus padres se divorciaron al poco tiempo de haber nacido él y que se había quedado con su madre a quien quería mucho sin dejar de lado el cariño que le tenía a su padre. Me confesó en ese momento que quería que esto pase, por eso no le avisó a la madre que había un acto. Me sorprendió la capacidad maravillosamente madura de planear las situaciones del nene. Claramente, no estábamos hablando de un niño bobo. Gerónimo había demostrado a lo largo de todo el año, ser un chico increíblemente inteligente (ya se darán cuenta por qué). Esa noche volví a mi casa con una felicidad enorme. Horacio no entendía pero se alegraba de verme bien. No me hice paja esa noche; sabía que la situación con Gerónimo se iba a volver a repetir, por lo que guardaba la leche para él y le decía a Horacio que estaba cansado. Le chupaba el culo, le colaba los dedos y nada más. Por el momento, mi pija estaba reservada para Gerónimo. Al otro día, la situación se repitió pero esta vez en el baño del colegio. Gerónimo y yo quedamos en una hora exacta y el haría todo lo posible para recibir el permiso de poder ir al baño. Entré al baño y él ya estaba esperándome. El baño vacío era todo nuestro. Las puertas de los inodoros eran largas y llegaban al suelo, por lo que era un lugar perfecto. Volví a sentir sus labios chupándome la pija. Volví a sentir ese calor que me causaba estar cogiéndole la boca al nene que me había volado tanto la cabeza. No descansaba en esos minutos que teníamos. Lo paré, lo di vuelta, le bajé el pantalón y le pegué la chupada de culo más pasional que di en mi vida. Lo miraba de reojo y veía como abría la boca para gemir pero se atajaba y daba vuelta los ojos en señal de placer. Me reí mientras mi lengua le penetraba la cola. No aguanté más, me senté en el inodoro y sin darlo vuelta le colé un dedo. Veía como le dolía. Le dije “si te duele, paro”. Me dijo en voz baja “no, no me duele, seguí”. Así seguí metiéndole el dedo en el culo. No lo podía creer. De a ratos caía en que mi fantasía, poco a poco, se volvía realidad. Le estaba colando un dedo al nene de 12 añitos que tanto me había revuelto la cabeza todo el año. Me di cuenta de que estábamos tardando. Así que le subí el pantalón y me arreglé. Lo hice salir y me dijo “esto no está funcionando, yo quiero más”. Le dije que lo hablaríamos luego, que por lo pronto nos veíamos al día siguiente a la misma hora y salimos los dos del baño en diferentes momentos. Yo volví a mi casa feliz porque logré chuparle el culo y colarle un dedo a ese nene precioso que me volvía tan loco. Le di un beso de lengua en la boca a Horacio sin dejar de pensar que él estaba probando el sabor del culo de uno de mis alumnos sin saberlo. Al otro día volvimos a repetir todo. Y al otro día, también. Después de un tiempo me dijo que tenía celular y me pasó su número. Dijo que lo llame cuando yo lo creía conveniente y que una vez que él agende mi número, no me iba a molestar porque no quería generarme problemas. Por lo que nos hablábamos por Whatsapp siempre en código. Yo lo había agendado como “remís” y si él me hablaba, siempre me escribía “¿usted pidió un remís?”; si yo decía que sí, podíamos hablar, si decía que no, él dejaba de contestar. Él me tenía agendado como “hermano de cata”; la cual era una amiga a la que “los padres no le permitían usar celular”, por lo tanto cada vez que yo le hablaba, escribía “hola, soy Cata; ¿estás?”; si él respondía “sí”, seguíamos y si decía “no”, yo dejaba de mandarle mensajes. Ni bien llegaba a su casa, me escribía (a eso de las 14:00). A la noche también hablábamos mucho, pero sólo los días que Horacio trabajaba hasta tarde. Nos llamábamos por teléfono si Horacio no estaba y su mamá estaba ocupada; pero eso no era siempre. Varios días a la semana no volvíamos a encontrar en el baño y yo volvía a chupar ese culo hermoso y el volvía a chuparme la pija hasta sacarme toda la leche y tragársela. Le encantaba chuparme la pija y lo demostraba. Se tragaba hasta la última gota de leche. Las semanas pasaron y el viernes 27 de noviembre de 2015, que las clases terminaron, fue el último día que nos vimos en los baños. Hicimos lo habitual. Pero cuando salíamos, me dijo “quiero que mañana nos veamos”. Ideamos, en el baño, un plan que el había empezado a pensar para que podamos vernos fuera del colegio. Yo le diría a Horacio que los profesores harían una despedida ese día (lo cual no era mentira) y él le diría a su madre que iba a salir con unas amigas. Al otro día, hicimos lo planeado. Lo encontré en una plaza cerca del colegio, esperándome, a las 12:30. Se subió a mi auto y paseamos. Me dijo que su mamá lo quería en casa para las 21:30 (hora de dormir). Le dije que teníamos tiempo de sobra. Tomamos helado. Hablamos un largo rato. Compré panchos (hot dogs) y varias golosinas más. Mientras paseábamos en el auto, hablábamos, nos reíamos y comíamos golosinas. Para las 15:30, Horacio me mandó un mensaje: “me fui, mi rey; nos vemos a la noche”. Contesté: “que tengas un hermoso día, mi vida”. Le dije a Gerónimo que vayamos a mi casa, que mi novio ya se había ido al trabajo. Estaba muy ansioso; sonreía y eso me hacía sonreír a mí. Al llegar a casa a eso de las 16:40, lo hice entrar. Le pregunté si quería tomar algo, y me dijo que no. Me preguntó si nos podíamos bañar. A lo cual asentí entre sonrisas cómplices. Nos bañamos mientras hablábamos de sexo y mientras yo le enjabonaba la cola y le daba besos. Me confesó que había visto mucho porno últimamente lo cual me hizo reír. Pregunté qué vio; me dijo “vi varias cosas; pero una de ellas me llamó la atención”. Me intrigaba la curiosidad del nene. “Vi a un hombre meando a otro en la boca y me encantaría probarlo”. Me reí. Gerónimo estaba pertuvadoramente informado y para un hombre de mi edad ver a un nene de 12 añitos ser tan curioso, generaba cierto morbo. Comencé a tomar el agua de la bañera y el no dejaba de reírse y tocarme. Pasaron unos minutos y le dije que se arrodille en frente mío. Obedeció. Acomodé la pija y el abrió la boca. Empecé a mear con el miedo de que no le guste. El pis le entraba directo a la boca y Gerónimo se lo tragaba todo. Yo estaba sorprendido. No podía creer lo que estaba viendo. Un nene de 12 añitos se estaba tomando el pis que me salía de la pija. Gerónimo estaba extasiado y poco la cantidad de agua que había bebido, tenía pis para rato. De a ratos cerraba la boca para tragar el pis que le entraba y yo aprovechaba para mearle toda la cara y el cuerpo. Cuando ya no quedó más pis, se paró; le dije “¿te gustó?”, “me encantó” respondió. Nos dimos un beso largo hasta que lo puse en cuatro en la bañera y, arrodillándome, le chupé el culo mientras le colaba un dedo con jabón. El nene gemía de placer y se volvía loco. Por fin escuchaba esos gemidos con los que me había hecho tantas pajas; por fin lo escuchaba tal como era, gimiendo como una putita regalada. Su culo era tan lampiño como el resto de su cuerpo. Chuparle el culo a ese nene era una gloria y me volvía loco. Salimos de bañarnos, lo sequé y él se puso el slip. Nos dirigimos a la pieza donde prendí la tele para que haga un poco de ruido. Seguimos besándonos como enamorados. El me agarraba la pija con la mano. Bajó con cara de inocente y se metió la pija en la boca lengüeteándola como un helado. Cada dos minutos paraba y me preguntaba con una voz de putita infantil “¿así se hace, papi?”. Me volvía loco. Realmente no podía creerlo. Yo le respondía “sí, mi amor, así se hace”. Levanté mis piernas un poco más arriba de sus hombros y le dije “ahora vas a probar el culo del macho” y le hice lamerme el agujero del orto. A través del espejo de la pared, podía ver claramente al nene de 12 añitos ahogándose con el culo peludo del macho de 58. El paseaba su lengua por toda la raya de mi culo y yo no aguantaba más. Le dije que se ponga en cuatro y empecé a chuparle la cola con todas las ganas. Le colé un dedo y gimió. No paré de colárselo mientras seguía pasándole la lengua por todos lados. Agarré el lubricante que había en mi mesa de luz que yo usaba para hacerme pajas y empecé a meterle el dedo más y más al fondo con la ayuda del lubricante. Él gemía y se retorcía y gritaba “no pares, papi, no pares”; lo cual me dio el pie de meterle dos dedos. Gimió más fuerte. Era increíble como se sentía ese culo cerradito. Mis dedos apretaban a la vez que iban aflojando. La secuencia siguió por un largo tiempo que para mí fueron dos minutos; hasta que sin darme cuenta, el nene tenía cuatro de mis dedos en el culo, abriéndolo. En ese momento supe que estaba listo. Saqué mis dedos, lubriqué mi pija y fue arrimando despacio. Sentía como su culito virgen se abría y eso me ponía la pija más dura todavía. En un momento paré de meterla (ya iba por la mitad) y el empezó a ir para atrás, gimiendo bien agudo. Se tragó toda la pija en cuestión de minutos. Nos quedamos así por un momento. Miré hacia abajo y mi sueño se había hecho realidad: mi pija estaba enterrada en el medio de las nalgas enormes de mi alumnito de 12 añitos. Me miró dando vuelta la cabeza firme a los ojos pero lleno de miedo e inocencia y me dijo “cogeme bien fuerte, papi”. Esas palabras resonaron en mis oídos como campañas y sacaron la bestia más depravada que había en mí. Empecé a cogerle la cola primero despacio, y luego incrementando la velocidad. Yo escuchaba como gemía mi putita de 12 añitos y me volvía loco. Quería romperle el culo tan fuerte y tan rápido que aprenda desde chiquito que las putitas como él sólo sirven para satisfacer machos como yo. Una vez que estaba abierto, empecé con toda la fuerza a romperle el orto. “¿Te gusta, putita? ¿te gusta cómo te coge el profe?” (Y él, entre gemidos decía) “Sí… profe… me gusta… mucho” “Más te vale, porque desde ahora sos mi putita” “Sí, papi… soy… tu puta…” Me quemaba lo regalado que podía estar el nene de 12 años con carita de ángel. Gerónimo estaba extasiado. Gemía como una puta golosa, se retorcía, gritaba. De repente vi su cara, estaba lagrimeando. En ese momento me di cuenta de que era un pervertido, porque de mi boca salieron palabras que nunca pensé decir: “no llores, pedazo de puta, si te encanta la pija”. Y lo agarré del pelo y lo tiré mientras me lo cogía. El nene gemía cada vez más alto y me miraba con terror para decirme “más fuerte, papi, soy tu puta, violame”. Y yo, completamente sacado de mí, respondía “eso estoy haciendo, putita; te estoy violando”. Me lo seguí cogiendo un minuto largo hasta que sentía que iba a acabar. Dije “querés la leche, putita”, y él dijo “sí, sí, papi, dame la lechita”. Cuando la sentí en la punta de la pija, le dije “acá tenés la leche de papi, tomá, tomá, tomá…” y le llené el culo de leche. Quedamos un rato así, hasta que lentamente fui sacando la pija de su culo. Cuando logré sacarla toda vi en todo su esplendor el culo enorme de mi alumnito de 12, abierto, rojo y con la leche chorreando. No tardé ni dos segundos en chuparle el culo con la leche que le salía para después besarlo y compartir la leche que le había dejado minutos atrás en la cola. Gerónimo me miró y me preguntó “¿así es como la gente tiene sexo siempre?” y yo le respondí que no, que a veces había otras posiciones, otros lugares estar, otras cosas para hacer. Me miró fijamente y me dijo “me encantó lo que acabamos de hacer”. Lo besé y nos quedamos unos minutos entre dormidos. Me despertó el celular. Miré a Gerónimo y estaba despertando conmigo; miré el relog desesperado, y eran las 18:30, lo cual me tranquilizó. Miré el celular, que no paraba de sonar. Gerónimo me dio un beso y me preguntó “¿quién es?”, “mi novio, dejame atenderlo dos minutos” respondí. Él se rió y yo subí el volumen de la tele. Mientras hablaba con Horacio, sentía algo en la pija; levanté las sábanas y para mi sorpresa, Gerónimo me estaba chupando la pija que otra vez estaba durísima. Me reí en silencio y él se rió conmigo. Mi novio me contaba como iba su día de trabajo y yo sin escucharlo sentía como Gerónimo me chupaba la pija con la destreza que sólo él tiene para hacerlo. Le dije a mi novio que no había buena señal, para excusarme de no estar prestándole la más mínima atención. Dijo que no importaba, que a la noche me lo contaba bien. Me preguntó si estaba buena la fiesta. Dije “es bastante aburrida; me hubiese quedado en casa, quizás la pasaba mejor” mientras el nene se ahogaba en mi pija y yo me aguantaba las ganas. Sin pensarlo dos veces, corté el teléfono mientras mi novio me contaba no sé qué. Le agarré la cabeza a Gerónimo y se la cogí de arriba a abajo. El teléfono sonaba y sonaba y a mí no me importaba. Levanté a Gerónimo de la cama y lo puse contra la pared. Sólo con un poco de saliva, le metí la pija por el culo hasta el fondo y el nene gritó de dolor. Empecé a culeármelo contra la pared. El celular no dejaba de sonar. Gerónimo no dejaba de gemir y yo, de lo caliente que estaba, pensaba atender a mi novio y dejar que escuche los gemidos del nene de 12 añitos que yo me estaba cogiendo. Finalmente le volví a llenar de leche el culo al nene y le dije “quedate así como estás dos minutos”. Sonrió y me obedeció. Me senté en el suelo, justo en frente de la imagen del nene en bolas, con las pierdas abiertas, contra la pares y el culo chorreándole leche y atendí el teléfono. “Hola, mi vida; se corta, perdón; es la señal… Sí, a la noche hablamos…” y mirando fijo al agujero del culo abierto chorreando leche del nene de 12 añitos, le dije “escuchame una cosa, mi amor… te amo”. Mi novio me contestó que él también me amaba y que me extrañaba mientras yo miraba mi leche chorrearle del culo a Gerónimo. Cuando corté el teléfono, le dije a Gerónimo que se acercara, él se acercó y me abrazó. Me dio un beso y le dije que nos fuéramos a bañar otra vez. En la bañera, volví a hacer que me chupe el culo y me lo volví a coger. Cuando acabé (otra vez en su culo) no saqué mi pija de su culo hasta cumplir mi mejor fantasía. Le meé el culo por dentro. Cuando saqué la pija, el nene expulsó una convinación de pis y leche que junté (lo que pude) en mi boca y se la di para tragar. En la cocina también me lo cogí. Luego en el pasillo, en el sótano. No hubo lugar de la casa donde no se hayan oído los gemidos del nene de 12 añitos que me cogí. Cuando volvimos a la pieza a coger por última vez (porque ya se hacía tarde), me lo cogí como siempre soñé. Yo sentado y el arriba mío. Él se agarró del respaldo de la cama y yo empecé a romperle el culo con toda la fuerza. De prontó sentí que su culo apretaba mi pija, escuché un gemido que hasta ese momento no había escuchado en él y vi como, sin siquiera tocarse, lo hice acabar. La cantidad de leche (acumulada) que despidió ese nene fue maravillosa. Lo hice lamer y tomarse su propia leche. Luego nos volvimos a bañar y salimos para su casa. En el camino me dijo que le encantó lo que hicimos y que lo quería volver a repetir. Le prometí que íbamos a volver a vernos. Le di un beso y lo dejé en la esquina de su casa a las 21:20. Unos minutos después, recibí un texto deseándome buenas noches y agradeciéndome por todo. Desde ese día, me lo cojo todos los fines de semana. La pasamos muy bien y hasta ahora, ni mi novio, ni su madre se enteró. Tengo muchas cosas que enseñarle a ese nene.
Lastima que no menciona como tenia la pija Geronimo😖
Mi relato con mi hermano
Hola tengo 24 años
Todo comenzó un día que decidí ir a casa de mis padres que viven en el estado de Morelia junto con mi hermano de 19 años, su nombre es Eduardo y va a la universidad. Eduardo es delgado, moreno, de ojos verdes.
Cuando llegué a casa de mis padres, para mi mala suerte, mi abuela se había enfermado lo que hizo que mi madre decidiera ir al pueblo en que ella vive para acompañarla hasta que mejorara, quedando solo con mi hermano en casa durante esos días (debo mencionar que en ese momento tenía novia).
Mi hermano y yo fuimos a despedir a mis padres, y luego de que se fueron le pedí que me ayudara a guardar mis cosas en la habitación en que dormiría. Así pasaron dos días de convivencia completamente normal hasta que un día de lluvia Eduardo volvió de la universidad empapado. Le dije que se metiera a la ducha para que no se enfermara, no por nada yo estaba a cargo. Lo acompañé al baño y le dije que se quitara la ropa mojada para ponerla a secar. Lo hizo y se metió a la ducha. En ese momento sentí la extraña necesidad de oler sus boxer, y lo hice, momento exacto en que él se asomó y me miró mientras lo hacía. - Qué haces - Me dijo. Me espanté, no dije nada y me quedé esperando que terminara de bañarse. No le importó que me quedara y una vez que terminó salió y se secó frente a mí como si nada.
- Ví que olías mucho mi bóxer ¿Te gusta?
- No. Soy tu hermano mayor, cállate.
- Tú mandas - Me dijo
Me quedé perplejo. Me di vuelta y mirándolo a los ojos le dije: más tarde hablamos. Esa noche cuando fui a bañarme me masturbé como nunca pensando en todo lo que pasó, en el olor de sus bóxer. Me parecía extraño exitarme con eso ya que a mí me gustan las mujeres.
Después de comer le pregunté su quería unas cervezas. Me dijo que sí y aprovechamos de hablar un poco de nuestras vidas. Yo ya me sentía ebrio y noté que él también lo estaba. Fue en ese momento en que me dijo:
- Oye, veamos una peli?
- Ok.
Se levantó y puso una pelíucula. Para mi sorpresa era una porno. Me prendió mucho estar viendo porno con mi hermano. Noté que él también estaba caliente y sus ganas de masturbarse.
- Si quieres puedes hacerlo - Le dije.
La sacó desde su boxer. Brillante. Mojada. Era grande y gruesa, aunque no tanto como la mía. La saqué para que pudiera verla y empecé a corrérmela también. Pasaron unos minutos y me quedó mirando.
- ¿Nunca la has probado?
- ¿Cómo? No!
- ¿Quieres?
Exageré mi borrachera y acepté Comencé a comerla rico, hasta el fondo. Lo oía jadear. Un jadeo muy rico.
- Ahora tú - Le dije.
Lo puse de rodillas. Me lamió los pies dedo por dedo. Lo hacía muy bien y cuando me caliento puedo ponerme muy sucio. Mientras estaba ahí abajo le escupí la cara.
- Ahora vas a saber lo que es bueno, hermanito.
Lo hice lamer hasta llegar a mi entrepierna. Asomé los huevos por el short y le pedí que los escupiera. Lo hizo, hacía todo lo que le pidiera. Me quité el short y le dije: ahora vas a lamer el pito de tu hermano mayor. Comenzó de inmediato, se ahogaba pero no paraba de hacerlo. Cuando levantaba la mirada lo escupía nuevamente en la cara. Azotaba mi verga en su cara. Lo empujé sobre el sofá y comencé a mamársela otra vez. Lo abrí de piernas y le metí mi lengua en su culo mientras con mi mano ordeñaba su pene que estaba cada vez más mojado. Jadeaba y gemía mientras yo le comía ese hoyo caliente. Ya no aguantaba más, me puse de pie.
- Te voy a clavar!
Lo penetré y comenzó a gemir más fuerte. Primero me pedía que parara, pero no le hice caso y de pronto sus gemidos de dolor fueron de placer. Comencé a nalgearlo mientras lo penetraba. Lo di vuelta y lo puse en cuentro patas. A esas alturas él mismo se comía mi verga con su culo. Me dijo que quería correrse y le pedí que lo hiciera en mi cara. Así y lo hizo y cuando fue mi turno lo puse de rodillas sin limpiar mi rostro y le hice lo mismo. Luego de eso empecé a lamer sus mejillas con mi leche caliente, llevándola hasta su boca.
Nos quedamos dormidos y al día siguiente cada uno se levantó sin hablar nada. Los días siguientes fueron muy excitantes. No hablar del tema pero saber lo que habíamos hecho, me dejó caliente el resto de mi estadía en casa de mis padres.
¿Te acuerdas Papá?
Sólo tenía 13 años… ¿Lo recuerdas? Ya había empezado a desarrollarme. Los pelos de mis piernas se hacían más gruesos, negros y rizados; ya empezaba a sudar más de mis axilas, por lo que mi olor ya no era el de un niño, sino el de un hombrecito. También mi voz comenzaba a volverse más grave; y mis huevos y Verga estaban haciéndose más grandes y con vellos negros alrededor. Pero igual yo seguía siendo tu niño consentido… ¿No es así? Un domingo por la tarde, recuerdo que era verano por lo que el calor y sopor eran muy intensos y pesados; nos pusimos a ver la televisión en tu recámara, sólo estábamos los dos como siempre había sido, tú y yo, Padre e Hijo… Nos habíamos recostado uno al lado del otro en tu cama, yo siempre buscando estar junto a ti sin importarme el calor. ¿Recuerdas que sólo estaba usando un corto y apretado bóxer azul marino, muy ceñido a mi delgado y firme cuerpo? Tú como es tu costumbre únicamente te habías dejado un calzoncillo blanco tipo trusa, ya amarillento por los restos de tus fuertes orines y seca esperma. Se te formaba un gran bulto y se escapaban muchos de tus pelos púbicos por los costados. Yo no podía, y aún no puedo, el evitar todo el tiempo desviar mi mirada a tu viril entrepierna. Los dos estábamos muy relajados, así que en el momento que tu pusiste tus brazos detrás de tu nuca, dejando descubiertas tus axilas peludas, yo poco a poco me acerque aún más a ti, de manera que mi cuerpo estaba pegado al tuyo y mi rostro quedó a la altura de tus sobacos sudados… No pude evitarlo, el fuerte olor a Macho que expedían tus axilas velludas me atraía… Que puedo decirte, tus feromonas masculinas tienen un fuerte efecto sobre tu Hijo… Me volteé para quedar de lado y con mi cara justo en los pelos de tu axila, así que sin saber el por qué les di una fuerte olfateada. Tú te diste cuenta casi de inmediato. — ¿Papi huele muy fuerte y feo, no es así Hijo? — ¡No! Bueno…si hueles fuerte a hombre Papi, pero ¡me gusta! Ehm…me siento protegido cuando percibo tu olor a Macho… — ¡¿En serio Hijo?! Fue algo que te sorprendió ¿No? El que fuera tan sincero contigo, pero no te enojaste, creo que te hizo sentir bien. Me dejaste seguir así, acurrucado debajo de tu brazo y sobaco… Algo se había apoderado de mí, porque me acerqué y te pasé mi lengua por tu axila, pude saborear el salado de tu sudor y sentir lo áspero de tus gruesos pelos contra mi lengua. — ¡Hijo! ¡¿Pero qué haces?! — Nada Papá…sólo quería probar a que sabía tu sobaco… — ¡Oh…! ¿Y a qué te supo? — ¡A Macho! Te dije sonriendo aún con inocencia infantil, de esa que te gustaba tanto como cuando me cargas en tus musculosos brazos y me alzabas como tu niño mimado. Entonces tú me devolviste la sonrisa y me abrazaste de manera que me llevaste hasta tu peludo pecho… Yo me quedé ahí recostado en esa suave almohada de vellos… Mis piernas se entrelazaron con la tuya, claro más gruesa, robusta y peluda que las mías. Y juguetonamente te pasé mi mano libre por tu torso velludo y sudado… Lo recuerdo claramente, podía oír tus latidos y oler tu poderosa Testosterona salir de cada uno de tus poros. Y como mi cuerpo subía y bajaba sobre el tuyo a causa de tu fuerte respiración. Tú me dejaste un macizo brazo sobre mi espalda desnuda y sin saber por qué pasaste lentamente tu ruda mano, hasta llegar a donde la prominente curva de mis redondas nalgas se alza, asomándose por fuera de mi corto bóxer. Creo que tú al sentir mi piel suave y mis duras nalgas no te resististe, que incontinentemente empezaste a deslizar tu mano por debajo de mi prenda íntima, dejándote así campo libre para poder manosear mejor mi trasero; incluso recuerdo que en varias ocasiones me pasaste tu dedo índice por la raya de mis nalgas, como explorando más afondo… Yo no moví un músculo, no quería que te detuvieras si entrabas en razón de lo que hacías con el trasero de tu propio hijo… Empezaste a hablarme del encuentro de lucha libre que veíamos, mientras continuabas estrujando mis nalgas, yo tan sólo me estremecía levemente por tu contacto; ya que tu aroma masculino, el intenso calor y la nueva sensación que experimentaba me tenían totalmente sedado… Lentamente fui pasando mi mano por tu pecho, podía sentir como mi piel recogía el sudor de tus abundantes y rizados vellos; tú no decías nada, por lo que continué y me entretuve con los pelos que subían de tu pubis y se arremolinaban en tu ombligo. Creo que los dos nos movíamos por instinto, sin pensarlo, como que era algo natural en ti y en mi el acercarnos de esta manera. No importaba que tú fueras mi Padre y yo tu Hijo. Al contrario, parecía que yo al empezar a hacerme hombre necesitaba estar más cerca de uno verdadero y aprender de él, es decir cerca de ti; por lo que esa tarde nos dejamos llevar… ¿Lo recuerdas, no es así? Tú me seguías platicando sobre el combate, y los rudos y toscos luchadores que se tocaban y forcejeaban; continuando siempre con el masajeo de mis nalgas. Tanto más que ya pasabas tu dedo por mi ano, que apenas y tenía unos pocos pelos alrededor en ese entonces; lo hacías como si fuera de lo más normal, como si se tratara de un papá frotando la cabellera de su hijo. Llegó un momento en que tu dedo índice empezó a empujar mi anito, suavemente como si apretaras un botón… Un botón de placer; ya que sin entenderlo mi Pija se había endurecido y erguido dentro de mi bóxer. Sé que tú la podías sentir contra el costado de tu cuerpo, la dura carne de tu hijo… De pronto sentí como introducías lenta pero firmemente tu grueso dedo en mi virgen ano… Yo cerré los ojos y me mordí los labios, no quería que te detuvieras si me oías quejarme de dolor. Lo dejaste adentro de mí un rato quieto, y luego poco a poco lo movías circularmente y lo sacabas y metías nuevamente. Sentía un intenso calor en mi culo y como éste se regaba por todo mi cuerpo… Continué pasándote mi mano por tu peludo estómago, bajando hasta dejarla sobre el prominente bulto de tu entrepierna. Podía sentir tu Verga en mi mano, aunque fuera por encima del calzoncillo. Y fue hasta ese momento que tú reaccionaste. — ¿Qué haces Hijo? — Nada…Papi… (Mientras seguía masajeándote la Pija por sobre la tela) — ¿Quieres tocarle la Verga a tu Padre, es eso? — Eh…S…s… ¡Sí! — Entonces bájale a Papá el calzoncillo para que la veas y la puedas tocar mejor. En ese instante me sacaste el dedo del ano… Cosa que ahora te confieso que no me gustó, quería seguir sintiéndote dentro de mí Papi. Pero el estar libre de tu enganche me dejó poder sentarme en la cama a tu lado y usar mis dos manos para bajarte la trusa, tú me ayudaste para quitártela toda y quedar completamente desnudo. Tus genitales no mostraban seña de excitación alguna. — ¡Papi tienes muchos pelos! — ¡Ja! ¡Ja! ¡Ja! Así somos los Machos, muy peludos. Ya te saldrán a ti tantos como a mí, Hijo… — No puedo esperar. (Te dije mientras pasaba mi mano por tus tupidos pelos púbicos… Me encantaba sentirlos enredarse entre mis deditos y jalarlos un poco) — Veo que te gustan bastante los pelos de tu Papi. — ¡Sí! (Te sonreí de oreja a oreja) Luego sujeté tus sólidos y peludos huevos que colgaban entre tus piernas velludas, apenas y cabían los dos en una de mis manos. — ¡Tus huevos son muy grandes Papi…y pesados! — Eso es Hijo, porque están llenos de Leche de Macho. — ¿Leche de Macho? ¡¿Tú tienes Leche, Papi?! — ¡Joder! ¡¿Es que no te enseñan nada en esa escuela?! Claro que tengo, los hombres tenemos una “Leche” especial, es sólo de Machos, y la cargamos en los huevos. Es de esa Leche que tú naciste Hijo. Se llama semen o mecos y la sacamos por la Verga. — ¡Oh! Entonces Papi, tú…me cargaste en tus… ¿Y nací de tu Verga? ¡Je! ¡Je! Y en eso te sujete la Pija, al fin directamente en mis manos… Papi déjame decirte que la tienes tan gruesa y carnosa, aún cuando no está erecta… — ¡Tu Verga es mucho más grande que la mía, Papi! — Así es Hijo mío…y eso que tú ya la tienes dura. ¡Ja! ¡Ja! ¡Ja! En ese preciso momento me bajaste de un arrebato mí bóxer, lo que hizo que mi rígida Pija saltara sacudiéndose estrepitosamente… ¿Recuerdas como era en esos años Papá? Lo compacto de mi miembro, mi pequeño saco de huevos y que apenas contaba con una sombra de vellos negros en mi pubis… Me dio mucha pena el estar desnudo junto a ti, pero tú muy tranquilamente me sujetaste por mí Verga, yo me estremecí al instante que sentí el contacto de tu ruda y sudada mano sobre mi tibia piel virginal. — Tienes una linda Pija, Hijo. Y de buen tamaño para tu edad…Papá está muy orgulloso, y no puedo esperar a que crezcas y compitas para alcanzarme. — No creo poder alcanzarte. La mía estando tiesa es del tamaño de la tuya y ni se te ha parado…Papá… ¿Cómo es la tuya cuando está dura? — Sigue tocándomela y verás cómo le crece la Verga a tu Padre… Tú te pusiste cómodo; apagaste el encuentro de lucha libre, te tomaste el último trago de la cerveza que tenías en la mesa de noche y luego volviste a poner tus musculosos brazos detrás de tu nuca, dejándome a mis anchas para poder tocarte… Siempre te agradeceré por eso, por dejar que tu único Hijo explorara y descubriera lo que es ser y estar con un verdadero Macho. Yo empecé a manosearla y examinarla ávidamente. Comencé a moverla de arriba abajo con mi puño, primero despacio y luego más rápido y fuerte; lo que hizo que tu Pija empezara al fin a despertarse de su sopor… Crecía y se engrosaba en mi mano, y luego manos; ya que a medida se te alargaba podía usar ambas. Hasta que al fin se te paró por completo, alcanzando su tremenda plenitud y firmeza… — ¡¡¡Es ENORME Papi!!! — Lo sé Hijo, así será la tuya cuando crezcas. No por nada eres mi vástago. Nunca olvidaré esa primera vez que te la vi erecta… Tu Verga era, ¡y es Papi!, grande y carnosa, con su tronco grueso y venoso, la base repleta de rizados vellos negros, con la cabeza inflada e inyectada en sangre. Entonces te la pelé despacio, hasta que sentí el tirón que me indicó que ya tu prepucio no bajaba más… Y noté algo que llamó mi atención. — ¿Qué es eso, Papi…eso como…"Requesón"? — Exactamente eso es lo que es, Hijo. Es requesón de Macho o cebo. Se forma cuando la Leche del hombre y su sudor se quedan atrapados en la Verga… ¿Quieres probarlo, Hijo? Así que pasé mis dedos para juntar un poco y me los llevé a la altura de la boca con algo de recelo… Papá tú ya sabes como era de niño, siempre renuente a probar comidas nuevas. Al momento que lo tuve cerca de mi nariz, sentí un fuerte golpe de olor, hedor de Macho; todavía más fuerte que el de tus sobacos sudados y el de tu velluda entrepierna. Aquello era toda tu Testosterona concentrada… La lamí tímidamente con la punta de mi lengua y luego terminé chupándome los dedos para comerlo todo… Era más que salado, con un dejo amargo al final… me es tan difícil poder poner en palabras ese manjar. — Así no, Hijo. Lámelo directo de mi Verga. — ¿Pero Papá…eso es…? ¿Está bien que lo haga, Papi? — En primer lugar desde cuando me desobedeces o cuestionas, ¿Eh? Acá el Macho soy ¡Yo! …Además soy tu Padre y tu mi Hijo, claro que está bien. Es algo normal, y te recuerdo que naciste de mi Leche y esta Verga. No tuve porque dudarlo más, y mucho menos después de escucharte hablarme con tu fuerte voz y semblante autoritario… Me agaché y empecé a lamer tu dura Verga. Al principio con timidez, pero al probártela y saborear tu viril carne comencé a perder el control y actuar bajo mis instintos sexuales… Te la lamí toda, desde la base peluda hasta la carnosa punta; te la lamía pelada y luego la volvía a cubrir con tu venoso prepucio, al cual me gustaba jalarlo con mis dientes. Después recuerdo que bajé a tus pelos púbicos e hice lo que inconscientemente siempre había deseado… Los chupe y saboreé con mi boca, hasta que me quede sin saliva… Sabes Papi, en ese preciso instante confirmé que mi mayor fetiche son los vellos de los hombres, los tuyos sobre todos. Proseguí descendiendo hasta enterrar mi cara en tu entrepierna, te chupaba los pelos de tus piernas, sobretodos esos que te crecen cerca de tu velludo trasero. Y después me posé en tus pesados huevos, te los relamía y relamía… Tenían ese sabor salado de tu sudor y liberaban un penetrante aroma masculino que me enloquecía aún más. Por lo que me animé a chupártelos uno por uno, me gustaba tenerlos dentro de mi boca, sentir los pelos en mi paladar y lengua… Tú cerrabas los ojos cuando lo hacía, supongo que te gustaba mucho. ¡Dime si estoy mintiendo Papi! Luego intenté meterme tus dos macizos huevos a la misma vez, pero como los tienes tan grandes, no me cupieron en mi pequeña boca. ¿Recuerdas como me sonreíste al ver como lo intentaba con tanto afán? — ¡Joder Hijo! Veo que esto ya te gustó. Como me comes los pelos y chupas los huevos; pero porque no me mamas la Verga, ¿Eh? …Sabes, a Papá le gustará ver como su buen Hijo le come la Pija, y seguro que te va a gustar como todo hasta ahora. Ya que veo que esto te sale natural Hijo… — Perdona Papá… No sé qué me pasa. No quiero que pienses que soy “Rarito”, yo soy machito como tú, ¡en serio te lo digo Papi! —- Lo sé. Tranquilo, si esto es cosa de puros Machos. ¡Vamos! ¡Mámasela a Papá! …Papi necesita que lo consientas, Hijo… Teniendo tu permiso era obvio que no podía titubear, así que me animé y me metí por primera vez tu Verga a la boca… Sabes, nunca podré olvidar que la primera mamada que hice fue a la Pija de mi propio Padre. Al comenzar sólo te chupaba la jugosa cabezota y poco a poco fui metiéndomela más dentro de la boca, para así poder acostumbrarme a su tamaño y grosor descomunal. En verdad me gustó su fuerte sabor; al principio tenía un dejo salado, como a restos de orines y después de chuparla varias veces su sabor cambió a una especie de dulce delicioso… Lo que me pareció extraño, así que cuando me la saqué y le di un vistazo, vi como del ojete de la punta de tu Verga brotaban hilos tras hilos de un líquido viscoso y trasparente… Tú me explicaste que eso era “Néctar de hombre”, y que sale antes de la Leche, a lo cual yo te respondí que si tu néctar sabía tan rico, seguro que tu Leche de Macho sería lo más delicioso del mundo… ¿Te acuerdas que te lo dije Papi? — Ahora métetela más a la boca Hijo… ¡Toda! Cosa que hice, aunque fue muy difícil te confieso, me daban arcadas; pero nunca dejé de chupártela… Quería que te sintieras orgulloso de tu Hijo… Al tiempo de mamártela una y otra vez, logré metérmela casi toda sin problemas, y tú también me la empujabas más adentro; tanto ejerciendo fuerza con tus rudas manos sobre mi cabeza, como cuando levantabas tu pelvis para que me la clavaras hasta la garganta… Podía sentir tu inflado glande en mi campanita y tu tupido arbusto de pelos púbicos hacerle cosquillas a mi rostro. — ¡Eso es Hijo! ¡Qué bien se la mamas a tu Padre! ¡Uff! Yo no podía contestarte, trataba de no asfixiarme mientras no dejaba nunca te mamártela. Salían lágrimas de mis ojos, y tú resoplabas y gemías… — Eres un buen Hijo… ¡Papá te ama! Se la chupas a Papi mejor que una Puta experta…. ¡Si que rico sentir mi Pija en tu tierna boca, Hijo! ¡Nngh! Me encanta sentir tus suaves labios sobre mi dura Verga… Papi te va a dar su Leche… Al decirme esto me la sacaste de la boca y empezaste a jalártela muy rápido, con tu mano derecha te la sacudías vigorosamente y con la izquierda te apretabas y estirabas los huevos… Yo te frotaba las piernas peludas con mis dos manos y ponía mi cara muy cerca de tu Verga, sacando la lengua para poder lamerte la cabeza, justo por debajo del ojete, mientras tú te la jalabas cada vez con más violencia…. — ¡Abre bien la boca Hijo! ¡¡Uuughh!! Sin saber cómo, me sujetaste rápidamente del cabello y me clavaste la Verga de nuevo bien adentro de mi boca, justo cuando tu semen empezaba a salir… Varios chorros entraron directo en mi garganta, mecos tras mecos te salían y sentí así como tú tibia y espesa Leche de Macho llenaba por completo mi boca. Era tanta Leche que tuve que tragar y tragar para evitar que se derramara, mientras tú gritabas de placer y yo no paraba de beber… ¡Tú Leche Papi, la misma que me dio la vida! Y tuve razón, tu Leche es lo más delicioso del mundo… Te lo dije con una gran sonrisa en mi rostro y mis labios embadurnados con tu semen. — Me gusta que te la hayas tomado toda, Hijo… Los mecos de Papá no se desperdician, con ellos vas a crecer sano, fuerte y bien hombre; ya que la Lechita de tu Papi está fortificada con pura vitamina `M´. — ¿`M´ de Macho, verdad Papi? — ¡Así es Hijo! (Dijiste mientras me alborotabas el cabello de forma juguetona) Entonces yo me recosté sobre tu torso sudado, mi rostro sobre tu pecho velludo el cual comencé a chupar; después seguí y te besé y mordí tiernamente los pezones peludos… Tú aroma era más intenso, lo que me tenía más embriagado; yo ya empezaba a frotar ansiosamente mi cuerpo contra el tuyo, para que sintieras mi Pija tiesa contra tu estomago, para que supieras que había estado excitado y erguido desde el inicio, todo ese tiempo. Así que me sentaste sobre tu torso, yo abriendo bien mis piernas para que mis huevos descansaran sobre el hueco de tus torneados pectorales, y me volviste a sujetar por mi Verga… — Ahora le toca a Papá ver que tanto has crecido Hijo. Ya me he dado cuenta que no sigues siendo el niño de Papi… He visto como ya tienes algo de pelos en tus axilas y tu ingle, y que tu Verga ya no es la de un crío, es la de un hombrecito. Pero debo ver si ya produces Leche de Macho, Hijo; así que creo que te voy a dar tu primera Jalada de Verga y te enseñaré como los hombres nos masturbamos. ¿Cómo sabías que esa era mi primera jalada de Verga, Papá? ¡Anda dímelo! Entonces comenzaste a puñetearme con tu áspera y tosca mano de hombre… Yo me estremecía y gemía tímidamente. Todas esas nuevas sensaciones, más el sofocante calor causaban que la habitación pareciera darme vueltas la cabeza… Y tú seguías con la faena de masturbar la Pija virginal de tu hijo. Con la mano derecha me la pelabas y jalabas, entre fuerte y rápido, y con la izquierda me manoseabas muy duro mis nalgas; tanto que me dejabas la marca de tus dedos. Después sentí como me pasabas los dedos por la raja de mi culo y volvías a meterme un dedo en mi tierno y suave ano… Yo jadeaba y suspiraba, me sentía tan caliente y sofocado; sudé como nunca antes lo había hecho, a decir verdad creo que esa fue la primera vez que sudé como un verdadero hombre… Los chorros de mi tibio sudor resbalaban de mis sobacos y recorrían mi ardiente piel hasta caer sobre ti; recuerdo ver como vapor se alzaba de nuestros cuerpos. Toda la recámara apestaba a Macho sudado. Pronto me corrí sobre ti, apenas lancé cuatro chorros de esperma, pero eso sí, mi Leche salió disparada con tal fuerza que alcanzó tu pecho, cuello y tu barbilla. Vi como los juntaste y te los llevaste a la boca para comértelos… — Mmmmm…parece que ya eres un hombrecito Hijo. Ya tienes Lechita como tu Papi. ¡Estoy orgulloso de lo machito que te estás poniendo Hijo mío! Estaba tan feliz de enorgullecerte, todo aquello fue tan intenso y maravilloso; pero no se terminaba, tu sabes muy bien que no. ¿Recuerdas lo que sigue Papi? Cuando me bajé de tu torso y me volteé para poder ver tu entrepierna, me llevé la sorpresa que tu poderosa Verga estaba de nuevo templada como barra de hierro en las brasas; incluso estaba más hinchada y gruesa que antes. — ¡¡WOW!! ¡¿Papá sigues duro?! — Así es Hijo, tu Padre es muy Macho y pasa con ganas todo el tiempo, es lo malo de ser tan hombre…tu Verga es insaciable y siempre quiere más. Además paso con los huevos repletos de Leche, que si no dejo salir hace que me pesen y me duela mucho… — Entonces déjame que te ayude otra vez Papi. — Si, pero esta vez Papá quiere probar otra cosa… No sé que se habrá apoderado de ti, pero lo agradezco tanto… Me pusiste en cuatro patas sobre la cama y me abriste bien las nalgas para poder descubrir mi suave ano, ligeramente más oscuro que el resto de mi piel y con un nuevo anillo de nuevos pelos alrededor. Te acercaste y empezaste a pasar tu lengua entre mi culo… Sentí una fuerte corriente eléctrica de placer recorrerme. Seguiste saboreando mis nalgas y la raja de mi tierno trasero; hasta que te concentraste en mi sensible ano. Lo lamias suculentamente y luego me metiste tu carnosa lengua hasta el fondo… Yo gemía sin control. ¿Dime Papi, a que te supo mi culo? — ¡Ay Hijo! No sé si deba seguir…creo que esto ya es mucho entre un padre y su hijo…No creo que deba…pero…no sé qué me pasa contigo Hijo, pones a Papá muy caliente y excitado…siento como que si tú hubieras nacido para ser mi hijo y más que eso… ¿Quieres que Papi siga, Hijo? — ¡Si Papi! No te detengas…quiero que sigas, yo también me siento raro…pero me gusta. ¡Me gusta mucho lo que me haces Papi! — ¿Crees que podrás aguantar lo que sigue? — ¡¡SI!! ¡Si puedo aguantar Papá! Soy tu machito, ¿recuerdas? …Y como soy tu hijo, ¡Yo soy tuyo Papi! ¡Yo…y mi cuerpo te pertenecemos! — ¡Así me gusta Hijo! No me decepciones… Entonces tú te arrodillaste sobre la cama detrás de mí y me sujetaste firmemente de mi trasero, abriste bien mis redondas nalgas y buscaste con la enorme cabeza de tu Pija el agujero de mi culo; cuando lo tuviste en la mira, comenzaste a metérmela en seco, apenas con los restos de saliva que habías dejado después de comerte mi ano… Hacías mucha fuerza, ya que mi culo era virgen y cada vez que tú me la empinabas para meterla, por instinto mi ano empujaba para sacarla; por lo que tú presionabas con más fuerza y firmeza… Yo grita sin control… — ¡AAAAHHH ME DUELE PAPI! ¡¡ME DUELE MUCHO!! — ¡Ahora aguantas cabrón! ¡Vas a dejar que tu Papá te coja y te desgarre el culo! Y vaya que lo conseguiste, en ese momento sentí como toda tu poderosa y colosal Verga había desgarrado mi ano y logrado entrar por completo en mi recto… Supe que estaba toda dentro de mis entrañas cuando percibí el roce de tus pelos púbicos en mis nalgas. Tú no lo sabes, pero el experimentar por primera vez esa dolorosa e incómoda sensación de tener un enorme cuerpo extraño dentro de uno, es algo abrumador… Nunca antes había experimentado tan intenso dolor. — ¡ME DUELE, ME PARTES EN DOS PAPÁ! ¡¡AAAAGGHHH!! Yo me había dejado caer en las sábanas, sólo mi trasero seguía levantado sujetado por tus fuertes manos y musculosos brazos. Mordía la almohada para calmar el dolor; mientras tú empezabas con el intenso ‘meter y sacar’, ‘meter y sacar’. Primero me lo hacías despacio pero con firmeza, para abrirme bien y luego seguiste cada vez más rápido y duro… Sentía que tu Verga me llegaba al estómago cuando me la empujabas toda para adentro y era en esos momentos en que tú la movías de lado a lado y en forma circular para ensanchar mi angosto y virginal agujero. — Si que eres estrecho Hijo, pero tu Papi te va a romper bien. Creo que cuando ya sentías mi culo bien roto, me sacabas toda tu sólida Pija y la volvías a meter de una sola estocada, lo que causaba que yo estirara la cabeza y le brotaran venas a mi cuello, mientras sollozaba y gritaba… — ¡AAAAHHH SI PAPI! ¡¡DAME POR EL CULO!! ¡¡RÓMPEMELO TODO!! La verdad es que el dolor no había aminorado, al contrario, pero el placer también aumentaba a medida me cogías más y más… Era un placer increíble e indescriptible. ¿También lo sentiste así Papi? Mi Verga estaba dura como una roca, así que recobré fuerzas y me incorporé en cuatro patas otra vez; lo que te dejaba metérmela todavía más adentro de mí que antes… Era realmente maravilloso sentirte dentro de mí, poseyéndome, y como tus macizos huevos me golpeaban el culo con cada una de tus embestidas. Todo era muy intenso… tu Pija me apretaba la vejiga, así que en una de tus brutales arremetidas empecé a orinarme sobre la cama, como un niño pequeño, aún con mi Verga erecta… Los chorros de mis meados salían sin control mojándolo todo, las sábanas y el colchón. — ¿¡Pero si te estás orinando cabrón!? — ¡OH DIOS! Papi que rico siento…siento que… ¡YA NO AGUANTO! — ¡Aguanta Hijo! …Papi aún no acaba con tu rico culito. Y justo después del último chorro de mí orina, empezaron a salirme más mecos… Me hiciste venirme sin tocarme. ¿Dime que te acuerdas de eso, Papi? — ¿Ves como Papá puede ordeñarte Hijo? ¡Para eso soy su Papá y tú mi Puta! — ¡Si Papi! ¡Yo nací para ser tu hijo y tu PUTA! ¡¡HAZME TUYA!! Me parece que esto hizo que no pudieras resistirte más, y al fin después de una hora de dolor desgarrador, intenso placer y mucho sudor de Macho, te volviste a venir dentro de mí; pero esta vez no en mi boca, sino que en mi culo…Yo sentía como tu Pija disparaba cada uno de tus incontables mecos y como estos entraban directo en mis ardientes entrañas. Cuando me la sacaste embarrada con mi mierda y sangre, así como restos de tus mecos; mi culo pareció estallar… Gran parte de tu caliente Leche de Macho empezó a desbordarse de mi ano, deslizándose por mis huevos y escurriéndose por mis débiles piernas. Tú la juntaste rápidamente con una de tus manos antes de que cayera a las sucias sábanas y luego me la diste para que la comiera de tu mano, como si alimentaras a un cachorrito… Esa esperma que me diste sabía más rica, mezclada con todas esas nuevas secreciones y sabores… Me la comí toda ¿Te acuerdas? — ¡Qué buen hijo eres! Me gusta que no desperdicies la Leche de tu Padre. — Quiero tomarla todos los días para ser tan Macho como tu cuando crezca, Papi. — Y la tendrás todos los días. Ahora deja que Papá vaya al baño, he cogido mucho y tomé muchas cervezas…necesito pegar una buena meada. — Papá espera, ¡No te vayas! …¡Úsame a mí! — ¿Qué? ¡¿Quieres que te orine cabrón?! — S…s… ¡Sí! — Si que eres una Puta sucia. Pues entonces límpiamela primero…con la boca. Tú te levantaste y paraste junto a la cama, yo me senté en la orilla para poder meterme tu sucia Verga otra vez a la boca. Para mi asombro todavía la tenías medio dura, lista para más; así que empecé a chupártela y comértela toda… ¡Nunca me cansaré de mamártela Papi! Cuando se te paró de nuevo dentro de mi boca, dejaste salir tu orina… Amarga y caliente dentro de mi garganta, directo a mi estómago. Tragué y tragué tus interminables meados, orinaste tanto y tan fuerte que no pude beberlos todos y empezaron a salirse de mi boca, bañando todo mi cuerpo… Recuerdo claramente como escurrían amarillos por mi firme pechito, plano abdomen y mi erecta Verga; hasta que al fin sólo caían gotas de la punta de tu erguida y colorada Pija. Mi boca quedó con un fuerte sabor como el ajo… Que puedo decirte, todo lo que sale de tu viril Verga me deleita. Luego me tomaste y lanzaste a la cama, que era un charco pestilente de orina, sudor y semen, y te acostaste a mi lado. Me abrazaste y estrechaste contra tu sucio y velludo cuerpo; haciendo que nuestras paradas Vergas se tocaran y frotaran entre sí. Nos manoseamos y masturbamos juntos hasta corrernos por tercera vez esa tarde, uno sobre el otro… Yo apenas y te salpiqué, pero tú Papi me bañaste todo, en verdad que pareciera que nunca te quedaras sin Leche… A pesar que sólo me coges cuando estás bien bebido y pasado de cervezas, sé que te acuerdas de todo a la mañana siguiente ¿Verdad que te acuerdas Papá?
Quede 😅