“Otro día más” pensó mientras entornaba sus ojos verdosos para escrutaba el horizonte, que se había tornado de un color naranja. Con un suave golpe hizo caer las cenizas acomodadas en el extremo del cigarro y volvió a llevárselo a los labios en un acto rutinario. Dejó escapar el humo sin más, como tantas otras veces había hecho y se percató entonces de que no había nubes en el cielo.














