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anónimxs&codependientes
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El corazón.
Thinking about something
Muerte y vuelta en vida, Fe
3 ago 2014
No podía escribir mas, ni versos, ni melodías hechas palabras. Estaba quieto, quieto como quien ha visto a alguien fallecer, como quien va por la calle sin saludar a los demás, porque realmente no conoce a los demás. Nadie. Ahora era un nadie, nadie de vacíos y momentos largos, de esperanzas cortas y promesas pasadas de fe, tan cargada de inocencia, de estar mejor, de credulidad. Pobre fe, murió tan pronto, tan joven, agarro un impulso tan fuerte que se le hizo un hueco en la sien, se le desparramo la vida por toda la sala, unto las paredes, las cortinas, el mueble del gato, hasta la cocina se vino a pintar de fe. Ojala exista el limbo, para que los perdidos que se encuentren puedan estar menos solos, para dejar los amigos imaginarios y borrar a los ensimismados. Supongo que algún día me llegará el día, ahora estoy sin fe, ahora se llama existencia, pero no existo. No siento. Se me hace humo alegrarme, o estar triste, o pensar en algo más, yo que suelo pensar de mas ahora no pienso. No vivo. Si pudiera ponerle un nombre a esto -se llama "esto"- sería un yo, un juego de palabras, de amontonar centenas de días buenos, malos, fáciles, pensados, lamentados, de juntar personas, muchas de ellas no las conocí pero pasaron frente de mí, me hablaron, me besaron, me tocaron, me hicieron dibujos en la piel, se rieron a las ocho de la noche en un parque, conmigo, de mi. Ninguna de ellas me conoció, les daba miedo. Hablo de mí como si me conociera, como si me amara demasiado, todo termina siempre hablando de mi, pero de quien más podría hablar, soy yo la que esta adentro con este enredo de mente, con este vaivén de corazón. Músculo. En ese pedazo de carne la sangre vuela, se pone turbia, cálida, se sataniza. El amor. Como si fuera un coágulo, una bolita de sangre que se puso densa, que se extravío volviendo a casa y termino jugando quemados en algún lugar de mi pecho, se la llevo el mal, le corto en pedazos pequeños luego los incendió. Resurrección. Como si fuera posible creer en el regurgitar de un día, en la oportunidad, en levantar un caído. Aun sueño, allí me hablan cosas que no comprendo, de otros mundos, de los que dejaron de vivir, me cuentan que debo dejar de soñar, me obligan a tornarme a mí mismo, a sentir como cuando se es niño, donde demasiado no importa, donde menos no aflige, donde existir carece de premura, de prejuicios, de pre concebir la vida, de ser un embrión, gestarse, volver a nacer.
J. Caicedo
Conversaciones sobre la huída y la promesa.
Acto I
La huída
Pensé que con el tiempo me olvidaría de quien era, me esforcé tanto por no volver a los lugares conocidos. Huí, huí tan lejos como pude de mi. Me fui tan de prisa que olvidé recoger algunas partes, las pocas que me agradaban de mi. Siempre tuve miedo de quien era, porque pensé que solo era carencia, y no pude sentir con mis ojos cada uno de mis dibujos, de mis poemas. No tuve tiempo de mirar atrás, no tuve tiempo ni siquiera para pintarme una lápida, es que no quería que la oscuridad me alcanzara.
Recurriendo a los lugares más comunes, un trapito me alcanzaba para cubrir lo que era, una de tantas adicciones bien remuneradas bastó para esconderme de quien era. Acto II
El encuentro Ahora me alcanza a zancadas todo lo conocido, lo habitado. Me rebasa. Vuelca su mirada desde el frente, me espera. Tengo miedo. Me arremete como una ráfaga y no da tregua a una nueva huída, porque correr es devolverme, porque correr es volver a un lugar conocido, el lugar de la carencia.
[respiro, temblorosamente, respiro]
- Me detengo. Antes del encuentro, camino lento. - Me alcanza. Acto III
La promesa Susurra que no hay que tener miedo, que soy el cuerpo que habito más allá de mis miedos, que me he hecho grande, premeditada y heroica, que a ciegas y con torpeza me he protegido, que las noches de desarraigo han culminado, que las mañanas de desconcierto ya no son rutina, que me he llenado de valor para vivir, por una promesa que desconocía.
Me siento ignorante le replico, me siento humilde e inexperta mientras aprendo a dar mis primeros pasos, mientras rescato a un niño interior olvidado. Es que nunca me enseñaron a vivir.
J. Caicedo
En un intento angustioso por reparar mis sentires, me masturbé afanosamente y me atraganté con nicotina. Hay cosas que ni con mil fármacos pueden ser reparadas.
J. Caicedo
Estoy bien *Creció sin contarle nada a nadie*.
— Seguen
Homófonos & Parónimos
Todo es cuetión de tranza, yo tranzo, tu tranzas, ellos tranzan.
Desde temprana edad aprendí que mi cuerpo es un escaparate de deseos ajenos, carne vertida en los andenes de la ciudad cual charcuteria barata, o podría decirse acaso que se asemejan a las flores que fueron arrancadas demasiado pronto... Pero no, de nada sirve cubrir con analogías lo que está colmado de vulgarismos, soy una tranza de carne para todos los pronombres personales.
Los fragmentos de un discurso amoroso se tiñen de falsas narrativas, los imaginarios entran en huelga cansados ya de tanto imaginar, el oído necrosante de tanta cursileria me susurra que ya no lo soporta más. Las voces se aglutinan entre la pared y la cama, se cuelan en medio de insomnios para mostrarme una verdad, si es que acaso existe la verdad.
Lo inhabitable se vuelve un lugar recurrente, se teje una fraudalenta amistad entre la expectativa y la dopada realidad, aún me aferro con hipocresía a las promesas de lo inconmensurable, trago saliva para encontrar las palabras que no quiero nombrar, lo innegable es un vocablo que quiere sustituir a la soledad.
El amor tranza, pero cómo puede tranzar algo que no existe. J. Caicedo
Do we have a franz kafka diary entry for july 1st, i want to know what he thinks!!!
happy too tired July everyone
Entendí porqué me avergonzaban mis poemas, era porque me avergonzaba de mis sentires frágiles y aquejumbrados, pero sólo en la poesía hallé refugio, uno que ningún cuerpo de carne pudo darme.
J. Caicedo
A la mujer que fui, en cada una de sus dolencias, a la mujer que sintió desasogiego, y asiduo en sus gangrenas. A la mujer que soy, que inunda con cotidianidades su enferma naturaleza. A la mujer que seré, que francamente nunca esperé conocerla, le dejo poemas para que recuerde lo que fue, y en sus escritos se halle, siendo honesta.
J. Caicedo
Si los sentidos no son veraces, toda nuestra razón es falsa.
Lucrecio (via villings)