Interferencias
No puedo entender por qué vos estás allá y yo acá, por qué tengo que bancarme no poder verte todos los días para hablar de pelotudeces como lo hacemos por whatsapp. No es justo. ¿Por qué personas que tengo que soportar todos los días tienen el privilegio de soportarme a mí? Y sin embargo yo solo tengo que conformarme con un cuadradito escribiendo estupideces que me hacen reír, y poder escuchar sólo a través de un audio su voz, que ni siquiera es la real producto del pésimo micrófono del celular. Te elegí como amiga, pero la vida se encargó de hacermela un poquito más dificil, quizá porque si hubiésemos estado cerca, nunca habríamos cruzado una palabra. Eso es lo que tal vez me deja tranquila: la vida me dió otra razón más para querer hacer algo, para poder juntar ánimos y hacer algo por mi cuenta. Porque necesito conocer a la persona que considero mi otra mitad, mi cómplice, la persona que cuando me tiene que decir algo me lo dice, y si me tiene que cagar a pedos lo hace.
Porque esa amistad, muchas veces vale el doble de todas las que tenemos a nuestro lado todos los días, y que incluso nos conocen más que nosotros mismos. Y lo más loco de todo esto, es que muchas veces el lazo que nos conectó fue gracias a otro gran amigo en común: nuestro ídolo. Y aunque muchos lo crean absurdo, es a él a quien tengo que agradecer de haberme dado la posibilidad de conocer una persona increíble como lo es mi mejor amiga. Una amistad que nació a raíz de otra amistad especial, y las dos tienen algo en común: la distancia. Eso que nos separa físicamente, pero sentimentalmente nos tiene cerca, una al lado de la otra, en los peores y mejores momentos, siendo muchas veces uno de nuestros pilares para seguir. Y qué mejor que compartir la locura de seguir a una persona con tu mejor amiga, lo hace todo más loco y genial, nadie como ella te va entender. Y por todo eso, para mí, son las personas que más se merecen este título, que muchos tienen pero pocos lo valoran: mi internet best friend.
























