Brief reflexion about time.
A veces hago chistes que nadie entiende, algo gracioso fura de contexto que tal vez a principios de 2021 hubiese sido gracioso, pero hoy nadie se ríe. Digo palabras al revés, quedo desubicada. En vez de decir ¨parᨠdigo ¨arap¨, y aunque a mí me sigue causando gracia no hay una consonancia con un otro, a veces alterno las palabras en una misma oración. Sigo usando el mismo vocabulario, aunque pasen los años, como si me hubiese pausado individualmente, pero todo avanzó en x2. Agustín cree que es gracioso, y me dice que se divierte conmigo, que es como volver a ser más chico. Y seguramente tiene que ver con esto que, aunque hice mucho de mi vida, me hice con otros, y estos otros no se han ido de mí, aunque me han dejado, noto que mes tras mes me sigo haciendo más extraña que antes de todos aquellos que no está más, aún en mí siguen existiendo de igual manera todos aquellos que me hicieron reír, aunque genuinamente al día de hoy no sepa quienes son.
Fui a comprar al chino, en la caja hablaba con Agus y cuando me quise dar cuenta al lado mío estaba parado un viejo amigo. Uno de esos que veo cada dos o tres años, nos quedamos impactados los dos, nos saludamos incómodos y le dije que estaba impresionada con su cambio físico, había bajado mucho de peso y estaba con su novia. Él me dijo que me había reconocido por mi voz, pero no divisó mi rostro, me dijo que cambié tanto que estoy irreconocible. Me asusté, me impactó, no puedo disimular emociones así, Agus se dio cuenta ya, nos despedimos con la mayor extrañeza del mundo y volvimos a nuestras vidas.
Que quede solo de mí mi voz, que cambie todo de forma, que se pierda de manera nebular todo atributo físico, pero, sin embargo, en el fondo, sigo siendo la misma.
Vivir en un pueblo tiene eso de que el mapa se descubre y se redescubre todo el tiempo, con distintas personas, es el mismo terreno sin embargo puede cambiar de manera drástica el recuerdo, la asociación a un lugar. Estaciono con mi auto, que ya no es el mismo de antes, y recuerdo pasar en bici hace muchos años ya, por la misma calle. Siempre ir al mismo café en la esquina de Moreno y San Martín, mi colegio secundario, el cementerio; y me encuentro a mí misma en el reflejo de la ventana del colectivo N15 que va de la estación a la última parada que es en mi casa. Estoy en todas las calles, en todos los bares, en todas las esquinas cruzándome a mí misma, parezco encerrada, sofocada, agobiada por la nostalgia. Cada paso que doy reescribo sobre textos antiguos y no paro de cuestionarme si me encuentro bien, no logro discernir si es que esto es ser un adulto o si tengo un problema serio. Es cruzarme un conocido y no reconocerlo.
No sé cómo percibir el pasado, no procedo sobre él, no lo dejo atrás, lo miro como si estuviese frente mío cometiendo un pecado imperdonable que no puedo prevenir. Ni debajo por las calles donde sigo caminando, ni detrás donde nada queda de mí, ni en ninguna vidriera que reflejó todos mis peinados está la respuesta al por qué de mi nostalgia salvaje que causa tanta angustia el día de hoy.
Que mi voz permanezca en la mente de los que me han amado, que mi recuerdo se asocie a un semáforo, una palabra del revés, un chiste macabro. Que me extrañen con nostalgia por los caminos que hemos andado, un recuerdo, un halago. Que me atisben con añoranza, que me recuerden de igual manera les reclamo.
Debe haber alguien por ahí que, espero, me deba estar pensando.











