Poeta Gonzalo Rojas, Premio Cervantes 2003:”El amor es uno de los prodigios mayores de la naturaleza humana”
Entrevista homenaje al gran vate, al cumplirse cinco años desde su muerte.
“La palabra, un aire nuevo no para respirarlo sino para vivirlo” Escribió alguna vez Este poeta de rescate” como lo definiera Julio Cortázar: “Gonzalo Rojas le devuelve a la poesía tantas cosas que le han quitado”. Lo paradojal de esta historia es que esas mismas letras, estos mismos vocablos que un día le trajeron complicaciones y burlas en su etapa escolar debido a su tartamudez, hoy lo sitúan en la cúspide de la poesía de habla hispana en el ámbito mundial. Siendo considerado como uno de los vates más talentosos de los últimos tiempos, un genuino maestro de la palabra y digno postulante al premio Nobel de literatura, como ha dicho recientemente el crítico y académico español Antonio Fernández F. Precisamente en ese país, el 2 de Diciembre de 1992, en el palacio real de Madrid, es galardonado con el premio Iberoamericano de poesía “Reina Sofía” de España, entregado personalmente por tan alta autoridad. El 13 de Noviembre del mismo año obtiene el premio nacional de literatura. En 1998, lo llama a su hogar el premio Nobel Mexicano don Octavio Paz –a pocos días de su muerte- para avisarle que ha obtenido el premio de poesía y ensayo que lleva su nombre, debiendo viajar a México. Ese mismo año recibe de manos del Presidente Argentino, don Carlos Saúl Menen, el premio “José Hernández” para escritores Iberoamericanos. Estos son algunos de los muchos galardones que ha obtenido en su brillante carrera este mágico profesor de castellano titulado en la Universidad de Chile luego de dos años de Leyes. Hijo de minero (Don Juan Antonio, primo de la Mistral) viene a alegrar este mundo un 20 de diciembre de 1917, en la sureña ciudad de Lebu. A los 4 años de vida muere su progenitor, debiendo su madre (Doña Celia Pizarro), con 8 hijos a cuestas, internar al joven Gonzálo y a sus demás hermanos. Sería en uno de estos internados, precisamente, donde encontraría el verdadero fundamento a su veta poética, ya que producto de ese suplicio de no poder pronunciar los vocablos que comenzaban con los fonemas P, Q, T, porque se asfixiaba, buscaría imperiosamente la palabra correcta para no equivocarse, esforzándose al máximo para ser el mejor de todos y no perder así la beca del internado, teniendo como profesor a un cura alemán llamado Junneman Beckschafer, quien sabia Griego, Latín, Sánscrito, Arameo, y además enseñaba Español, aprendiendo con él a “leer por dentro a los clásicos “ Sus actividades literarias comienzan en la surrealista Mandrágora, llegando su primera obra “La miseria del hombre” recién en 1946, siendo premiada por la sociedad de escritores de Chile. En 1955 funda y organiza las escuelas de temporada en la Universidad de Concepción, dirigiendo 7 escuelas de verano y 4 de invierno, reuniendo a poetas, científicos e intelectuales tanto de Chile como del extranjero. En 1958 obtiene la beca UNESCO para escritores (1960-1962). Ha sido mencionado en diversas antologías poéticas internacionales. Con una capacidad creativa impresionante, sus obras navegan entre lo irónico y tanático, entre lo lúdico, religioso y además erótico, un poeta riente y a la vez oracular, el que gracias a sus jóvenes 90 años de amor y poesía, se ha transformado en uno de los mejores vates nacionales del siglo XX, siendo reconocido como él más barroco de su especie.
Casado, dos hijos, Rodrigo (de su primer matrimonio) y Gonzalo (de su última compañera, Hilda Rojas), hoy se refugia en una casa larga de Chillan, como le dice a su hogar en “80 veces nadie”. Esta casa la construí casi por teléfono desde EE.UU., es una casa muy desigual, pero hermosa. Mire, desde esta ventana se pueden ver los rosales –nos dice orgulloso invitándonos a conocer su interior- una cálida cocina, con unas de las siete salamandras, nos recibe de golpe, observando el gusto por el buen vino. Contigua a ella, una de las 2 bibliotecas (30 mil libros aproximadamente, todos ellos leídos) resaltando sobre ella una pequeña colección de boinas, cuadros, fotos. Seguimos avanzando, sobre su escritorio encontramos botellas azules, escotillas de bronce en las paredes simulando ser un barco, acompañado de su característico Jockey, nos hace recordar por un instante, quizás por su amistad o por su cercanía a su literatura, el gusto estético de nuestro premio Nobel Pablo Neruda. Gentil, sonriente nos invita un café antes de comenzar esta entrevista, todo un regalo a las 09:00 de la mañana. Bajo de estatura, de poco pelo, ojos salientes escondidos tras unos lentes ópticos y con una voz grave lastimada por el asma, dialogamos amenamente, resaltando entre sorbo y sorbo su magnífica fuerza verbal. Hoy se pasea por el mundo entre conferencias, homenajes premiaciones, seminarios o como jurado de algún concurso literario. “Mi tarea es múltiple en distintos frentes culturales y artísticos, estoy yendo y viniendo por el país y fuera de este (Viene llegando de México y ya está partiendo a Perú), a eso obedece que con frecuencia no sea ubicable, sin embargo, hoy día estoy a su disposición, dígame usted en que puedo atenderlo.”
Antes que todo, ¿Por qué decide radicarse en Chillán, tan lejos de la capital de Chile?
“Nunca he tenido capital de nada, de nada. Nací en un pueblo pequeño y, no tengo ningún reparo en vivir en algún paraje; además, no he turisteado mi país, lo conozco de largo a largo; lo he vivido, ya sea trabajando, cuando jovencito, allá en las salitreras de Humberstone; en los semi extremos del sur, por una isla, Puluquí se llama, muy bonito eso, allá abajo, en el seno de Reloncaví, isla grande de Chiloé; pero también he vivido en Valparaíso, muchos años; en Concepción, muchos años; en Santiago de Chile, un poco también y; fuera de Chile, in-fi-ni-to.
Yo no soy chileno, hermano mío, soy i-be-ro-a-me-ri-ca-no; o sea, tal como nací en Chile, pude haber nacido en México, o en Argentina, o en el Perú tan amado; o en las islas distintas, como Cuba. Vivo de lado a lado, para cada lado de nuestro mundo americano; me encanta América, de alto a bajo. Desde muchacho, a los 17, me aburrí mucho en el sur, donde estaba y; claro, había estudiado una parte de los estudios secundarios, apenas, y me monté en una nave y; me fui de Talcahuano a Mollendos, en el Perú y, después, lo que he viajado, que es infinito; entonces, no tengo capital”.
¿Cómo fue su niñez en Lebu?
“Eso es remoto de decir porque está a tal distancia, no es que lo haya olvidado, lo único que uno no olvida es su niñez, ya se sabe, la niñez queda fija, remachada en el historial clínico de la mente y del pensamiento de cada hombre y, singularmente, de los poetas y escritores que justamente nos nutrimos de la infancia, vivimos en dialogo incesante con ella porque justo la infancia es la patria real de la imaginación y de la gracia poética”
Se lo pregunto porque en aquella época nace un misterioso romance con la palabra “Relámpago” de hecho, uno de sus libros lleva ese nombre.
“De niño vivía en un pueblito pequeño llamado Lebu y que tenía 26 mil habitantes que todavía tiene –muy curioso tanto no ha cambiado, nos dice sonriente- y tan fiel ha sido a sí mismo, que ese hermoso lugar, que es un paraje marítimo y fluvial, carbonífero y maderero. Allí en una distancia del golfo de Arauco, vecino a él, parece haberse mantenido como un comala, como un macondo, por hablar de dos símbolos lugareños de dos narradores hispanoamericanos como son Juan Rulfo y Gabriel García Marquez. Bueno, no es que este idealizando las cosas, la verdad es que de niño en ese lugar llovía mucho y siempre tronaba, relampagueaba y caía el agua encima del zinc de mi pobre casa; un día uno de mis hermanos dijo “relámpago, relámpago”, y claro los relámpagos entraban por la ventana, pero no fueron ellos los que me maravillaron, sino que la palabra misma, el tetrasílabo esdrújulo que se llama re-lam-pa-go, porque me di cuenta que la palabra tenía más poder, más sentido y, más realidad que el mismo rayo luminoso que entraba por esa ventana”.
¿A qué jugaba cuando jugaba?
“A todo, como todos los niños. Claro que como yo vivía en el mar, me iba con unos pescadores, no a ayudarles, porque no tenía edad para eso; pero me encantaba montarme en los botes aquellos, en la alta madrugada y, ver como pescaban. También, me gustaba jugar con los cabros- como se dice- con mis compañeros de escuela, en todo”.
“Fue infancia, dura como suelen ser todas las infancias. No es cierto que la infancia sea un paraíso; puede serlo, supongo, en algunos casos, pero en otros no. De todas maneras, es un modo de paraíso, aunque la familia no tenga recursos económicos de importancia; no tenga plata, como se dice”.
O sea. ¿Pasó hambre cuando niño?
“Más adelante, sí. Más adelante, cuando muerto el padre, venimos a parar a Concepción. Hambre se pasó, pero eso tampoco es de desconsuelo de nadie; es la vida en el país de Chile”.
¿Tiene recuerdos de su padre minero?
“Poquito, porque vi muy poco a ese hombre; murió cuando yo tenía cuatro años y medio. De lo que me acuerdo, por ejemplo, es que bajé a la mina del carbón con él. ¡Qué mirar! Nada, nosotros íbamos a pasear; entonces, me gustó; con ese olfato de niño que es tan fino y pronunciado, cuando sentí la varada del carbón, me fascinó eso; que parecía asfixia pero no era asfixia, era transparencia, ahora lo veo así. Una hermosura en esas visitas que hice a la mina, unas dos o tres veces; pero no sólo yo, era costumbre que los hijos de los mineros nos metiéramos a la mina. En mí - hijo querido- no hay nada excepcional, nada; anótese bien con las dos sílabas, na-da. Soy un niño más del paraje chileno y de las clases no pobre del todo, ni mediana del todo”.
¿Qué recuerda de su madre?
“Era una gran mujer, como suelen ser las madres; laboriosas, finas (se emociona, sugiriendo pasar a otro tema”.
¿Fue sufrida su ida al internado?
“¡Sí! Era un chico becario, porque no había plata para pagar; uno más del pobrerío; había el pobrerío y el riquerío, en ese colegio muy elegante. Entonces, había una parte, un poquito de línea de becarios y yo gané esa beca; muy niñito, como a los nueve años y, ahí viví”.
ALONE V/S GABRIELA MISTRAL
¿A qué edad hace sus primeros escritos?
“Ni tan temprano ni tan tarde. Primero soy un lector, largamente un lector, escribí papeles como todos los muchachos de 15 o 16 años, un niño, pero jamás con el ánimo de ser publicado ni de tener ventaja poética sobre nadie”.
¿Por qué “La miseria del hombre” don Gonzalo?
“Es el nombre que le pongo a mi primer libro, que es una visión sombría de la existencia, no me refiero a la miseria económica, lamentablemente, siempre el desvalimiento económico es muy triste y cruel pero no me refería a eso, sino que a lo mísero que es el paso del hombre por el planeta tierra”.
¿Por qué llega tan tarde su primera obra?
“La verdad es que primero escribí un librito, si es que se puede hablar de libro, se llamaba “cuaderno secreto”, tendría unos 18 años, eran papeles que le entregue a unos paisanos míos, a compañeros de la universidad y, también a unas hermanas que aún lo conservan. Después hice muchas cosas, trabaje, viaje de aquí para allá y de allá para acá, y solo en el año 1946 concurso con “La miseria del hombre”. Gané el premio de la sociedad de escritores de Chile que consistía en la edición del libro que nunca se materializo. Al cabo de dos años, tuve que ir personalmente a sacarlo del lugar en que estaba guardado, era un librito muy feo de aspecto el que me parecía con mucho fundamento, porque lo escribí cuando era hombre y ya respondía a un lenguaje. Se publicó en una imprenta de Valparaíso que no era editorial, la imprenta “Roma” que estaba en la calle Uruguay –evoca y luego prosigue- le dije al dueño “hagamos un libro” y me respondió “no, pues aquí no se hacen libros solo papeles para los circos, de esos que reparten por las calles” “Por eso, precisamente, por eso me gustaría hacer un libro con ustedes” les dije, yo mismo movería la piezas, la maquinas, así se publicó “La miseria del hombre” (con unos 500 ejemplares). El señor ALONE, quien era el crítico oficial, el más pintado de Chile, dijo con respecto a mi libro: “AL paso que van las letras nacionales no prometen nada bueno.” Eso me encanto, porque me puso a la intemperie, si esta es la fama, que bueno, pensé. No me preocupó porque yo tenía plena confianza que había hecho el libro con esmero, con cuidado. Los dioses existen ya que a los días después la Mistrala me manda una carta de Veracruz, México, diciendo todo lo contrario, hablando maravillas del libro, esos son los vaivenes del juego este de escribir”.
¿Cuándo comienza su acercamiento a Gabriela Mistral?
“Yo era un niño, no más; leía a la Mistral, pero no con mucha devoción. En la escuela nos enseñaban a leer esos poemas medios sentimentosos, aburridos para mí; desde los “piececitos de niño” y todo eso. Pero después, ya mayor, cuando leí sus prosas, me fascinaron. Qué dominio expresivo; qué contención expresiva; qué gracia y qué humor, en el sentido grande del humor. Toda una figura literaria, grande ella, una persona literaria alta”.
¿Recuerda cuando se topa por primera vez, con la persona?
“Una sola vez la vi, de lejos. Claro que yo sabía de ella y que algo tenía que ver con la parentela, por parte del abuelo mío paterno y la madre de ella. Es que en ese Valle de Elqui (Cuarta región de Chile), todos son parientes, no es ninguna novedad; así es que no voy a presumir de ser pariente de la señora. Claro, había relación entre esas figuras, doña Petronila Alcayaga Rojas, la madre de Gabriela, pero son datos chicos, tontos; no podemos pensar, ni medianamente, que eso tenga importancia”.
“ROBERTO MATTA ES MAS POETA QUE TODOS NOSOTROS”
¿Cómo nace la surrealista mandrágora?
“Ingrese a ese grupo en el año 39, ya lo habían fundado Braulio Arenas, Teófilo Cid y Enrique Gómez Correa, ellos se acercaron a este Vicente Huidobro, quien era muy letrado, y construyeron esa idea de la filial del surrealismo. En Chile se cree que la Mandrágora fue la primera invención del surrealismo, nada que ver, en el año 1928, el escritos Aldo Pellegrini que también era médico, puso en la ciudad de Buenos Aires en marcha el movimiento surrealista; Cesar Moro y Emilio Adolfo Westphalen, quien esta viejísimo, y lo voy a ver ahora en Perú, pusieron en marcha el surrealismo en el año 1930; en Chile en el año 1938 y 1939. Estaba en el aire la idea del gran movimiento surrealista, que a su vez era nieto, para mí, del gran romanticismo alemán del siglo XVIII”.
¿Por qué decide retirarse?
“Me aparte tempranamente porque encontré que era literatoso, no confundamos el Sena con el Mapocho, no vamos a mapochisar el movimiento surrealista. Ese grupito quiso hacer algo comparable a lo que habían hecho los franceses antes, confundieron el estado de cosas de esos años (38-39) con el lazo que los surrealistas, después de la primera guerra mundial, pusieron en marcha, se mezclaron las aguas, se enredó, y sobre todo, no hubo una figura de genio verdaderamente poético en cuanto al lenguaje. El único surrealista que ha tenido Chile es Roberto Matta y, aunque él no haya escrito ningún verso, es más poeta que cualquiera de nosotros porque tiene la capacidad de contagiar al otro, de despertar, de intranquilizar a sus semejantes, es un tábano mayor que no deja dormir a nadie.”
¿Cuál es el género literario que más le atrae?
“Por supuesto me ejercito en lo poético, en la palabra poética especialmente, y también en la narración cuando es muy preciosa”.
¿Sus obras están influenciadas por autores clásicos?
“He leído a los clásicos desde muchacho y los sigo leyendo todos los días, porque entiendo que la cabeza del hombre tiene que estar abierta para atrás y para adelante. La gente habla de lo nuevo ¿Qué será lo nuevo? Sucede que hace como dos mil años, un poeta como Catulius que muere a los 30 años, un gran poeta erótico, ese poeta esta tan vivo como el señor Neruda o como cualquier poeta del semi día o del día. En eso tengo un respeto profundo por Borges, él era un animal poético literario que tenía ese registro del “adelante”, palabra que ya se había hecho y la palabra de los que están haciéndola”
“HAY QUE VIVIR POETICAMENTE”
¿A qué se refiere cuando dice que la palabra no es solo para respirarlo sino para vivirlo?
“El sentido de esas líneas que escribí hace 50 años atrás es este: No se trata de escribir solo libros poéticos, líneas poéticas, sino que vivir poéticamente; en primer término hacerlo en plenitud, sin miedo al miedo, pase lo que pase, venga lo que viniere y murmure quien murmurare, en un ejercicio de libertad total, tal como viven los niños, eso para mí es vivir poéticamente”.
¿Siente que por culpa de la tecnología se esté perdiendo el romanticismo de la literatura al tener que bajar un libro desde Internet?
“Esa es una infinita tontería. La tecnología viene desde el cierre del siglo 19 y avanza por todo el siglo 20 y sigue. Nos situamos en ella, en esa órbita de mudanzas, de modificaciones, y eso es natural que ocurra. No tiene nada que ver con la pérdida o la retirada de la palabra creadora, la palabra perdura necesariamente mientras haya hombres, porque el hombre vive colgado del lenguaje; Hablar y pensar coexisten porque es necesario, de manera que no se puede transar con la vida peregrina de que con el advenimiento de unas pequeñas técnicas que siempre serán mínimas, por muy prodigiosas que parezcan, se va a cancelar nada menos que el uso y el ejercicio del pensamiento guion palabra. Logos significa en griego lo mismo, palabra que pensamiento, pensamiento que palabra, tendríamos que cancelar por entero el pensamiento que se vierte por la palabra, no por las maquinitas irrisorias más o menos divertidas, computáricas o no computáricas, eso no tiene más que un sentido de auxilio, de instrumentalidad, esas máquinas son instrumentos, pero no son la palabra. ¡Dios me libre!”
¿Qué opina de la pobreza de nuestro lenguaje cotidiano?
“Usted me señala las limitaciones expresivas que hoy en día parecen podar la gracia del lenguaje, es cierto que la gente usa pocas palabras y lo hace en aras de la vertiginosidad del éxito, de la claridad; inútil, absolutamente inútil”.
“SENTÍ UN VERDADERO DESGARRÓN AFECTIVO CUANDO ME LLAMA OCTAVIO PAZ”
El crítico y académico Español Antonio Fernández quien rindiera hace unas semanas un homenaje a su poesía, dijo textualmente en una entrevista al diario “El Mercurio”: “Desde luego que postularía a ROJAS al premio Nobel” ¿Le gustaría Don Gonzalo?
“¡No!, Lo dijo al pasar, respondiendo alguna pregunta de un periodista en forma divertida yo no tengo nada que ver con eso, ni mucho menos con algo tan estridente que por otra parte no significa nada. He estado en Suecia, en las inmediaciones de la academia, allí, navegando, he mirado desde el bote la academia y me ha parecido un edificio más, ahí es donde se extienden los diferentes premios Nobeles, no solo los literarios”.
¿Cuál es su impresión acerca de los premios entonces?
“Si hay un adversario nuestro de todo este proyecto civilizador es los últimos plazos, la prisa ¿para qué? De la prisa nace la imantación del éxito, de la pequeña gloria, de la llamada fama, todo inútil. El único premio que puede tener un escritor es que le lean sus libros, que compartan el planteamiento que uno puso en unas páginas, lo demás es fanfarronería. A mí me tocaron por viejo, por nuevo o por lo que sea, no sé cuántos premios; No los busque, ni el llamado premio “Reina Sofía” en España, ni el premio “José Hernández en Buenos Aires, ni el premio Octavio Paz en México, ni el mismísimo nacional. Al revés, sé que el nacional se me dio solo porque se había adelantado el “Reina Sofía”, si no hubiera habido ese reconocimiento, jamás lo hubiera logrado. La cosa es mucho más clara. Un tipo tiene un don, Dios le regalo ese don, y uno debe ser fiel a ese don, capacidad para decir al mundo con la palabra, hasta ahí llego yo.”
Pero algo especial debe haber sentido cuando lo llama personalmente Octavio Paz para informarle que ha sido galardonado con el premio que lleva en nombre de este Nobel Mexicano.
“Una cosa me estimulo, cuando me dice: “mire, allá afuera están dando un premio que lleva el nombre mío, ese premio es para la poesía y el ensayo, no se olvide”, como sub rayándome que a él le importa la poesía del pensamiento, no la poesía baratija. Me conmovió que llamara sabiendo que estaba enfermo de cáncer, con esa voz ronca porque se moriría en 10 días más (Octavio Paz, fallece el 19 de abril de 1998), en eso estoy de acuerdo con usted. Sentí un verdadero desgarrón afectivo porque fue un gran escritor y lo sigue siendo.”
“No lo sé. Si lo hubiera sabido no hubiera escrito un texto de hace tantos años que se llama ¿Qué se ama cuando se ama? Nada se puede definir pregúntele a cualesquiera de los físicos chilenos, que los hay de muy buena altura, ¿Qué es la materia?, ¿Qué es la luz?, ¿Qué es la energía? No se sabe. Estamos en un gran juego de aprendizaje y aproximación, y el poeta por naturaleza, diría yo, no tiende a la exactitud conceptual, para nada; trabaja desde la ambigüedad, algo así como la adivinación. El amor en si es un gran absurdo porque es un juego donde los dos quieren ser uno, y al menor descuido se desamarran; no creo que el amor responda a un dialecto, en eso soy distinto a Octavio Paz, yo hablo de la peripecia del perdedor porque todos apostamos pero perdemos. El amor es uno de los prodigios mayores de la naturaleza humana. A mí se me da muy claramente esa peripecia del perdedor, amor, encantamiento con desollamiento, se ama y ya no se ama, te odio y te amo, ese juego funciona, usted dirá; pero es una crueldad, pero funciona, esa suerte de desamparo; uno está como amparado y desamparado a la vez. Hasta el orgasmo que pareciera ser con el placer fisiológico un instante de eternidad, es una nada, es decir, aun en ese portento, la perdida funciona, no creo en el orden clínico-medico-tramposo-químico-fisiológico, pero sí sé lo que es el encantamiento, el padecimiento perdedor”.
“EL TRABAJO DEL POETA SE HACE DEL OCIO CREADOR”
¿Qué debe suceder en nuestra sociedad actual para que explote un nuevo boom literario latinoamericano como el de los 60 de Cortázar, G.G. Márquez, Vargas Llosa, etc.?
“Usted me pregunta por el boom y el boom para mí fue majaderamente un negocio. Hay dos palabras bien parecidas OTIUM y NEC OTIUM –nos dice en latín y luego aclara- de la palabra OTIUM sale la palabra OCIO y de la palabra NEC OTIUM sale la palabra NEGOCIO, OCIO v/s NEGOCIO. El trabajo del poeta se hace del ocio creador, el verdadero poeta es un gran ocioso en el sentido bello del término, que está maravillado, fascinado por el mundo, quiere ser parte del mundo, quiere entrar más y más en ese ser vivo, entonces negocio y ocio se oponen. Los editores hacen negocio con los libros y está bien, porque es un modo de que el libro circule, porque si yo escribo un libro y no tengo como hacerlo circular no circula esto. No estoy objetando al editor, solo señalo que el boom literario de los 60, es hijo del éxito editorial más que de la creación. Le cuento más claro. Año 1955, se me ocurre juntar escritores nacionales como también a hombres de pensamiento científico y filosófico, todo por orden (primera escuela de verano), de modo consecutivo tal que opere realmente este juego portentoso que es él dialogo, gracias al apoyo de la U. De Concepción. Luego, en 1958 conseguí que la casa de estudios a la que yo pertenecía auspiciara la reunión de escritores chilenos (primer encuentro nacional de escritores). Finalmente consigo que vengan los escritores de la promoción del 38 a la cual yo pertenecía. Veámonos la suerte entre gitanos y veamos cómo nos ha ido a todos los que soñamos ser escritores, dije. Hice un Chirimoyo (cheque sin fondos) porque sabía que la Universidad me iba a apoyar. Me los traje en avión. Hubo discusiones durante toda la semana, maravillosa; de las 08:00 AM a 10:00 de la noche, la gente se apretujaba para ver a los escritores, como en el box o en el fútbol (Primer encuentro de escritores americanos). Resulto toda tan bien, que luego lo volvimos a hacer en Chillan. Después atraje a los grandes escritores de América latina. Como no creía ni en el teléfono ni en los cables, me fui difícilmente, poniendo el cuero a todas las desdichas humanas y con muy poca plata, por cada uno de los rincones de esta despedazada Latinoamérica. Subí a la Paz; pase por el Perú; después por el Ecuador, de allí a Colombia; México, Brasil Argentina, Uruguay y les fui diciendo a los mejores escritores de cada país: “No los vengo a invitar, me los vengo a llevar, se les da mil dólares a cada uno por su intervención, más el pasaje de ida y vuelta para ustedes y sus mujeres, y si tienen amoríos de otras especies, que vengan todas las amantes de cualquier clase”. Total, los traje, no había boom pero lo que hice, anterior al boom, fue mejor porque hubo dialogo. Carlitos Fuentes, amigo mío y gran escritor Mexicano suele decir que el gran boom nació en Concepción de Chile; No es cierto, coincidió no más, eso es lo que los alemanes llaman “El espíritu del tiempo, estaba en el aire la idea”.
¿Está la literatura nacional en buen pie?
“Que pregunta tan difícil. Supongo que sí lo está porque la gente sigue escribiendo y hay muchachos con mucho talento; me gustan los muchachos de 25 hacia arriba, hacia abajo, en ellos veo gran impulso en las cuerdas de la literatura, tanto en la vertiente narrativa (como la novela y el cuento), como en la poesía, un poco en el ensayo, y menos en el teatro, no sé qué están haciendo los autores en el teatro”.
¿Qué hay de cierto que duerme en la cama de un mandarín chino?
“Siendo consejero cultural de China, decidimos con mi mujer (Hilda Ortiz) comprarnos esa cama, ya que no nos gustó el modelo que había por allí, eran distintas. Fuimos entonces donde un anticuario chino, imagínese un anticuario en Beijing. Donde tienen 5 mil años de vida viva, y la compramos, no me costó mucho dinero. Me gustó tanto que en ella dormimos siempre, en Alemania, en el báltico, en la Venezuela, y en todos los lugares que vivimos, ahí está ahora, en el dormitorio que esta al fondo –nos señala, llevándonos luego a conocer esa cama con espejos y escrituras orientales”.
¿También vivió bastante en E.E.U.U.?
“Yendo y viniendo porque fui profesor en Colombia University, que es la universidad clásica de New York; en Chicago; en Texas; en Pitsburg, en la universidad de Brigham Young, Utah”.
¿Cómo escribe cuando escribe?
“No tengo ceremonia ni liturgia, no me disfrazo de blanco ni de rojo. A veces escribo saliendo de la ducha, mojado con el agua que cae en el no pelo, escribo al amanecer porque ahí estoy más despierto, soy del crepúsculo matinal. Escribo a mano y después lo paso al computador. Es buena la mano porque así el seso viene recorriendo arterialmente, muscularmente por el brazo, antebrazo, los huesos de la mano, así, uno hace como si pintara sus pensamientos; sin esa serenidad loca de esa maquinita tramposa, sigilosa que está ahí (apunta al computador sobre el escritorio) y después bota los papeles como si estuviera pagando cuentas; no pues, aquí no hay ninguna cuenta que pagar, hay que ir diciendo como se juega, balbuceantemente, a mí me funciona, a otros quizás no”.
¿Se equivoca muchas veces?
“Uno siempre se equivoca. San Juan de la cruz, siglo XVI, el más grande poeta del idioma decía: “Volé tan alto, tan alto, que le di a la caza alcance” yo digo: “No volé tan alto y no le di a la caza alcance) no alcance no más. Tengo una conciencia crítica del lenguaje y una conciencia crítica del pensamiento, eso sí que es muy de Gonzalo Rojas. Tal vez por eso ese niño mágico que era Octavio Paz, premio Nobel mexicano, me dijo por el teléfono: "No se olvide que este premio no es para la poesía o el ensayo, es para el pensamiento”.
El poeta por ser romántico suele rodearse de mujeres “encantadas” por sus escritos ¿cómo ha sido su caso don Gonzálo?
“Los poetas, como todos los seres humanos, tenemos el sentido del amor, sabemos lo que es el encantamiento y el desollamiento de la experiencia amorosa, pero no somos los únicos. Todos los seres humanos tienen esa disposición entre sensorial y sexual, por cierto, y espiritual a la vez, todo junto en una sola trama. No sé si todos los poetas son románticos, funciona en ellos, claro, una hipersensibilidad y una imaginación bien crecida, por eso a lo mejor abultan la belleza del encantamiento amoroso. A mí personalmente me gustaron pavorosamente las feas –nos dice sonriente- más que la proporción armónica de la lozanía. De repente, una muchacha que se ve muy preciosa, de luz propia; que encanto de mujer, ¡qué maravilla, no es para tanto! Uno es romántico pero hasta ahí nomás. Como decía Neruda con su gracia “Soy poeta pero no tanto”.
¿Cómo conoce a Neftalí Reyes Basoalto?
“Primero lo leí, desde niño. Después le vi en el año 1937 siendo cónsul en España vino a dar una vuelta a una feria donde vendían libros en la Alameda participando en un movimiento, la alianza cultural para la defensa del libro. Ahí lo vi, muchachón todavía, con todo su pelo, erguido, semi delgado, nunca tan gordo como llego a serlo. Era un tipo cordial, con el canto del hombre de bien, de aspecto discutible en su pensamiento estético. Lo conocí bastante, dormí varias veces en su casa de isla negra cuando no estaba maquillada para lo museológico como hoy, sino que era una casa con unas piedras y ahí se podía dormir; él durmió también muchas veces en mi casa de Concepción, ahora, la Matilde vivía por ahí, a la vuelta de su actual morada con su familia” –nos dice refiriéndose a la última acompañante de nuestro premio Nobel de literatura-.
“Ese término lo usé en un discurso en Alemania el año 1988, en la universidad libre de Berlín, cuando me preguntan ¿De dónde viene Ud.? Entonces dije que uno no sabe del todo de donde viene, lo dije perplejamente y muy sanamente, y además dije que venia del asombro, del hechizo, de estar en este mundo, de seguir hablando, y seguir pensando. “Nadie me desengaña, el mundo me ha hechizado” –Nos dice recitando palabras de Quevedo- A los niños les pasa por igual, se asombran, ese es la gracia, el encanto de la criatura, el que junto con balbucear cuando empieza a trabajar con el idioma, tiene un destello de asombro, vive asombrado. Entonces cuando digo que estoy por la reniñez, quiero decir que estoy por la vivacidad mental que el niño tiene y que también la tiene el poeta, y también la tiene el filósofo, porque no soy yo quien está hablando del asombro, Platón señaló que del asombro nace el pensamiento filosófico”.
¿Cómo van sus visiones del mundo? Pregunto refiriéndome a sus memorias, y nos dice:
“Eso lo escribo cuando tengo ánimo, ahí lo anoto en mi cuaderno, pensamientos, puntos de vistas, miradas, etc. A veces rompo lo que escribo, ni sé lo que va a ser de eso, no lo quiero publicar por ahora”
“No sé, soy no más, un aprendiz en múltiples sentidos. Alguien a quien le fue dada la vida por su madre, por su padre, por sus antepasados, y que persiste en respirar”.
¿Cómo le gustaría que lo recordaran?
“Tal como fui, un hombre que apostó a ser y nacer, y por ahí a la libertad, y al encantamiento de la vida. No soy un pesimista, no entra en mi la congoja, ni la muerte… que puede estar próxima”.
Al finalizar. ¿Qué le diría a su pueblo don Gonzalo?
“A mis amigos queridos, a mis paisanos del país chileno, que les voy a decir; lo que les estoy diciendo siempre; lo mismo de lo mismo; es decir, vivan, arriésguense; asuman la vida sin ningún desconsuelo, aunque sufran, o tengan que soportar dificultades. Vivan como he vivido yo, poéticamente ¿Qué quiere decir eso? Con imaginación y con coraje, al mismo tiempo; esa es la clave de todo…
Don Gonzalo Rojas Pizarro fallece a las 06:15 hrs. Del 25 de abril de 2011. El Gobierno de Chile le homenajea con dos días de duelo nacional.