dejó que lo tirara todo lo que quisiera, dio algunos pasos hacia atrás, más por obediencia que un real deseo de huir. necesitaba saber si debía protegerla de algo o si estaban fuera de peligro, ¿se podían declarar de esa forma a estas alturas? lo dudaba. movió su brazo ligeramente hacia atrás, para acomodarla mejor a su espalda, no quería que la criatura la viera. no quería que le pasara nada malo. el grito lo hizo saltar en su lugar y se volteó para verla. ‘ ¿lara? ’ la llamó por su nombre, incluso aunque hubiera un poco de duda bajo el timbre de su voz. ¿estás bien? pero era una pregunta estúpida, no lo estaba, sólo tenía que verla.
no se atrevió a decir mucho más, sólo estiró sus brazos hacia ella y la rodeó. apoyó su mentón sobre su cabeza, y sin darse cuenta, entre sus labios empezó a aparecer una melodía que creía que su madre había inventado años atrás. solía tararearla cada vez que él estaba sumergido en una pesadilla y despertaba a gritos por la noche, lo abrazaba hasta que se calmaba. lo cuidaba aunque fuera difícil despertarse a la mañana siguiente. y él la cuidaría a ella, aunque fuera difícil hacerlo. ‘ está bien, lara, llora todo lo que tengas que llorar ’ pronunció en un murmuro que no estaba seguro si entendería o le tomaría atención por sobre el llanto que creaba su propio camino por sus mejillas.
no hay casa, quiso decir. en su lugar, deshizo el agarre lentamente y encorvó un poco su espalda, las palmas de sus manos encontraron un espacio en su rostro y con su pulgar limpio el recorrido acuoso. ‘ no te pasará nada ’ le aseguró, tan convencido que parecía que veía el futuro de alguna forma, y no lo hacía, sentía su corazón latiendo a toda velocidad, casi llegando a su garganta, aún prisionero de la adrenalina de hace un par de segundos atrás. ‘ no dejaré que te pase nada — llegaremos a greenville, haremos contacto con un pueblo cercano y saldremos de aquí, ¿vale? ’ acercó sus labios hasta su frente y dejó allí un corto beso. ‘ no te va a pasar nada, lara, te lo prometo ’
ella no sabía, pero las promesas a arien le dolían hasta el alma. la última que hizo de verdad, de todo corazón, años atrás la rompió sin siquiera tener intenciones de hacerlo. ya no lo haría, ni con ella ni con nadie.
‘ vamos, volvamos al sendero, tenemos que salir de aquí ’ abrió la palma de su mano frente a ella, estaba tan enfocado en su bienestar que hasta su hombro izquierdo había dejado de doler, aunque seguro volvería luego la horrible punzada. ‘ tengo que llevarte a nueva york y mostrarte mi cafetería favorita, no podemos rendirnos ahora ’ le sonrió, quizás si ambos tenían una meta, todo sería mucho más fácil.
más soportable.