Mike Driver
styofa doing anything
One Nice Bug Per Day
he wasn't even looking at me and he found me
let's talk about Bridgerton tea, my ask is open
Monterey Bay Aquarium

shark vs the universe
almost home

ellievsbear

izzy's playlists!
TVSTRANGERTHINGS
Sweet Seals For You, Always

❣ Chile in a Photography ❣
Game of Thrones Daily
PUT YOUR BEARD IN MY MOUTH
No title available
will byers stan first human second
Cosmic Funnies

祝日 / Permanent Vacation

Andulka
seen from T1

seen from Puerto Rico
seen from Germany
seen from United Arab Emirates
seen from United States
seen from United States

seen from Malaysia

seen from Malaysia
seen from New Zealand
seen from Puerto Rico

seen from United States

seen from Germany
seen from United States

seen from United States

seen from United States
seen from United States

seen from Malaysia
seen from United States
seen from United States

seen from Singapore
@vascocruz
quinn
Sí había algo que a Quinn no le avergonzaba en absoluto era comer frente a otra persona, y eso era justo lo que estaba haciendo cuando el francés comenzó a hablar. Una hamburguesa doble con agregado de huevo frito y tocino era lo que había ordenado, obviamente acompañado de un plato de papas fritas bañadas en ketchup y un vaso grande de coca cola. Asintió levemente su cabeza al escuchar la opinión ajena mientras mordía su hamburguesa, hasta que escuchó lo último provocando que la americana clavara su vista en el rostro masculino. “¿Es un chiste?” inquirió sorprendida, su boca llena provocando que apenas se entendiera lo que había dicho. Tragó el alimento rápidamente, ladeando suavemente su cabeza. “Bueno, podríamos venir más seguido.” propuso sonriendo. “¿Sabes qué? Esta noche la haremos a mi estilo, ¿Qué dices? Vamos, ambos sabemos que te divertías cuando yo te invitaba a salir.”
“¿Te sorprende?” cuestionó divertido, ya acostumbrado a que la americana hablase con la boca repleta de comida, por lo que logró entender sus palabras a la perfección, “Sabes que no es mi estilo. Pero bueno, supongo que uno termina acostumbrándose a lo cotidiano. Yo te hacía venir a este lugar que sé que no te gustaba del todo, mínimamente teníamos que comer donde a ti sí te gustaba, ¿no crees?” explicó el mayor, para finalmente saborear otro bocado del cavatelli de la casa que había ordenado. Un menú muy diferente al de su acompañante, mas así eran ellos: agua y aceite, sin embargo de alguna forma u otra lograban entenderse de vez en cuando. “Podríamos, sí.” accedió encantado, riendo por lo bajo al oír la siguiente propuesta, “¿Y cómo se supone que es al style d’ Cobain?” preguntó añadiendo un fuerte acento francés, ciertamente intrigado por cuál sería el plan de la cantante. “Mientras que no signifique terminar en la comisaría, supongo que acepto.” respondió segundos después, recordando como una de sus salidas al “estilo Cobain” había concluido con ambos en la estación de policías por un altercado en un bar. Aunque esa vez, la mayor culpa se le atribuía al futbolista.
“Tengo que admitirlo.” habló el francés, “Nunca fui fanatico de este lugar. Es más, las únicas veces que vine fue porque sabía que a ti te gustaba.” confesó, con su mirada viajando de un lugar a otro de aquel restaurante, el cual con facilidad podía notar que no era para nada su estilo. “¿Pero sabes qué? Últimamente he empezado a sentirle cierto cariño, hasta lo he extrañado. Supongo que fue por ti también.”@cobain-mquinn
Luego de recibir aquel anhelado regalo, sus sentimientos se encontraban a flor de piel, principalmente por el protagonista de aquel obsequio, más bien, uno totalmente inesperado. Un par de horas después, un mensaje que parecía urgente llegó a su teléfono, pidiendo un encuentro entre ambos, marido y mujer. Quiso convencerse durante el camino de que no trataba de nada más que un capricho del masculino por querer hacerse el héroe después de haberla complacido, pero sin analizar mucho la situación, se dirigió a la limusina estacionada fuera de la mansión, donde luego de ingresar gracias a que el chofer le abría la puerta, terminó por encontrarse con un rostro bañado en agonía, intriga y sentimientos que era incapaz de descifrar hasta no saber lo que sucedía. “Dijiste que necesitabas hablar conmigo. Estoy aquí, ¿Qué quieres?” Inquirió con severidad, pero un poco más calmada de lo normal, pues le era imposible expresar todo su desprecio cuando el corazón aún le daba vueltas por esa fotografía que, en definitiva, le había movido mucho más que un regalo acertado, pero jamás lo aceptaría en voz alta. La expresión del mayor, la mirada vacía, todo le indicaba una sola cosa, algo que durante varios años temía descubrir. Cerró sus ojos por un instante, deseando lo mejor, pero esperando lo peor. “¿De qué se trata todo esto, Cruz? Ya habla, por favor.”
{ @vascocruz }
Desde el momento que abordó aquel avión que lo llevaría a pasar las fiestas junto a la madre de sus hijos, una sola cuestión carcomía su cabeza. Ese niño, su madre –quien irónicamente era legalmente su esposa– y del parecido del cual no se había percatado hasta que fue muy tarde. Tampoco podía hacer reclamos así, de la manera en la que se encontró con ella y por otra parte también tenía la necesidad de hablar con la americana, con quien ahora compartía una familia. Aunque no era sólo eso lo que lo frenaba de hacer algo. El pequeño ya tenía una familia, un padre, y fuese cual fuese la verdad, el francés solo sería un intruso. Sin embargo, sentía que tenía por lo menos el derecho de saberlo. Por lo que rápidamente contactó a sus abogados para que estos encontrasen una forma de conseguir esos estudios sin que la heredera pudiese evitarlo. Y una vez que lo consiguió, supo que era hora de enfrentarla. ¿El regalo? Más que nada, dejando de lado el hecho de que quisiera recordarle aquel momento aparte de cumplirle un capricho, era para tener cierta seguridad de que llevaba la delantera y ella aceptaría su invitación. Una vez que subió al vehículo, notó como ella se dio cuenta de la tensión que reinaba en su rostro y supo que no había vuelta atrás. Mientras la inglesa hablaba, el chófer inició su corto recorrido, el cual su jefe le había solicitado para evitar cualquier tipo de molestias externas cuando tuviesen que hablar. Buscar las palabras correctas le parecía una estupidez ahora, nada más que ser directo le serviría, por lo que tomó el sobre que había guardado a su lado y lo depositó sobre su regazo, mirándola apenas de reojo. “Quiero que leas lo que dice ahí, Brooklyn, y que me digas la verdad. Luego puedes hacer lo que quieras con ese documento, no quiero que me lo muestres, quiero que seas honesta conmigo. Porque me lo merezco.” pidió con su característica seriedad, la cual le ayudaba en ese momento a ser firme como debía. “Yo no lo he hecho aún.” mintió, porque así como dicen: la curiosidad mató al gato, pero la satisfacción lo revivió. Ahora si su mirada estaba clavada en ella, esperando que le dijese la verdad que –en realidad– él ya sabía, mas no había oído aún en voz alta. La verdad que lo cambiaría todo y ambos lo sabían.
brooklyn
Trató de mantener la compostura al principio, consciente de la presencia del menor y lo poco que estaba dispuesta a crear un escándalo como el que normalmente protagonizaba junto aquel hombre frente a su hijo. Así mismo fue como le envió a la pequeña criatura en busca de Douglas, confiando en que su pareja se haría cargo mientras la fémina tuviese ciertos problemas que arreglar, y con problemas, claramente se refería a Cruz. La pregunta le atropelló como un tren viajando a toda velocidad por las vías, permitiéndose a sí misma el ¿beneficio? de la duda. Justo ahí, con la mirada fija en los orbes ajenos, lo único que podía pensar era en el innegable parecido que existía entre su esposo y la criatura. Por un momento sintió que verlo a él, era ver al mismo niño a quien se había encargado de criar durante los últimos cuatro años, preguntándose más de una vez si su teoría acerca de la paternidad de su primogénito era la verdadera, pero siendo a la vez demasiado cobarde para poder comprobarlo por sí misma. “Eso no es tu problema.” Sentenció de golpe, pero entonces realizó que de esa forma solo estaba dando a conocer la inseguridad que existía en ella en relación al tema, por lo que apenas un par de segundos, contestó a la cuestión planteada. Suspiró. “Douglas, Douglas Brady, jugador profesional de fútbol americano, número uno en su equipo y probablemente el mejor deportista que alguna vez haya conocido.” Y sí, sabía lo bajo que estaba cayendo al resaltar aquella característica como necesaria, a sabiendas de que, por casualidades de la vida, ambos hombres en su vida compartían la misma ocupación. “Vine por él. Mi novio quería unas vacaciones con su familia, así que aquí estamos. Su hijo, y el amor de su vida.” Contestó presuntuosa, tratando de mantener la mayor calma posible, queriendo siempre estar no un paso al frente, pero sí un nivel arriba de aquel que resultaba ser su mayor contrincante en la vida. Sin embargo, un último comentario bastó para que todo se sacudiera dentro de ella, causando indignación y mucho más tensión en el ambiente. Una risa bañada en ironía brotó de sus labios. “¿Estás hablando de madurez, Olarticoechea? porque eres el menos indicado para tratar el tema. No soy la misma de antes e incluso si lo fuera, nunca me conociste de verdad.” Aclaró con veracidad, porque lo único a lo que se habían dedicado en aquel entonces era a discutir y tener sexo, pero nunca a tratarse como el matrimonio que estaban destinados a ser y hasta la fecha no había funcionado. Las últimas palabras pudieron darle un fuerte golpe en el corazón, porque aunque la lógica de la vida calificara aquello como un punto a favor del masculino, ella no lo admitiría tan fácil. “Oh, mon chéri, deberías saber que he tenido muchas victorias en mi vida.” Inició, acercándose lo suficiente hasta quedar a tan solo centímetros del rostro ajeno, penetrándolo con esa mirada de odio y desprecio que cubría todo lo que en realidad sentía por él. “Y hasta la fecha, mi único tropiezo, ha sido casarme contigo.” Concluyó con firmeza, sin mover un solo hueso de su posición actual por varios segundos, sintiendo como la sangre le hervía, pero por encima de ello, la piel le quemaba al tan solo sentir la respiración ajena tan cerca. “Pero gracias a Dios pude recuperarme a tiempo.” Agregó rápidamente, girando por enfrente de su rostro, con toda la intención de abandonar la habitación y no tener que soportar esas ganas e impulsividad que ya comenzaban a dominarla más de lo que le gustaría admitir en su primer reencuentro.
La duda lo carcomía por dentro, algo en su interior le insistía que tenía que oír esa respuesta y cada segundo que sus oscuras orbes se mantuvieron pendiente de las propias, le pareció una eternidad. ¿Que no era si problema? A su parecer sí lo era, ya que a pesar de todo seguían siendo marido y mujer. Sin embargo, las palabras que siguieron tampoco fueron capaces de satisfacerlo, había algo que no le cerraba y que tenía la necesidad de descubrirlo. Una amarga risa escapó de sus labios sin querer, “Mejor deportista que alguna vez haya conocido.” sintió la obligación de remarcar, creyendo totalmente innecesario el comentario de la castaña, como si buscase de esa forma apocar al francés. Pero no lo lograría tan fácil con él. Dejando su tácita agresión atrás, meneó un poco su cabeza para volver a enfocarse en lo que sí consideraba importante. “Salió parecido a ti, entonces.” agregó luego, ciertamente sorprendido por el parecido entre el menor y la inglesa, sin siquiera ser consciente de que el niño era su viva imagen. Ella seguía insistiendo con tratar de herir el orgullo del hombre, y aunque éste jurase que no estaba funcionando, los celos empezaban a aparecer en él con la lentitud de la primer llovizna previa al huracán. “Ahora, lo que no comprendo es por qué tienes esa necesidad de querer recordarme a cada momento lo espectacular que siguió tu vida después de mí.” remarcó aquélla palabra, analizando con detenimiento a la fémina frente a sus ojos. Quien, quisieran ellos o no, seguía atado a él. Solo legalmente, hasta donde ambos se animaban a admitir. “Si tan feliz estuvieses, tan segura de lo bien que te va, no estarías tan insistente al respecto.” opinó, con una burlona sonrisa adornando sus labios, de las que siempre brotaban cuando ese par chocaba, “No fuiste la única que rehízo su vida.” le recordó. Notó como su comentario le había molestado, mas no iba a retractarse como lo haría con cualquier otra persona. Era consciente de que no debía dar el brazo a torcer una vez iniciada la batalla, no le iba a dar una victoria. “¿Qué soy el menos indicado?” inquirió, acompañando con una mordaz risa, “Soy el único que le puso un poco de madurez, e incluso de cordialidad, a nuestro intento de relación. Y en ese caso lamento no haber conocido a la verdadera Brooklyn, quizás hubiese sido más llevadero el tiempo que padecimos juntos.” y aunque no duró más que un suspiro, cada día se convertía en zona de guerra desde que abrían sus ojos en la mañana hasta que buscaban la tregua en la habitación por la noche. Esa se había vuelto su rutina y sabían que no podían pretender un futuro con esa forma de vida. La cercanía desestabilizó la respiración del deportista sin que éste lo pudiera notar, había pasado tanto tiempo desde la última vez que la tuvo a tan poca distancia y eso le hacía darse cuenta de que nada había cambiado: detrás de todo ese desprecio que él juraba tener, se escondían unas incontenibles ganas de volver a hacerla suya, las mismas de hacían ya cuatro años atrás. Finalmente Brooklyn había logrado lo que tanto quería, sacudir las ínfulas de su marido hasta lograr que éste finalmente reaccionase. No iba a permitir que lo dejase allí con la sangre revuelta, creyéndose vencedora de ese encuentro. Su mano aprisionó el brazo de la heredera, con la delicadeza que ya caracterizaba al hombre, devolviéndola una vez más frente a él, e incluso más cerca. “En lo que a mí respecta, todavía no pudiste levantarte de ese tropiezo. Yo estoy aquí y, me ames o me odies, sigo siendo tu marido. Y no hay nada que puedas hacer al respecto.”
…i tried to fight it, i tried to run away from it but i can’t and i don’t want to anymore. (insp)
❝come stop your crying, it will be alright. just take my hand, hold it tight. i will protect you from all around you, i will be here. don't you cry. for one so small you seem so strong, my arms will hold you, keep you safe and warm. this bond between us can't be broken, i will be here, don't you cry ❞
@vascocruz
@vascocruz
Goalss
I’m Henry Bass.
brooklyn
Su cuerpo dio una vuelta de ciento ochenta grados en busca del propietario de aquella voz, hasta el instante en el que frente a sus ojos se proyectó la imagen del hombre que por cuatro años temía, pero a la vez ansiaba encontrar. Sintió cómo el piso se movió en conjunto a su caja torácica, siendo su corazón el que se estancó de golpe, bloqueando así mismo su respiración y la capacidad de procesar con facilidad lo que estaba sucediendo. Tragó fuerte, manteniendo la compostura aunque en ese mismo instante todo le parecía imposible. “Las reglas aplican para todos, Cruz. No hay ningún tipo de excepción, mucho menos si se trata de ti.” Sentenció con firmeza, sintiendo como el mundo e le ponía de cabeza ante la simple mención de aquel nombre que había sido incapaz de decir en voz alta durante los últimos años, aunque eso no implicaba que lo hubiese dejado de saborear al siempre estar presente en sus labios, pero más que nada y con desdicha, en su corazón. Le dio la espalda inmediatamente, incapaz de mantener el contacto visual cuando aún trataba de realizar su presencia en ese lugar. Se colocó de cuclillas al nivel del más pequeño. “Henry, mi amor. ¿Por qué no vas a buscar a tu papá y le pides que te lleve a comprar un helado?” Pidió a su hijo, quien felizmente aceptó y corrió en busca de Douglas. No era solo eso, porque además de haberse quedado a solas con quien desafortunadamente compartía un matrimonio en secreto, sabía que las palabra dirigidas al menor habían sido lo suficientemente claras, sintiendo cómo desde ya la culpa la asesinaba por seguir aquel juego a pesar de que sus sospechas con respecto a la paternidad del niño continuaban en juego. Tomó una bocanada de aire, tratando de retener esa capa de agua cristaliza que cubría sus ojos. Nuevamente, se giró hacia él. “Felicidades, lo adivinaste. Puedes pasar a recoger tu premio en un tanque a noventa metros de profundidad del Océano Índico. Oh, y no te molestes en volver.” Contestó con hostilidad, esa misma con la que incansablemente ocultaría cómo en verdad se sentía. “Pero la que debe hacer las preguntas aquí soy yo. ¿Qué demonios estás haciendo aquí? No se supone que nuestros caminos debían volverse a unir hoy, ni mañana, ni nunca, Cruz.”
Frunció el ceño un tanto molesto por la primera reacción de la inglesa, pero no le reprocharía nada frente a un inocente niño que no tenía nada que ver con su mala relación a pesar de que irónicamente fuesen marido y mujer. Consideraba que ya había pasado mucho tiempo como para que ambos siguiesen con esa postura defensiva todo el tiempo, pero la realidad es que parecía que aquélla constante pelea jamás llegaría a su fin. Las circunstancias en las que se unieron no fueron las mejores, y en verdad el francés solo lo había hecho para complacer un gran deseo de su madre antes de que ésta falleciera, pero le había salido el tiro por la culata. No sabía si eran sus notorias diferencias o sus increíbles similitudes la que provocaban que chocasen constantemente, siendo su único lugar de tregua bajo las sábanas, pero incluso él sabía que una relación así no llegaría muy lejos, menos si ambos ponían trabas constantemente, y así fue que terminaron por separar sus caminos no mucho tiempo después. “¿Quién es el padre?” indagó con seriedad, sentía que aquéllo era de su incumbencia por alguna razón. Habían pasado solo cuatro años desde que habían contraído matrimonio y aquél niño aparentaba tener esa edad, sin embargo por alguna razón la posibilidad de que el pequeño fuese suyo aún no había cruzado la mente de Cruz. Siendo el parecido entre él y el niño bastante visibles también, era ilógico que alguien tan inteligente como el futbolista no lograse sacar aquélla conclusión, mas la situación lo tenía cegado. Enarcó ambas cejas con sorpresa ante su interrogante. “¿Discúlpame? Eso debería preguntarte yo a ti.” contestó rápidamente, “He estado en la ciudad por meses ya. La que apareció de sorpresa eres tú y si alguno de los dos merece una explicación aquí, ese soy yo.” agregó de brazos cruzados, “Sinceramente al verte aquí, con el niño, pensé que habías logrado madurar un poco desde la última vez que tuve la dicha de verte. Pero veo que no, sigues siendo la misma caprichosa que jura ser la que siempre lleva la delantera en todo cuando, aquí entre nos, sabemos que tienes más caídas que tropiezos.”
There has to be something to keep you honest and make things interesting.
@vascocruz
brooklyn
“¡Henry!” Exclamó la castaña al encontrar finalmente a su hijo, rodeado por un desorden total de juguetes que ella misma había desempacado y ordenado esa mañana. “¿Me puedes explicar quién te dio permiso de escaparte de mi vista y armar todo este desastre?” Cuestionó, a lo que el niño, con un leve encogimiento de hombros y desinterés, contesto: “Soy Henry Swarovski.” La fémina rodó la mirada, dispuesta a regañar al menor cuando una voz a sus espaldas la interrumpió. “¿Disculpa? ¿Qué pasó con la regla de no hablar hasta que te hablen?” Preguntó, girando sobre sus tacones para finalmente encarar a la otra persona.
Su primera parada al volver fue para poder ver a sus pequeños hijos, ya que estar lejos de ellos una semana se volvía una eternidad para el francés. Cuando vio por primera vez a esos bebés, supo finalmente lo que era la verdadera felicidad y el amor incondicional, aunque aquéllo le hizo pensar en qué sería de su vida si todo ésto lo hubiese vivido antes. Claro, el recuerdo de aquélla inglesa con la que pudo haber formado una familia años atrás de no ser por la cabeza dura de ambos y la necesidad de ir en contra de lo que les pedían, principal razón por la que él jamás pudo ser consciente de los sentimientos que en realidad supo tener. Todos esos pensamientos rondaban en su cabeza cuando el choque de un pequeño cuerpo contra el propio lo sacó de su trance. “Lo siento pequeño.” se disculpó, poniéndose a la altura del niño al hablarle, y quedando petrificado al reconocer aquéllas facciones. Era idéntico a ella, no había duda alguna, y eso significaba que esa mujer se encontraba más cerca de lo que él esperaba. Bastó con que contestase de aquélla forma, con la soberbia propia de un Swarovski, para que Cruz cayese en cuenta de que lo que estaba viviendo no era parte de su imaginación. Entró como un remolino a la habitación, enfocándose en nadie más que en el pequeño que se le había escapado, hasta que sus palabras provocaron que el futbolista riese. Definitivamente le había traído cientos de recuerdos del pasado. “¿Y cuántas veces te dije que esa regla no se aplica conmigo, Brooklyn?” inquirió al notar que no se había percatado de que era él, ya que más de una vez le había expresado su disconformidad con la cantidad de reglas que imponía ella y había resuelto simplemente por ignorarlas. Sin embargo, antes de volver a hablar, su mandíbula se tensó. “Es tu hijo.” sintió la necesidad de mencionar, observando a Henry con detenimiento ya que había algo en esa situación que no terminaba de cerrarle y trataba de descubrir qué era.
♔ chuck and blair week 2016:
∟ day 4 ≡ growth/evolution.
I’m sorry for losing my temper the night you told me Louis proposed to you. I’m sorry for not waiting longer at the Empire State Building. I’m sorry for treating you like property. I’m sorry I didn’t tell you I loved you when I knew I did. Most of all I’m sorry I gave up on us, when you never did.
@vascocruz