De la cerve a la zeta
Quien piense que eso de la barriga cervecera es cosa de hombres, puede venir a mi casa cuando quiera. Como soy tan generosa de nevera como de lorza, lo invito a una cervezota y así charlamos de cualquier cosa que ayude a cerrar el círculo paradójico. Habéis leído bien: lo invito a una CERVEZOTA. Porque, yo no sé en otras, pero en mi casa los vasos pequeños se usan para el café o para los chupitos de apiretal dalsy: aquí el formato mínimo de birra que toleramos es el cuerno estilo valquiria. Y últimamente pienso que esto es algo subconsciente y en realidad la cerveza no me gusta en vaso grande porque disfrute cebándome sino porque… bueno, basta ya de rodeos, voy a decirlo: ODIO LA PALABRA CERVECITA. No puedo soportarla a ella ni a sus pronunciantes, esa extraña especie de diminutivistas de verano que abofetearía con un diccionario de sufijos hasta la muerte.
Pero sólo hay una palabra que haga sangrar mis canales de percepción más que «cervecita». Y ésa es… CERVEZITA (!!!).
—Bueno, es un error común en niños de 6 años, además sólo afecta a la escritur-
—NO. A las personas que escriben «cervezita» las ves venir. Las oyes.
—Pero en castellano la pronunciación de la ce y la zet-
—EN SERIO, NO LO DICEN IGUAL.
¿Por qué ocurre esto? ¿Por qué hay personas con estudios superiores y sin embargo incapaces de recordar una de las reglas con menos excepciones de la (a veces) inmemorizable gramática del castellano?
Las palabras, al derivar en otras, pueden variar sus grafías.
Delante de «a», «o» y «u» se escribe zeta. Delante de «i» y «e», ce.
Memorizadlo. Que lo memoricéis.
Muy bien, ya podéis venir a cobraros esa cervezota.











