Amé por encima de todas las cosas, que es,
de la única forma en que se puede amar.
en un cálido regazo del amor,
comiendo de su misma mano,
aprendiendo el fuego hasta verlo arder,
y ascendí en su alegría de peldaño en peldaño.
Yo tampoco creía en la magia hasta que la vi.
Irradiándola, desprendiéndola,
y cargándose con un gesto cualquier rutina impuesta,
criando una primavera en cada estación.
Solo querría decirles eso.
Decirles: yo tuve un reino y lo llamé hogar.
Y fue tan inmenso como el más pequeño de los detalles.
Así debía de ser mi cuento.
Sin embargo, escribo desde el dolor aquel
en que solíamos gritar que todo acaba mal
porque si no, no acabaría.
que todo se llenó de distancia
todo se ensució de grietas y pudriéndose
un olvido por encima de nosotros
Estas son mis ruinas y esta es mi voz.
Un paseo con vistas a los escombros.
Si veis al amor por ahí, solo decidle que lo siento.
Que el frío se ha hecho ciudad
y yo, solo, he aprendido a quemarme.
Que la poesía pague los destrozos
y su recuerdo sea mi única migaja de calor.
Esta es la historia de un derrumbamiento.
El infierno hecho paisaje.
Mi baile nupcial sobre el lodo.