1era Regla de Convivencia: "Ducharos"
Los primeros días se han pasado treméndamente rápido, basta decir, que siento aún el burbujeo del despegue del avión.
Llegar aquí ha valido del todo la pena y realmente no se cae en consideración de qué tan real es "esto", hasta que se está de este lado. Sin duda, lo más complicado fue la despedida en el aeropuerto, esa, la del último momento, en donde ya sólo respiras profundo para evitar llorar, cosa que de poco funciona pues parece que funcionara para lo contrario y se desborda todo y a pesar de que ya "lo has dicho todo antes", no dudas en reclamarles a tus papas y a Ernesto un último beso y abrazo. Finalmente, no quedó más que correr para no perder el avión y claro después de 4 días de campamento en el aeropuerto, es a lo que menos te puedes exponer.
Ver la cara de Ale al llegar a Barajas fue un vaso de agua fresca, después de 11 horas de vuelo y las piernas entumidas, trasladarnos a la casa fue cosa sencilla, he de decir que sentí nada (pesado) el trayecto, agradezco enormemente poder decir esto, ya que ellas (Marisol y Alejandra) han sido todas una "heroinas" en buscar y encontrar este departamento, el cual, en palabras de Mariana el barrio está muy "pijo". Y sí, después de 1 semana de sol a sol buscando departamento, 4 días de campamento en el aeropuerto y una operación de apendicitis, por fin estamos las cuatro en Madrid.
La escuela, ha sido lo más esperado, la bienvenida y las primeras clases me han emocionado bastante, seguramente pongo la misma cara en todas, con los ojos enormes. Me ha dicho el director del máster:
-"eres la cara de la clase"
- sí, que digo algo y no evitas abrir "más" los ojos
Supongo que puede ser verdad, no debatiré en eso, tampoco acerca de su primera regla de convivencia: "Ducharos".
Y sí, las cosas han empezado bien, bastante bien diría yo.