El dĂa de mi cumpleaños nĂșmero 37, algo cambiĂł dentro de mĂ.
SĂ© que no los aparento. Obvio. Esa es la deuda histĂłrica de la vida con los gays: despuĂ©s de sobrevivir bullying en el colegio, nos premia envejeciendo bastante mejor que muchos de los heteros que se reĂan de nosotros. Pero mĂĄs allĂĄ de eso, este cumpleaños se sintiĂł distinto.
Antes simplemente dejaba que el tiempo avanzara mientras intentaba surfear esta ola llamada vida. Hoy me siento diferente. MĂĄs grande, sĂ, pero tambiĂ©n mĂĄs consciente. He aprendido a elegir mis batallas y a entender que no toda discusiĂłn merece energĂa. AprendĂ a guardar silencio cuando vale mĂĄs la paz que tener la razĂłn. Y tambiĂ©n aprendĂ algo todavĂa mĂĄs difĂcil: a sostener mis lĂmites sin culpa.
Con los años me volvĂ mĂĄs leal a mĂ mismo. DejĂ© de traicionarme para encajar, dejĂ© de negociar cosas que para mĂ ya no son negociables. Tengo cĂłdigos, convicciones, lĂneas que no cruzarĂa jamĂĄs. Y aunque eso inevitablemente volviĂł mi vida un poco mĂĄs solitaria, tambiĂ©n hizo que las personas que permanecen tengan mĂĄs valor, mĂĄs verdad, mĂĄs calidad humana.
Pero en mis 37 apareciĂł una sensaciĂłn nueva.
Por primera vez sentĂ que el tiempo dejĂł de ir a mi favor. Como si la vida, de pronto, hubiera empezado una cuenta regresiva. Y sĂ, sĂ© que nadie tiene la vida comprada. Lo sĂ© perfectamente. Pero aun entendiendo todo lo que he avanzado, todo lo que he construido emocionalmente y la persona en la que me convertĂ, hay experiencias y dolores que jamĂĄs imaginĂ© tener que atravesar a esta altura de mi vida.
Supongo que crecer también es eso.
Entender que madurar no siempre se siente como plenitud. A veces se parece mås a filtrar. A quedarse con menos ruido, menos personas, menos versiones falsas de uno mismo⊠Y aunque hay cosas que hoy pesan distinto, también hay algo que por fin se siente en paz:
ya no me abandono para que otros se queden.












