No mereces estas palabras, pero aquí están.
Existen mil y un versiones de esta historia.
M no me busco, a pesar de que sabia de mi vaga existencia, mi apariencia y mi ser, fue una completa desconocida para mí. Excelente jugada tuya esa de mantenerla oculta a mí.
Sin embargo yo, me declaro culpable aquí, encanto. Construi el destino y lo que llamas "casualidad" a mi antojo.
¿No recuerdas? Me hiciste leer aquellos escritos que me destrozaban el alma, aquellos escritos que reflejaban mi ser en el pasado, la yo que rogaba por tu amor, que entregaba sudor y lágrimas, y que solo recibía migajas de cariño, desprecio, desamor y agonía.
¿No recuerdas? Nos mataste de una puñalada en la espalda con la misma daga. Y me vi tan reflejada.
No pude salvarme, pero sabia que podía salvar a alguien más, alguien al que no era ajena de los sentimientos que la acorralaban y la estaban haciendo perderse.
No encontraba casualidad ni destino para encontrarla. Estaba perdida, sin mapa, sin rumbo, pero buscándola.
Hasta que tu, en esos pequeños instantes donde no notas que hablas más de lo debido, que muestras mas de lo que deberías, me hiciste encontrarla.
Y aunque mis intenciones eran claras, todo se salió de control, no estábamos preparadas para esto, pero sucedió.
Así, sin más, como una bala perdida, como una buena sorpresa, como esa lluvia que no esperas o la brisa que llega sin avisar a mover las hojas de los árboles, ese momento donde el universo choque con el sol y toda la existencia desaparezca.
Una colisión de sentimientos, de vida.
Esta historia, nuestra historia, es tan magica, vale tanto que no quiero contarla, no quiero que la sepas.
tienes razón, jamás fue casualidad, nada fue casualidad.
Esta historia que pareció iniciada en tu nombre, en realidad no lo tiene. Tiene el nuestro, el de M y mío.
Esto jamás fue por ti, y dejó de tener tu nombre en el primer contacto, en la primera sonrisa, en la primera caricia, en el primer beso.
Bailamos y bailamos sobre tus ruinas, reímos, cantamos y amamos ajenas a tus restos.
Aprendimos lecciones, nos emborrachamos y festejamos en nombre de este nuevo amor.
No te preocupes, yo soy su amanecer. Yo vine para salvarla y solo para eso.
No tienes ni puta idea del amor que acabas de crear.
Gracias por dejarnos en ruinas, gracias porque sin eso jamás la habría conocido.
Siempre me prometiste un amor eterno, una felicidad inmensa. Siempre me prometiste que recompensarias tanto dolor, tantas lágrimas, tanta obscuridad.