—I still need you my dear child.
No es como si pudiera hablar de su melancolía por los días de antaño, de esas experiencias y sentimientos con cualquiera. Pese a sus nuevas amistades, seguía siendo una persona reservada y prefería no poner el peso de sus conflictos internos en otros si podía evitarlo.
Nadie le iba a tomar en serio de cualquier manera; tener tanta afección por alguien que simplemente "conoció en un museo" cuando no era mas que una niña. Ni hablar de quienes pensarían que es una relación extraña, aunque eso le daba igual.
Pero por algún motivo, estando ahí con Guertena, ya fuese efecto de la galería o por sentir despues de tanto tiempo la confianza de alguien cercano, su corazón estaba expuesto.
Sus miedos, su egoísmo infantil, sus deseos. Le llevaron a asumir pensamientos no tan agradables sobre ese cierto alguien.
Se sentía avergonzada de si misma, si al menos no pudiese ser consciente de lo egoísta e ilógica que podía llegar a ser. Pero entonces esas palabras la empujaron fuera del tornado que era su mente. Fue tan repentino e inesperado, que no pudo contener una risita, colocando los dedos de una mano contra sus labios, mientras con la otra mano se tallaba los ojos.
--Gracias. --Se apoyo ligeramente sobre el hombro ajeno. --Aunque no estoy segura de a qué se refiere.
—El sólo hecho de tu existencia es lo que me permite coexistir entre tantos años de destierro.
𝚂𝚊𝚐 𝚖𝚒𝚛, 𝚠𝚊𝚜 𝚒𝚜𝚝 𝚍𝚊𝚜 𝙻𝚒𝚎𝚍 𝚍𝚎𝚒𝚗𝚎𝚛 𝚃𝚛𝚊̈𝚗𝚎𝚗?
𝚉𝚎𝚒𝚐 𝚖𝚒𝚛 𝚍𝚎𝚗 𝚃𝚛𝚊𝚞𝚖, 𝚍𝚎𝚗 𝚍𝚞 𝚖𝚒𝚛 𝚟𝚎𝚛𝚜𝚌𝚑𝚠𝚎𝚒𝚐𝚜𝚝.
𝙳𝚒𝚎 𝚂𝚝𝚒𝚖𝚖𝚎 𝚍𝚎𝚛 𝚁𝚘𝚜𝚎, 𝚟𝚎𝚛𝚠𝚎𝚕𝚔𝚝 𝚒𝚖 𝚂𝚌𝚑𝚊𝚝𝚝𝚎𝚗 𝚍𝚎𝚜 𝚋𝚕𝚊𝚞𝚎𝚗 𝙼𝚘𝚗𝚍𝚎𝚜. 𝙳𝚊𝚜 𝚜𝚌𝚑𝚠𝚊𝚌𝚑𝚎 𝙴𝚌𝚑𝚘 𝚍𝚎𝚛 𝚁𝚘𝚜𝚎, 𝚟𝚎𝚛𝚠𝚎𝚕𝚔𝚝 𝚒𝚖 𝚂𝚌𝚑𝚊𝚝𝚝𝚎𝚗 𝚍𝚎𝚜 𝚋𝚕𝚊𝚞𝚎𝚗 𝙼𝚘𝚗𝚍𝚎𝚜. Como una mera sombra decorativa, ahí estaba presente para escuchar los lamentos de la pequeña rosa, síntomas naturales del paso del tiempo y un mayor entendimiento de la cosas. Inexpresivo, colocó una mano sobre su cabeza, acariciando suavemente sus cabellos como una muestra simple de consuelo. —¿Por qué sientes que ya no eres necesaria?




















