— “Ugh, no.” — Al menos que canino tuviese un pelaje oscuro y dientes filosos, los perros no le llamaban la atención en absoluto. En efecto hasta los repudiaba un poquito, no había motivos en su historial, pero simplemente los prefería lejos envés de cerca. Casi como un rechazo natural. Retrocedió por inercia un paso, la bola de pelos y felicidad plena yacía a una distancia muy corta, demasiado. — “ Podrías publicarlo por Internet o llevarlo a la perrera.” — Diría lo que fuese con tal de que sacará aquella cosa de su vista.
¿Cómo era posible que algunas personas se sintieran disgustadas por los caninos? Es decir, el odiaba a la mayoría de los animales domésticos, excepto los perros. Notó el rechazo de la chica cuando retrocedió, lo que hizo sacar a Martin una sonrisa pequeña, escondiéndola cuando su mirada bajó hacia el can que poseía en sus brazos. “No, no. De hecho estoy pensando en quedármelo. ¿Sabes que nombre podría ponerle?” respondió, acercando el cachorro a la castaña. “No soy bueno con los nombres”


















