En esta imagen, aún sonríe el hombre firme,
el que habló con la verdad aunque doliera,
el que supo ser autoridad sin alardes,
y educó con el ejemplo, día tras día.
Fuiste juez, gobernador político, alcalde,
pero más que cargos, fuiste conciencia del pueblo.
No escribiste libros, pero dejaste historia
en las voces y las calles de Bolívar, que te recuerdan.
Antes que el cuerpo se rindiera al silencio,
nos diste tu vida entera:
la mirada recta, la palabra justa,
y la fe inquebrantable en la educación.
Padre mío, aún no me acostumbro a tu ausencia,
pero en esta imagen estás de pie, sereno,
como quien sabe que cumplió su deber
y partió con dignidad, dejando huella.