Manifiesto de los sueños postergados
sino por exceso de otros.
les abrí espacio en mi tiempo,
Y mientras ellos crecían,
los míos aprendieron a quedarse en silencio.
La postergación no es espera.
Es una forma educada de la renuncia.
Un “después” repetido demasiadas veces
termina pronunciándose como “nunca”.
El tiempo —ese dios sin moral—
erosiona futuros no vividos,
deshace incluso aquello que creímos intocable:
lo que nunca tuvo forma pero sí peso.
Hay sueños que no se concretan.
Viven en la retina del ¿cómo habría sido?
En vidas imaginadas que nos observan
y la noche se parece demasiado a nosotros.
ya es una forma diferente de vivir
Porque en un mundo que exige adaptación,
imaginar otras existencias
es un acto que rompe con todo lo que se "cree "establecido"