leonardo.
Sin ninguna clase de aviso previo, su lata de refresco a medio acabar fue derribada por una fuerza cuya procedencia desconocía, ocasionando que el líquido restante en ésta fuera derramado sobre el dibujo en el que había estado trabajando durante los últimos quince minutos, arruinándolo al instante. “¿Qué rayos…?” Vociferó por puro reflejo, con el entrecejo fruncido en seña de molestia, mientras buscaba con la mirada al responsable de aquello. Fue entonces cuando aquella gruesa voz masculina llamó su atención, explicándole sin pedírselo qué era lo que había ocurrido. Lorraine infló sus pulmones, obligándose a reprimir su irritación, y buscó la pelota a sus alrededores, localizándola junto a la lata derribada, para entonces tomarla y lanzársela de regreso al desconocido. “Ahí tienes. Deberías tener más cuidado con ella.”
Leonardo arqueó una ceja al ver la molestia de la contraria, puesto que no entendía lo sucedido. Él solo estaba jugando a golpear un casillero y jamás creyó que dicho acto inocente pudiese causar algún daño; sin embargo, notó que estaba completamente equivocado en ese aspecto y se limitó a recibir su pelota acompañada de la furia de su compañera. Sobó con tranquilidad su nuca intentando mantenerse neutral en el asunto que lo involucraba a él. —¿Te encuentras bien? ¿Puedo saber al menos qué hice? —Preguntó en espera de una respuesta, solía ser una persona a la que le gustaba enfrentar sus problemas y estaba dispuesto a asumir las consecuencias.














