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Estaba distraído, sus ojos fijos en la pantalla de su celular mientras daba órdenes a distancia con una de sus manos y con la otra, intentaba tomar del café que cargaba con él. Claro que, tarde o temprano, terminaría chocando con alguien o cayendo al piso y fue la segunda la que pasó primero. Su cuerpo se dio de frente contra el pavimento, sus brazos apenas alcanzando a salvar su rostro y su café, esparcido en el suelo ante él. Bueno, al menos había logrado despegar su mirada de la pantalla y comenzar a prestar atención al mundo real. Se puso en pie, comenzando a sacudir sus pantalones con la mano que no cargaba el celular, antes de captar a una figura que lo observaba “Bueno, esa ha sido la función por hoy, no creo que vuelva a repetirse, son seis mil wons, por favor” Su rostro se pintó con una sonrisa, algo dolorida, pero no menos colorida. Una fachada perfecta.
No tendría que haber permitido que carcajada alguna escapase de sus labios, lo sabía; cualquier otra persona se habría acercado al joven, le habría ayudado a ponerse de pie. Además, ¿no era de mala educación reírse de desconocidos? Pero allí estaba, conteniendo la risotada a duras penas, intentando pasar desapercibida. En cuanto se dio cuenta de que el protagonista del espectáculo que acababa de ver había notado su presencia, se mordió la lengua. “Lo siento, no tendría que haberme reído” se disculpó atropelladamente antes de escuchar lo que el otro tuviese para decir. No obstante, al percatarse de que el varón no parecía herido, ni por sus acciones ni por la caída. “¿Seis mil won? Pensé que los miércoles había descuento” rió. “Pero hablando en serio, ¿está bien?”











