Había un latido arritmico, una ansiedad y de cierta forma un dolor en el estómago sordo: siempre ahí, sin elevarse, sin disminuir y yo me creía la mujer más enamorada.
Había desvelos, un zumbido que entraba por mi oído izquierdo y se quedaba haciendo remolinos en mi cerebro sin poder salir y a veces me lo calmaba con agua tibia, esa que quedaba por bañarme después de ti.
Había una rabia, una gangrena subiendo por mis dedos, llegando hasta el codo para luego brincarse a las piernas y una sonrisa que suplicaba por ser lo suficientemente buena como para disimular, que yo llamaba fuerza.
Había señales, mi cuerpo hablaba, mi cabeza gritaba, mi corazón colapsaba, todo se empeñaba en decirme que si...
Que si,
Que si,
Que si,
Que ya me fuera.
Erán













