Mujeres satélite
Que triste es la soledad que deja el amor a una mujer, de pronto te encuentras en pareja y la familia y los amigos se convencen de que no necesitas frecuencia. Por no tener problemas, por no causarte incomodidad. Vengan a decir lo que deseen, pero la verdad es que la cosa parece la misma: te enamoras, lo vuelves el eje de tu atención y de pronto órbitas ese planeta y te conviertes, si acaso, en un satélite que acompaña. Y está bien, se ve como lindo, una pareja que siempre está junta. La verdad es que de pronto ya usas el perfume que a él le gusta y ese shampoo que el dice que huele rico, visitas más a su madre que a la tuya y terminas comprándole calzones talla m de esa marca en especifico, porque si no le compras tu el no se compra...como si tuviera el mismo detalle. Termina una maternando. Aislada y vacía. Dándose cuenta un día que lleva meses sin delinearse los ojos o ponerse chapetes rosados. ¿Para que? Si nomás el me va a ver. Ese es el detalle. Uno se vuelve mueble y se siente mueble. Aunque ría, aunque bese, aunque sientas esa sensación en el pecho que arde cada vez que lo ves. Estás sola amandole a él y estás feliz, tan feliz hasta que no, pero para cuando te das cuenta ya solo lo tienes a el y ya todos saben que le perteneces y está bien, ¡Claro que está bien! Por qué así es el amor...y pobre de ti que te quejes: no te pega, no te habla mal, te lleva a todos lados con el, te es fiel, es lindo, buen amante, un diamante, ¿Que más quieres? ¿Que necesitarías? Eres feliz y si lo eres pero, ¿Y que más?
Y, Erán













