Las gotas de lluvia aterrizaban sobre el capo del carro. Talitha estaba detrás del volante. Era un auto de varios modelos atrás, comprado por su tía, pero manejado por ella. Un Mercedes Benz de segunda, que requería más mantenimiento que lo que realmente recorría. Incluso, el clima, tal cual estaba, tendría repercusión sobre él. Y, estacionada bajo aquel árbol, los daños se incrementarían.
Las pequeñas ramitas y hojas se iban acumulando en los vierteaguas del coche. No tenía que ponerse a hablar de la humedad, porque más tarde lo haría, cuando volviera a visitar a su reparador. Mientras tanto, ahí estaba ella, con una cámara entre las manos, ajustando mejor el lente de su aparato.
El relato de las andanzas de los famosos era una forma conocida de entretenimiento en Miami. Su misión era sacar unas instantáneas que dijeran por sí mismas el chisme entre los dos afectados. No era para lo que había estudiado y, mucho menos, lo que le gustaba, pero pagaba las cuentas. Eran tres hermanos y todos con créditos universitarios. Con un solo clic, la foto podría pagar siquiera la alacena de la semana.
El clima mejoraba, pero los charcos quedaban como muestras en la pista. Sabía que les tocaría salir pronto de aquel club. Podía quedarse en aquella posición el tiempo necesario. A más comprometedora la escena, mejor la paga ¿Cuánto tuvo que esperar la vez pasada? ¿4 de la mañana? Claro, y luego seguirlos hasta un hotel, misma espía de Hollywood.
Vio dos figuras escabulléndose de la noche. Su cámara la tenía pegada a su rostro, con el flash necesario para lograr la nitidez en la imagen.
Las figuras se voltearon.
Desde su inesperado salto al estrellato, Claire no lo había estado pasando, que digamos, bien. Fue por un error que su nombre saliera en cada revista hacía ya año y medio, besar a una de las actrices más reconocidas del país, luego al novio de la misma y ser captados por vídeos, no fue de lo más ético por su parte. La prensa rosa, desde entonces, la ha estado persiguiendo para más momentos jugosos.
Sentía su carrera arruinada, pues lo que más quería era ser reconocida por su futuro trabajo y no por un… Unos deslices con famosos. ¿Era lo que le pasaría en un futuro? Sí, pues estudiaba arte dramático y había asistido a un par de castings de papeles menores, pero ahora la querían por, tal y como citaba la revista: cazafortunas doble. La actriz anónima que juega sucio.
No quería ser eso. Pasó, desde entonces, un mes y medio encerrada en su piso con miedo a salir, la prensa aporreaba su casa, los vecinos los dejaban entrar para que se detuvieran con los timbres. Fue un auténtico caos. Poco después, su mánager Joey, una mujer de unos cuarenta años que se dedicaba en cuerpo y alma a protegerla ahora, contactó viendo su potencial, según ella, más allá de cuatro besos. Por Joey consiguió salir de casa y afrontar lo que ahora sería su vida. Flash por aquí. Flash por allá. Flash. Flash. Flash. E, incluso, primeras páginas, por desgracia.
Desde entonces, había conseguido tener varios conocidos cercanos, nunca los llamaría o consideraría amigos, la fama puede hacer de las suyas y un día te quieren y al siguiente te venden. Esa noche, Joey y Claire llegaban tarde al piso de la última, pues se pasaron todo el día de reuniones con agentes, directores y productores para poder terminar de hablar de la película que protagonizaría. Los paparazzi siempre estaban intentando sacar hasta la última gota de sangre de ella, por lo que intentaba llegar siempre muy tarde o, directamente no llegar.
Esa noche, sin embargo, la suerte no estaba de su parte cuando llegaba y unas luces llamaron su atención y la de su mánager. Ambas se giraron con cautela, Claire se tapó la cara con la manga de la chaqueta que tenía encima de su cabeza para evitar mojarse lo máximo posible, pero al ver el descaro que tenía la persona que estaba dentro del coche con la cámara, la dejó en el suelo; estaba agotada de estar todo el día fuera, discutiendo todo y sin que la escucharan, eso era lo último que le faltaba por hoy.
Fue directa al coche, a la puerta del conductor y aporreó el cristal con ganas y de muy mala leche.
—¡ABRE AHORA MISMO! ¡SOIS UNOS SINVERGÜENZAS! ¡NADIE OS DA DERECHO A HACER ESTO! ¡SOLO QUIERO IR A MI CASA A DESCANSAR! ¡ABRE Y ENFRÉNTATE A MÍ, JODER!