Secretos que no se dicen, vocablos atascados en su garganta; palabras que buscan salir de sus pétalos, y un adiós que la hizo encerrarse en su caparazón. Ha visto muchas cosas dentro del hotel, escuchado rumores que son difíciles de creer, pero todavía no se explica en qué momento todo dejó de tener sentido. Pasó de ser cuento de hadas, a una historia escrita por algún novelista de terror. Un silencio, la respiración agitada de la italiana. Maldice en su idioma natal, es víctima de las secuelas que deja el alcohol, ve a lo lejos una figura ¿conocida? Cree que se trata de cualquier persona, algún ente que disfruta de la tranquilidad del momento. Percibe la fragancia masculina, algunos de sus sentidos se reactivan, y por simple inercia, despeina su cabello. Un acto de nerviosismo, el alcohol le regala un momento de lucidez. Escucha las voces en su cabeza: aléjate, no debes de seguir ahí; mas hace caso omiso a lo que parece ser una evidente señal del destino. Hace una pregunta, ¿por educación?, tal vez. Las esferas color esmeralda se posan en la mirada masculina, para después, desviar su atención a otro punto de la habitación. “Es bueno saberlo.” Responde, deja que su sinhueso relama sus labios, para dándose su tiempo para permitirse hablar. “Han sido días extraños.” Se encoge de hombros. “Las personas parecen haber superado lo que sucedió hace unos días. Me alegro por ellos, pero ahora se comportan tan…” Y antes de continuar hablando, se detiene, recuerda, calla, y se permite dedicarle una sonrisa hipócrita al doctor.
se apoyó contra la mesa a sus espaldas, dejando que sus brazos se relajasen mientras seguía sosteniendo la botella en su mano. no quería que pensase que su presencia le generaba una molestia, al contrario, aunque no estaba seguro de si eso era lo que debía hacer. ya no sabía, no sabía nada y eso lo desesperaba. cómo actuar, qué decir, cuál era la mejor decisión a tomar, todo era una incógnita cuando giraba en torno a ella. le preocupaba su bienestar, y por eso había accedido a alejarse, sin embargo todavía resonaba en su cabeza esa enfermiza voz diciéndole que era una pena que él no cumplía sus promesas, a pesar de que el español había hecho su parte del trato. “extraño, no sabría por dónde empezar.” una mueca se plasma en sus labios. tantas cosas habían sucedido, y no sólo a él, no había sido el más afectado en las últimas semanas por toda esa locura. por eso en parte se sentía aliviado, aunque era consciente de que era una calma temporaria. por primera vez en la conversación, posa su mirada sobre las facciones italianas, la expresión en su rostro todavía inamovible. “lo que dije la otra vez—“ al comenzar a hablar se arrepintió, preso de un impulso que no logró controlar, “lo que dije la otra vez, no es así.” bajó la vista por un momento, sabiendo que tampoco podía darle una explicación con lujo de detalles de lo que sucedía. “no siento lástima, ni es la razón por la que me acerqué a ti. simplemente quería disculparme por la manera en la que me expresé, sé que no estuve bien.” aquel no había sido un comportamiento para nada parecido lo que en realidad era, no estaba en su naturaleza decir ese tipo de cosas y hacer sentir mal al resto, a pesar de cuánto enojo pudiese sentir, aunque ese no fuese el caso con ella. “había tenido unos días muy complicados y supongo que me desquité con quien tenía más cerca.”