Detonantes de principios de octubre
Terminé el libro de Aves migratorias de Mariana Oliver y se desplegaron seis meses misceláneos. No encontraba una ruta en la premura, en sortear bomberazos físicos y emocionales: me enfrenté a exceso de trabajo, una enfermedad, una recuperación, una muerte, y mientras tanto procuré mantener el balance que había conseguido meses atrás. Ahora pienso que era justamente una rutina que se balanceaba a la izquierda, a la derecha, a la izquierda otra vez (como la canción), pero no se mantuvo al centro. No había un anclaje.
Ayer me hice el espacio de volver a mis proyectos. Pero ya es muy tarde: la dermatitis en la cabeza volvió, lo que significa que estoy desestabilizada y mi cuerpo lo advirtió antes que mi cerebro, que se cree muy docto en sí mismo.
Pienso en el libro Psicosomática de Jimena Maralda mientras escribo esto y, por supuesto, en mi terapeuta, a quien le obsesiona lo psicosomático y se lo recomendé. Releo mis subrayados en el ensayo "Aneurisma" y pienso en ella, en "cuántos duelos voy cargando a cuestas y qué consecuencia tiene esa circunstancia".
Me rasco la cabeza y sigo buscando respuestas a preguntas que no he elaborado, o que he elaborado pero me apena depositarlas aquí. Pienso en que la tos fue el síntoma de una neumonitis corta con secuelas prolongadas, y que la comezón es el síntoma de un duelo que ya no me da miedo afrontar.
Ambos, la neumonitis y el duelo se depositan muy dentro. O eso creía. Después de todo, los bronquios están a la altura del pecho, y qué puede haber más superficial que la caspa.
Ahora pienso en el ensayo "A veces la casa es la única que habla" de Alaíde Ventura sobre hacer metáforas de la vida propia, en cómo ella va construyendo su escritura y biografía a base de metáforas y símiles, resultado de recuerdos que metió en la licuadora.
No dejo de pensar en que ella murió en mayo y yo me enfermé en junio. En si a caso significará algo. La neumonitis, que me impedía reír y hablar mucho, que me hacía guardar silencio, ¿era parte del proceso de un duelo del que yo me haría consciente meses después?
¿De qué puede ser metáfora no volver a verla nunca más?, ¿con qué puedo comparar el silencio entre ambas durante cuatro años y medio y que ahora se prolonga al infinito?
*
Sigo silenciada. Parece inútil escribir esto que no vas a leer, pero tenía tantas ganas de escribirte, de lanzar este texto visceral (cualquier texto, cualquier cosa, un globo) a que toque la cima del cielo y que te alcanzara, que aquí está. Estoy escribiéndote otra cosa más bonita, como las que te gustaba que te mostrara; algo que solo se trata de ti. Mientras, no creas que te olvido.
Me acuerdo de casi todo e intentaré enlistar lo que es más nítido y no lo que creo que ya se licuó con otro recuerdo.
Me acuerdo del mantel rojo de la mesa del comedor en la cocina. Me acuerdo del picadillo. Me acuerdo de la sopa de pasta con caldo de res y pollo. Me acuerdo del camote con lechera por las noches. Me acuerdo de los cumpleaños con pastel de la Aranzazú. Me acuerdo del chocolate caliente del Jarocho. Me acuerdo de tus remedios para la migraña. Me acuerdo de todas las veces que me inyectaste. Me acuerdo de la Voz México con Montaner. Me acuerdo de tus cobijas en el sofá. Me acuerdo de tu abrazo después del sismo del 2017. Me acuerdo de la planta que me regalaste cuando volví de Chihuahua. Me acuerdo del último gran abrazo que nos dimos ese domingo de diciembre del 2019. Me acuerdo cuando conociste a mi mamá y te dio las gracias.
No me acuerdo si yo te las di.











