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“¡Amiga, felicitaciones, si no soy la madrina, te mato!” dijo dándole un abrazo con una sonrisa “Si me disculpas” dijo haciendo una reverencia porque si, para luego acercarse a la princesa Izumi “¡Princesa!” dijo dándole un pequeño abrazo mientras la chica le sonreía “Tengo muy buenas noticias, mi abogado revisó los papeles y resulta ser que en territorio italiano si una de las partes no está conforme, se anula... Alemania legalmente es parte del territorio Italiano... eres libre” dijo con una sonrisa mientras la chica la observaba, no creyendo lo que acababa de escuchar para luego llorar de felicidad y abrazarla fuertemente “Espero que esto sea el comienzo de una buena amistad” le dijo en japonés mientras le entregaba una copa de champagne y brindaba “Oh, amore, te presento a mi amiga la Princesa de Japón Izumi” dijo en cuanto Sunjong se presentó, y luego de hacerle una corta reverencia le preguntó si podían ir a bailar “Si me disculpa” dijo haciendo un saludo y se alejó con Sunjong “¿Pasa algo?” preguntó frunciendo el entre cejo “Siento que ella no te agrada, amore ¿Estoy en lo correcto?”
Técnicamente, Zia no quería ver a los príncipes coreanos porque le recordaban demasiado a Eunwoo y eso le traía demasiado flashbacks de guerra ¿Pero cómo negarle a alguien que había sufrido tanto la pérdida de su hermano hablar de eso? Zia había experimentado el terror de pensar que su hermana estaba muerta cuando la dieron perdida en acción durante dos días, para luego reportar que estaba en un hospital cercano, no quería ni imaginarse lo que iba a ser tener que vivir sin su hermana y por eso, no quería ni pensar el dolor por el cual transitaba Sunjong, que era muy querido por su hermano y lo sabía.
Por eso, cuando el se retiró miró a su hermana “Bella, tu sigue yo me voy a buscarlo ¿Está bien?” preguntó dándole un apretoncito en la mano y luego la abrazó cuando ella le dijo que estaba bien “Si me necesitas haz la señal”
No tuvo que caminar demasiado para alcanzar al chico que estaba en un lugar “escondido”, sollozando de la manera más calmada posible “Ey…” dijo tomándolo por sorpresa, haciendolo soltar lo que fuera que tuviera en la mano al piso “No, no, está bien, ser valiente no significa no llorar” dijo levantando lo que parecía un reloj de bolsillo “¿Quieres hablar?” preguntó mientras le prestaba uno de sus pañuelos de seda que tenían sus iniciales bordadas “Tu hermano fue muy, muy valiente y un guerrero hasta lo último. Y te quiso muchísimo, Sunjong” le aseguró mientras le ponía una mano en el hombro “Está bien que los extrañes, porque lo vas a extrañar toda la vida, porque nunca vas a dejar de amar a tu hermano, y así como el tampoco te va a dejar de amar a ti. Espero que sepas que el siempre te tuvo presente” tras eso susurró “Debo parecerte una loca, siguiéndote acá y dándote un soliloquio de seguir la vida adelante pero siento que tu hermano lo hubiera querido así” en cuanto terminó observó la cara del chico, el cual era guapo, aún más guapo que lo que Eunwoo alguna vez lo había descrito, a parte de que las fotos no le hacían justicia a su hermosura… bueno, a lo que estaba. La miró con unos ojos de bambi perdido, y sacudió la cabeza despacito, para luego decirle que no le parecía una loca ni nada, y que tenía razón, además de que confiaba en sus palabras no sólo porque sabía que Eunwoo lo hubiera querido así, sino que también sabía que su hermano confiaba en ella y por consiguiente, el lo iba a hacer también “Entonces… tengo algo para darte, lo tengo en mi casa. Es de tu hermano” susurró “El tuvo la idea de dejar algo por si algo nos pasaba para nuestros seres queridos, y el me encargó darte algo. Si me sigues a mi casa, te lo puedo dar, después de todo ya nos perdimos todo el tour”.
Al llegar a su casa, la princesa subió a su habitación y encontró lo que buscaba, y bajó rápidamente al living, donde estaba sentado Sunjong con una taza de té al lado, seguramente obra de su mayordomo, Vicenzo “¡Gracias Vicenzo!” gritó desde el living para que el señor la escuchara. “Esto es para ti” susurró, dándole la carta con su nombre “Y también esto” dijo sosteniendo con cuidado un pequeño patito hecho de legos, ya desgastado por el tiempo “Dijo que tu sabrías que es” a simple vista, no era nada del otro mundo, pero seguramente tendría algún significado para el chico
Sunjong no esperaba que lo encontraran y muchísimo menos que fuera Zia la que lo hiciera, pero no se quejaba. No le molestaba que lo viera llorar porque de hecho ella era la primer persona —aparte de su hermano menor— frente a la que había admitido que lo extrañaba así como lo de las cartas que recibió durante la guerra, pero al mismo tiempo no quería que ella pensara que era un debilucho que no podía mantener la compostura. Comparado con ella y con Eunwoo, Sunjong era un debilucho en demasiados sentidos y lo sabía, aunque no era de importancia para ella al menos ya que nunca dejó de darle palabras de aliento. Sin embargo, fue cuando ella le dijo que tenía algo para él de parte de su hermano que Sunjong aceptó la realidad de que iba a llorar de vuelta y en grandes cantidades, y que de verdad no importaba. Después de todo, ella claramente había visto cosas más preocupantes que un simple chico llorando así que no se iba a horrorizar, o eso esperaba.
El mayordomo de las princesas de Italia le había preparado una taza de té mientras él esperaba a que Zia volviera, pero Sunjong no había podido ni siquiera tocarla porque estaba preocupado sin saber qué esperar y la ansiedad lo estaba destruyendo de a poco, y demasiado rápido al mismo tiempo. Por eso cuando Zia volvió con dos cosas en sus manos, él no pudo levantar la mirada sin antes suspirar, intentando juntar fuerzas porque era consciente de cómo podría llegar a afectarlo esto. Lo que sea que fuera, era algo que Eunwoo había planeado dejarle en el caso de que pasara lo inimaginable, y como eso había sucedido… ahí estaba, pensando en que no sabía qué hacer. “¿Y qué hay de Gon? Le dejó algo a él también, ¿no es verdad?” Preguntó aún mirando hacia abajo, y Zia le respondió que Eunwoo había dejado eso a salvo con Estelle, lo cual lo dejó a él considerablemente más tranquilo antes de mirar a la chica, que estaba sosteniendo un sobre en una mano, y en la otra… “No puede ser.” Susurró, y sus ojos automáticamente se llenaron de lágrimas al ver el pequeño juguete que ella estaba sosteniendo con tanta delicadeza. Sin pensarlo, Sunjong se llevó ambas manos para cubrir su boca y reprimir el sollozo que se le escapó al volver a ver al patito de legos que Eunwoo le había construido y regalado para su duodécimo cumpleaños, el mismo que Sunjong le había regalado a él para que lo llevara como amuleto a la guerra. “Yo… ¿cómo…? Yo no… oh, por Dios.” Soltó apoyando sus codos contra sus rodillas y luego escondiendo su rostro entre sus manos para poder llorar, primero solo y luego con los brazos de la princesa alrededor de su figura en un intento de consolarlo mientras le repetía que su hermano lo quería mucho y que siempre estaría orgulloso de él.
Tomó un par de minutos que pudiera calmarse lo suficiente como para tomar la carta y poder abrirla, incapaz de sacar de su cabeza la idea de lo angustiado que debía haber estado Eunwoo mientras la cerraba, rogando que ese sobre jamás tuviera que ser abierto. Y para ser honesto, Sunjong hubiera deseado exactamente lo mismo. En esta carta tan propia de Eunwoo, incluso si él le estaba hablando como si ya no estuviera ahí, su hermano le repetía lo orgulloso que estaba de él y era como si le estuvieran arrancando el corazón del pecho una vez más, porque esto no era más que la prueba final de que su hermano se había ido y que no iba a volver. Se estaba despidiendo. Éso era lo que era esta carta: la despedida que Sunjong por un lado necesitaba, pero que por otro lado no quería. Todo lo que él quería era a su hermano a su lado, y eso no era posible así que sólo le quedaba una cosa por hacer, en vez de estar ahí llorando sin hacer nada útil: ir a buscar a Gon. Ahora era cuando veía que no podía hacer esto solo, y Gon era el único que había estado ahí siempre… toda la vida había sido así. Eunwoo, Sunjong, y Gon: los tres mosqueteros. Así los llamaban sus padres y todos en el palacio real porque donde estaba uno estaban los otros y no había cosa que no hicieran juntos. Siempre ellos tres — al menos hasta que Eunwoo decidió enlistarse para ir a la guerra y les prohibió terminantemente seguirlo. “Causé una escena, lo lamento tanto.” Le dijo a Zia mientras ella lo sostenía y le pasaba la mano por el cabello probablemente para calmarlo, lo cual estaba logrando. “¿Sería mucha molestia si te pido que me cuentes cosas de él? Lo que tú quieras. Recuerdos de él que te hagan sentir alegría… Cosas bonitas. Lo que sea.” Le pidió, levantando la mirada para no parecer un maleducado que no podía mirarla a la cara. “Entiendo si no quieres, ¿sí? Sé que tal vez no es fácil y lo comprendo, de verdad, así que… bueno, eso.” Murmuró algo incómodo porque no quería presionarla ni hacerla sentir mal por hablar de cosas que podían representarle triggers a su memoria. Sunjong sólo estaba seguro de que ese presentimiento que había tenido toda la mañana no se equivocaba: definitivamente no querría casarse con la valiente y hermosa Lucrezia Borgia puramente por el interés de su familia. Ahora, ¿por la amabilidad y dulzura con la que lo trataba incluso si ni lo conocía? ¿O la manera llena de admiración con la que hablaba de Eunwoo? O tal vez por lo mucho que la admiraba, por esas y tantas otras razones… ¿quién sabía, en realidad?
”No te disculpes, todo el mundo necesita llorar a sus seres queridos” Estaba preparada para que pasara esto, después de todo era una reacción normal para alguien que había perdido un ser querido, sobre todo un hermano. No podía entender el dolor por el que estaba pasando, porque si bien Eunwoo era su amigo, sabía que la relación que el tenía con sus hermanitos era algo único, por eso supo que su hermano mayor hubiera querido que esté ahí para consolarlo. Y eso es lo que ella iba a ser. Le había prometido que si algo le pasaba, ella se encargaría de ver que su hermano Sunjong estuviera bien, y como que se llamaba Lucrezia Louise Caesaris Vittoria Borgia que lo iba a hacer. Ahora, cuando le pidió que hablara de su hermano, la dejó un poco descolocada, porque hacía mucho tiempo que no hablaba de la guerra, ni siquiera con su hermana... pero no podía decirle que no a el “Dame un momento” dijo levantándose “Y cuando vuelva, quiero ver que le hayas dado un sorbo a tu té, te hará bien” dijo dándole un apretoncito en su mano, para luego retirarse a su habitación a buscar una caja en particular. Al volver, la abrió en frente a Sunjong, y luego de retirar lo que no era pertinente, sacó un montoncito de fotos polaroid que habían tomado en la guerra “Te parecerá de mal gusto tener fotos de la guerra porque por más de que hayan pasado cosas buenas ahí, esas cosas no suavizan las cosas malas. Pero vice versa, las cosas malas no necesariamente arruinan las cosas buenas y las hacen menos importante” susurró mientras buscaba una foto en particular, en la que estaban ella y Eunwoo en sus uniformes sonriendo “Esta foto la tomamos el día de mi cumpleaños. El me regaló del kimchi que ustedes le habían enviado y yo como no esperaba el sabor terminé escupiendo parte de eso en el uniforme de Estelle. Eunwoo se rió tan fuerte que le salió jugo de limón por la nariz y se estuvo quejando por dos días de que le ardían las fosas nasales” dijo recordando con una sonrisa. Luego le mostró una foto de Eunwoo, intentando subir un árbol “Tu hermano pensó que era una buena idea devolver un pajarito que se había caído del nido. Al final lo terminó cuidando hasta que aprendió a volar. Se llamaba Gonjong” le contó para luego mostrarle más fotos de Eunwoo con el pajarito “Te las regalo, en serio. Quedatelas” tras eso, encontró una foto que Eunwoo se había sacado a el solo, y leyó en voz alta la parte de atrás “Para mi querida Zia, te quiero como si fueras mi hermana. Que tengas un buen día de San Valentín. El mejor regalo del mundo, una foto de moi en todo mi esplendor. P.D: Te iba a regalar un chocolate pero me lo comí” Zia estaba poniendo su mejor cara, pero la verdad que por cada recuerdo bonito que pensaba, recordaba cosas que no debía hacer. No se dio cuent que se había quedado sin hablar mirando a la nada, hasta que el príncipe le preguntó si estaba bien “Pensaba en que tu hermano me salvó la vida una vez. Estaba haciendo patrulla y empezaron a bombardear la zona. Una bomba cayó muy cerca y me dejó desorientada y sorda por unos momentos. Nosotros teníamos una señal” dijo imitandola y luego prosiguió “El logró escucharla, sabía que estaba en peligro. Me cargó en su espalda. Y me puso a salvo... me dijo que todo iba a estar bien cuando le dije que tenía miedo de quedar sorta. Y tenía razón”.
La siguientes horas, Lucrezia pasó contandole anécdotas, intentando mantener la calma, mientras ella le mostraba fotos de los momentos felices, y le decía que se quedara con las fotos que le gustaran. No podía privar a Sunjong de las fotos de los últimos momentos de su hermano. Lucrezia miró su reloj y luego lo miró a Sunjong “¿Te puedo invitar a almorzar?” preguntó “Estuve hablando yo sola y la verdad es que me gustaría saber de ti... aunque ya se mucho de ti, Eunwoo solía pasar horas perdidas hablando de ti. Aunque y disculpa mi atrevimiento, sus palabras y fotos para describirte físicamente no te hacen justicia” dijo con una sonrisa, mientras Vicenzo se aclaraba la garganta y le anunciaba que el almuerzo estaba servido “Gracias Vinny” sonrión y siguió a su mayordomo hasta el comedor, donde todo estaba arreglado de una manera hermosa. “Mis cocineros prepararon algo de comida coreana para ti, si es que prefieres. Pero no sé como será eso de comida coreana cocinada por italianos” dijo, intentando ser graciosa mientras se ponía la servilleta de tela en la falda y esperaba que el ayudante del mayordomo venía a servirle la entrada. Sin embargo, Lucrezia no podía, ni quería, para ser sinceros, despegarle los ojos a Sunjong. Había algo en el que era simplemente encantador.
sms » estelle
Estelle: Bueno... le di su carta al Príncipe Gon.
Estelle: Ahora los dos estamos llorando.
Estelle: Siempre pienso en qué hubiese sido de mí si le sucedía algo a Louis, y no me quiero imaginar por lo que han pasado estos muchachos.
Estelle: Estoy tan triste, Zia.
Estelle: Pero al mismo tiempo, estoy contenta porque al fin pude cumplir con una parte de lo que me pidió Eunwoo.
Estelle: ¿Qué tal tú? Supe que también escapaste del tour lol
Zia: Pues aquí estoy con Sunjong, haciendo eso exactamente.
Zia: No quiero ni imaginarme lo que es pasar por ese dolor, no imagino mi vida sin Bella.
Zia: Lo mismo digo. Es un chico muy agradable.
Zia: Creo que voy a hacer mi tarea personal protegerlo.
Se suponía que estaba en descanso psicológico, pero Zia estaba segura que aunque descansara toda su vida, tanto ella como su hermana jamás se recuperarían de lo que habían visto. Le habían recomendado que intentara volver a re insertarse en la sociedad, pero lo único que Zia tenía eran ganas de llorar. Claro, nadie la había obligado a ir a la guerra pero lo había hecho de todas maneras, era su deber después de todo, debía demostrarle a los demás que ella era una Borgia y que su Princesa estaba dispuesta a luchar, y por ende ellos también debían. Todo había comenzado cuando los idiotas alemanes tuvieron la genial idea de comenzar una guerra que sabían que no iban a terminar, Lucrezia tenía la teoría que utilizaron la guerra como método de manejar la población rusa; sin embargo, habían elegido a Francia, Italia y Mónaco como los países que querían atacar porque eran los más prósperos de la unión Europea bajo una estúpida excusa que ahora no podía recordar porque a estas alturas, los motivos no importaban, lo importante era que su pueblo estaba siendo arrastrado a una guerra que había empezado cuando lanzaron bombas a un pequeño pueblo de la Toscana.
“Bella, despierta” dijo apoyando la bandeja con el desayuno al lado de la cama de su hermana, que abrió los ojos en seguida y dijo que había tenido una pesadilla, así que Zia hizo lo que cualquier hermana hubiera hecho y la abrazó “Está todo bien, ya no estamos ahí” dijo recorriéndole la espalda con su hermana, deteniéndose con cuidado en la cicatriz que tenía en su espalda debido a una herida que había recibido cuando tomaron un punto importante del enemigo juntas y lo retuvieron durante un mes con mínimos hombres y provisiones. Pero no quería hablar de eso ahora, hoy era un día especial porque empezaban la Universidad, como personas normales…. o al menos eso pretendían. Por eso, tras terminar de arreglarse, las dos se sentaron en su excesivamente larga mesa y desayunaron mientras veían a los empleados ir de allí para acá para los arreglos de la casa. “Vamos a tener un buen día” murmuró, tras poner su taza de café en el platito, mientras su hermana le recordaba que no era una buena idea tomar cafeína “Es mi día de permitido, no seas una maldita” se quejó en un rápido italiano mientras tomaba su mochila y comenzaba a caminar hasta donde estaba su Lamborghini para ir al campus, tenía que llegar temprano porque hoy le mostrarían el lugar y conocería a los demás príncipes, cosa que era importante, no para ella en realidad, no creía poder tolerar la presión psicológica de interesarse por alguien… por otro lado, su madre, deseaba eso más que nada. Sobre todo con los príncipes asiáticos ‘que a sus países les estaban yendo tan bien’. Era gracioso, Lucrezia era la princesa heredera de Italia y tenía tanto poder de decisión en su vida como un preso político.
“Buenos días Estelle, espero que hayas empezado la mañana tan bien como yo, por supuesto después del grito matutino por la pesadilla de estar bañanadome en la sangre de los príncipes de Alemania, pero ya sabes, hashtag just girly things” dijo mientra caminaba y su hermano el delfín de Francia se les unía “Por si no te enteraste Louis, estamos en una Isla así que porque no me haces un gran favor y corres hasta el muelle y saltas al mar, delfincito” dijo rodando los ojos. Desde que su madre había puesto de baja su compromiso no oficial, estaba bastante determinado a volver a eso, pero Zia no estaba de acuerdo para nada; no le parecía correcto casarse con una persona que iba a heredar todo un país para el, y por su puesto no tenía ganas de que su madre atara y des atara su vida pero ¿Qué podía hacer? Fue sobresaltada cuando un grupo de nobles menores hizo un pequeño gritito, seguramente por la congregación de príncipes asiáticos que había aparecido “Por Dios, parece que cada vez hay más” dijo rodando los ojos. La última vez que había ido a Corea del Sur solo había conocido a los reyes. “Buenos Días, Lucrezia Borgia, prince… si, claro que te doy un autógrafo” le dijo al duque que estaba dándoles su pack de ingreso. Tanto los príncipes de Francia como ellas dos, eran algo así como celebridades, dado que ‘su gran valentía inspiraba naciones’. Luego fue el turno de su hermana, y de Estelle. Al recibir el paquete lo primero que hizo fue mirar para atrás y ver a la cantidad de príncipes ingresantes “Buenos días” dijo haciendo una leve reverencia y acomodándose en el lugar donde saldrían a hacer el tour “Si luego de un año no conseguimos marido sabes que mamá nos va a acomodar con quien ella quiera y eso no va a ser agradable ¿Verdad?” susurró a su hermana Bella, sin embargo ella le dijo que lo tenía más facil porque ella iba a ser una reina “En eso tienes razón” se rió tomándole la mano a su hermana porque de repente se sentía nerviosa nuevamente, quién sabía si era porque todos estaban hablando a la vez o que.
“Louis Philippe, basta de esa cara.” Susurró bastante preocupada porque su hermano estaba haciendo cualquier cosa menos prestarle atención, y él suspiró mientras asentía y le decía que intentaría sonreír. Estelle sabía que esto no era exactamente fácil para él porque a decir verdad tampoco lo era para ella, pero no podían permitirse quedarse estancados en vida, y por eso lo había convencido de venir con ella a la universidad y seguir con varios de todos los planes que tenían antes de la guerra. Siendo el Príncipe y la Princesa de Francia, no se suponía que ellos dos hubiesen tenido que estar ahí, pero Louis era demasiado testarudo como para aceptar un no y ella quería demasiado a su hermano como para dejarlo irse solo a enlistarse al ejército, así que simplemente lo siguió sin pensarlo demasiado porque en realidad no había demasiado que pensar — lucharían por su país y harían todo lo posible por mantener al otro a salvo. Y a pesar de que Estelle no tenía demasiado potencial de soldado en ella, según sus superiores lo compensaba con su habilidad natural para el ámbito médico —lo cual era bastante necesario en esas circunstancias— y más que nada con su excelente capacidad de estratega, especialmente cuando trabajaba en conjunto con su hermano y con su amiga la Princesa Lucrezia Borgia de Italia. En resumidas cuentas, tras dos extensos y difíciles años estando en guerra con Alemania —precisamente contra el reverendo imbécil de su tío por parte de madre, a quien se le había ocurrido que quería ser proclamado rey no sólo de Francia sino de una parte de Italia, just girly things—, la alianza entre ambos países había conseguido la victoria y la posterior conquista de Alemania, lo que los hacía a los tres Príncipe y Princesas de las respectivas partes del país que les correspondía a cada uno. No había sido fácil, y nunca lo iba a ser, pero lo importante era que habían logrado sobrevivir y que debían continuar con sus vidas. Se lo merecían. “Vamos a ir, y vamos a patear culos. ¿Me escuchaste? Genial, andando. ¿Adónde está tu espíritu, Dieudonnéw?” Bromeó antes de unirse a sus mejores amigas las hermanas Borgia para empezar con todo esto de la universidad.
Pero, dejando completamente de lado lo de la guerra, no todo era tan simple para los mellizos Bonaparte — más que nada para ella, dado que Louis seguía siendo el Delfín de Francia y sí o sí estaba destinado a ser el Rey. Ella, por otra parte… Según la pep talk que le habían dado sus padres respecto a irse a la universidad —donde se iba a codear con la realeza de otros países del mundo—, ‘había demasiado en juego’ como para que ella estuviese con alguien que no fuese de la realeza también y si bien nunca perdían oportunidad de sugerirle amablemente que siempre considerara las opciones que eran buenas para su futuro por encima de sus emociones últimamente todo se había puesto más intenso. Y tal vez tenían razón, quién sabía, pero Estelle había estado en una guerra — y gracias a ello había visto muchísimas cosas horribles y a demasiada gente muriendo frente a sus ojos, de un instante al otro — y no le gustaba la idea de no vivir en el presente porque ¿qué tal si perdía la oportunidad de algo excelente por estar preocupada por su futuro, siendo que esto alguien podía arrebatárselo en un abrir y cerrar de ojos? Quizás ésa era la razón por la cual simplemente no podía, ni quería, ni iba a pensar en entrar a la universidad con el fin de buscar un potencial marido. Además, ¿cuán desesperada la haría eso? “Buenos días.” Saludó con una reverencia al tal príncipe coreano que se les había acercado de la nada, al que lamentablemente no le pudo prestar mucha atención porque la distrajo la papada de un chico de pelo rojo. ¿Acaso éso era un príncipe también? “Ami, mira eso.” Susurró rápido después de ‘accidentalmente’ tirar su bolígrafo al piso, así distraía al príncipe coreano mientras era una malvada sin sentido. Naturalmente él cayó, y justo en cuanto alcanzó a agradecerle por haberle devuelto su lapicera, Louis la tomó del brazo con delicadeza y se disculpó antes de empezar a caminar en la dirección opuesta al grupo.
“¿Y qué se supone que hacemos, si se puede saber?” Inquirió enarcando una ceja, entre confundida y molesta porque no entendía a qué venía todo esto. Louis, como si nada, la miró y le dijo que se mantuviera lejos de ese chico. “Espera… ¿qué? Oh, por… Donnie, ¿en serio?” Rodó los ojos, bufando indignada porque no podía creer la taradez de esto. “Hermano mayor, si me disculpas, tengo cosas más importantes que hacer antes que escucharte decir cositas tontas. Me retiro, hasta luego.” Asintió levemente y se giró para irse pero a los dos segundos él ya la había tomado del cuello de la camisa mientras se reía porque aparentemente no planeaba dejarla sola y en paz, lejos de su vergonzosa persona. “Okay, pero si vuelves a hacer algo como lo de recién te voy a dejar solo. Estás advertido.” Lo señaló y volvieron hacia donde estaba Zia, con quien su hermano rápidamente empezó a coquetear una vez más. “Pobre iluso.” Rodó los ojos y se puso a mirar a su alrededor, prestándole atención a la imponente belleza de este lugar. Lo mejor de lo mejor, ¿no?
Siendo el hijo de una Gwiin, definitivamente Kang lo tenía mejor que muchos de sus hermanos, pero definitivamente podría tenerlo mejor. Su padre siempre había favorecido a su hermano mayor, Eunwoo, pero luego de que el muriera en la guerra, su padre había quedado devastado, pero lo más importante, su puesto estaba libre y por el bien de su madre Yi Kang iba a tomarlo. Era bueno en deportes, en la escuela, era encantador… pero ante los ojos de su padre, eso no valía nada si no tenía una reina. Su hermano Eunwoo estaba comprometido con la Princesa Haewon desde que tenían siete años, y si bien Eunwoo nunca había mirado demasiado a la princesa porque (sorpresa sorpresa, le gustaban los hombres) estaba dispuesto a casarse con ella, y no era un secreto que la hermosa princesa Haewon solo tenía ojos para el y quedó devastada cuando se enteró las noticias que había caído en el frente alemán. Kang le había dicho que era estúpido ir a la guerra ‘pero el quería ir de todos modos’, pero esto le facilitaba las cosas.
Cuando la guerra terminó, su padre les dio específicas a todos sus hijos hombres de edad casadera: conseguir la mano de las princesas, costara lo que costara, por cuestiones de alianza y economía, y Yi Kang lo iba a conseguir, estaba completamente seguro de eso y para su buena suerte, en cuanto salió del servicio militar, estaba listo para ir a la Universidad, justo en el año que las chicas entraban a comenzar sus estudios “Juro que te llamaré al menos tres veces a la semana, también te amo mamá” dijo dándole un abrazo a su mamá que lo estaba mirando con lágrimas en los ojos porque no se había separado nunca de ella por tanto tiempo.
“Hola hermanos” dijo acomodándose su traje, mirando a sus hermanos, mientras Gon lo miraba con asco y terminaba de recibir su paquete de esenciales para iniciar la escuela. “Si me disculpan” dijo con una sonrisa, acercándose a la princesa de Francia que se encontraba con su hermano mayor “Si me disculpa, soy el Príncipe Kang de Corea del Sur y mi hermano sirvió en el frente con ustedes, quería agradecerles por su esfuerzo” dijo extendiéndole la mano al Delfín y luego a la princesa, que le dieron sus condolencias por su hermano caído “ La muerte de Eunwoo fue un golpe fuerte para toda la familia, pero el hubiera querido que fuéramos fuertes por el… ¿Puedo ser informal?” preguntó y la chica le respondió que si “Me gustaría caminar con ustedes, verán, lo ultimo que quiero es que piensen que soy un antisocial y que solo me relaciono con mis hermanos” dijo con una sonrisa encantadora, que hizo que la princesa soltara un bolígrafo de las manos, que el le recogió “No es nada de verdad. Hola buenos días, encantado de conocerlas” le dijo a las princesas de Italia.
En cuanto comenzaron a caminar para conocer el lugar, Kang se quedó al lado de una de las princesas italianas, que estaba hablando con el acerca de las esculturas del lugar ¿Por qué todas las princesas hablaban de arte? Increíble que esa muchachita hubiera durado un segundo en el campo de batalla, sin tomar en cuenta que había retenido una ciudad entera “Te ayudo” dijo sosteniéndole el paquete de bienvenida a la princesa francesa, Estelle, porque le había dicho a su hermano que lo hiciera por ella “¿Te ayudo en algo, Gon?” le preguntó a su hermano que se acababa de aparecer, y la princesa Bella, parecía muy emocionada cuando le dió la mano y le dijo que su hermano Eunwoo había hablado con mucho cariño de el, y que sentía mucho su pérdida. Perfecto, otra vez siendo opacado por los hijos de la emperatriz “¿Hermoso día, verdad?” le preguntó a la princesa Estelle.
Sunjong no podía creer en dónde se encontraba, y mucho menos con qué propósito. No estudiar, porque eso ya era obvio, sino más bien… estaba en una misión, por así decirlo. Una ‘misión’ de la que en realidad no quería ser parte. Su vida había empezado a caer en picada desde el momento exacto en que vio partir a su hermano mayor a la guerra, y estaba de más decir que nunca había vuelto a ser el mismo después de la muerte de su hyung. Sunjong ya no sonreía, no tocaba sus instrumentos desde hacía más de un año, rara vez participaba de los eventos familiares… hasta casi ni hablaba con su hermano menor Gon. Gon, su favorito entre todos sus hermanos. Su único hermano, en realidad. Sunjong nunca había sido uno de hacer diferencias y desmerecer a los demás hijos de su padre porque no era ese tipo de persona, pero desde la muerte de Eunwoo su punto de vista era otro, y ahora sostenía su convicción de que sólo Eunwoo y Gon eran sus verdaderos hermanos. Después de todo, sólo ellos tres eran los hijos del Emperador y la Emperatriz. “Si vuelves a dirigirme la palabra sin usar los honoríficos correspondientes te aseguro que te vas a arrepentir.” Le dijo a uno de sus hermanos menores, cual fuera su nombre, y se sacudió la manga de su traje en el lugar donde el chiquillo lo había tomado del brazo mientras le venía a querer decir algo sobre Princesas.
Tenía cosas más importantes en las que pensar más que en Princesas. Por ejemplo, en la cantidad de estupideces que le habían querido meter en la cabeza antes de enviarlo a este lugar. ¿No se suponía que la prioridad debía ser estudiar? Mhm, claro. Claro que no. Era un Príncipe y lo sabía, pero quería poder decidir lo que hacer con su vida — y al mismo tiempo no podía dejar que un bastardo ocupara el lugar que le correspondía a su hyung. Sunjong era consciente de que no era ni la mitad de apto de lo que lo había sido Eunwoo, pero aún así ésa era la única razón que tenía para querer subir al trono. O en todo caso, que lo hiciera Gon. No confiaba en ninguna de las otras ratas — principalmente en Jaegwan y Kang, que por supuesto no habían perdido tiempo y ya estaban detrás de las Princesas de Italia y Francia, como esos perros molestos que nunca te dejaban en paz sin importar cuánto los ignoraras. De todas formas, en cuanto una de las chicas lo miró no pudo quedarse en su lugar sin hacer nada, por sus razones personales y porque además él estaba bien educado. “Buenos días, Princesa. Soy el Príncipe Sunjong de Corea del Sur, encantado de conocerla.” Saludó a la menor de las princesas italianas, dado que la Princesa Lucrezia se encontraba ocupada y él no se atrevería a interrumpirla bajo ningún concepto. Mucho más allá de que fue ella la que interrumpió su propia conversación y ‘casualmente’ se acercó para decirle ‘hola, ¿qué tal?’, casi haciéndolo reír mientras le hacía una reverencia. “No estaría tomándome un atrevimiento si me refiero a ustedes señoritas de manera informal, ¿verdad? Si es el caso, mis más sinceras disculpas por siquiera haberlo sugerido.” Dijo esperando que ellas no se lo tomaran para mal, lo cual era un tanto improbable porque en su cultura los honoríficos no eran tan necesarios ni muchísimo menos obligatorios.
Y era agradable saber que podía llamarlas por sus apodos, porque Sunjong sabía tanto sobre la Princesa Zia que se hubiese sentido un tanto incómodo al principio si hubiera tenido que referirse a ella por su nombre completo y no de la manera en que estaba acostumbrado gracias a Eunwoo, que vivía nombrándola en las cartas que le enviaba todo el tiempo. Todavía las conservaba, por supuesto, así como recordaba cada una de ellas casi de memoria — lo suficiente como para mantener vivo el recuerdo de su hermano todo el tiempo, y para poder darse cuenta de que aún así las magníficas palabras de adoración de Eunwoo tampoco le habían hecho justicia al encanto que irradiaba esta jovencita. ¿Y qué era lo que más admiraba de ella, incluso si en realidad no la conocía tanto como creía? Que no importaba cuán princesita perfecta pareciera por fuera, ella sí que era una verdadera guerrera, con todas las letras. “Princesa Zia, no quiero dejar pasar esta oportunidad para poder agradecerte todo lo que hiciste. El buen ejemplo que le brindaste a tu nación, y a todo el mundo también. Mi hermano el Príncipe Eunwoo me hablaba maravillas de ti en las cartas que enviaba, y…” Mencionar a su hermano hablando en tiempo pasado en voz alta todavía era una de las cosas difíciles que podía llegar a hacer, más aún si era hablando de las cartas de las que posiblemente nunca antes le había hablado a nadie más que a Gon, pero Sunjong tenía que ser fuerte por más de que se le estuviera haciendo un nudo en la garganta porque sabía que si seguía hablando iba a ser con la voz quebrada, incapaz de controlarse. “Lo siento, es que realmente lo extraño.” Confesó en voz baja, bajando la vista por unos segundos para recuperarse antes de volver a levantarla así podía mirarla a la cara mientras le hablaba. “Muchísimas gracias, en serio. Eunwoo hyung estaba orgulloso de ti tal como un lo estaría un hermano, me lo dijo varias veces.” Le sonrió, sintiendo que era necesario comunicarle eso. “Por ende, hablo en nombre de mi familia cuando digo que nosotros también lo estamos.” Dijo manteniendo su sonrisa y disculpándose con ella porque no quería molestarla y acaparar todo su tiempo. O tal vez porque necesitaba encontrar un lugar alejado o escondido, así podía llorar por lo mucho que extrañaba y necesitaba a su hermano. “Mian haeyo, hyung.” Sollozó cerrando su mano en torno al reloj de bolsillo que alguna vez le había pertenecido a Eunwoo, el cual fue un regalo que le hizo la noche antes de marcharse. La última vez que lo había visto vivo.
Técnicamente, Zia no quería ver a los príncipes coreanos porque le recordaban demasiado a Eunwoo y eso le traía demasiado flashbacks de guerra ¿Pero cómo negarle a alguien que había sufrido tanto la pérdida de su hermano hablar de eso? Zia había experimentado el terror de pensar que su hermana estaba muerta cuando la dieron perdida en acción durante dos días, para luego reportar que estaba en un hospital cercano, no quería ni imaginarse lo que iba a ser tener que vivir sin su hermana y por eso, no quería ni pensar el dolor por el cual transitaba Sunjong, que era muy querido por su hermano y lo sabía. Por eso, cuando el se retiró miró a su hermana “Bella, tu sigue yo me voy a buscarlo ¿Está bien?” preguntó dándole un apretoncito en la mano y luego la abrazó cuando ella le dijo que estaba bien “Si me necesitas haz la señal”
No tuvo que caminar demasiado para alcanzar al chico que estaba en un lugar “escondido”, sollozando de la manera más calmada posible “Ey...” dijo tomándolo por sorpresa, haciendolo soltar lo que fuera que tuviera en la mano al piso “No, no, está bien, ser valiente no significa no llorar” dijo levantando lo que parecía un reloj de bolsillo “¿Quieres hablar?” preguntó mientras le prestaba uno de sus pañuelos de seda que tenían sus iniciales bordadas “Tu hermano fue muy, muy valiente y un guerrero hasta lo último. Y te quiso muchísimo, Sunjong” le aseguró mientras le ponía una mano en el hombro “Está bien que los extrañes, porque lo vas a extrañar toda la vida, porque nunca vas a dejar de amar a tu hermano, y así como el tampoco te va a dejar de amar a ti. Espero que sepas que el siempre te tuvo presente” tras eso susurró “Debo parecerte una loca, siguiéndote acá y dándote un soliloquio de seguir la vida adelante pero siento que tu hermano lo hubiera querido así” en cuanto terminó observó la cara del chico, el cual era guapo, aún más guapo que lo que Eunwoo alguna vez lo había descrito, a parte de que las fotos no le hacían justicia a su hermosura... bueno, a lo que estaba. La miró con unos ojos de bambi perdido, y sacudió la cabeza despacito, para luego decirle que no le parecía una loca ni nada, y que tenía razón, además de que confiaba en sus palabras no sólo porque sabía que Eunwoo lo hubiera querido así, sino que también sabía que su hermano confiaba en ella y por consiguiente, el lo iba a hacer también “Entonces... tengo algo para darte, lo tengo en mi casa. Es de tu hermano” susurró “El tuvo la idea de dejar algo por si algo nos pasaba para nuestros seres queridos, y el me encargó darte algo. Si me sigues a mi casa, te lo puedo dar, después de todo ya nos perdimos todo el tour”.
Al llegar a su casa, la princesa subió a su habitación y encontró lo que buscaba, y bajó rápidamente al living, donde estaba sentado Sunjong con una taza de té al lado, seguramente obra de su mayordomo, Vicenzo “¡Gracias Vicenzo!” gritó desde el living para que el señor la escuchara. “Esto es para ti” susurró, dándole la carta con su nombre “Y también esto” dijo sosteniendo con cuidado un pequeño patito hecho de legos, ya desgastado por el tiempo “Dijo que tu sabrías que es” a simple vista, no era nada del otro mundo, pero seguramente tendría algún significado para el chico
@LouisPhilippe: "Call me Napoleón please — or León, it makes me feel younger." Oh, Father.
@estelle: @LouisPhilippe remind me to never bring him with us EVER again.
@ziaborgia: It is certanly better than "Shut up Zia, you are not the Queen until I say so" and the "Did you find a husband yet? Then talk to me when you do so" @estelle @louisphilippe
Se suponía que estaba en descanso psicológico, pero Zia estaba segura que aunque descansara toda su vida, tanto ella como su hermana jamás se recuperarían de lo que habían visto. Le habían recomendado que intentara volver a re insertarse en la sociedad, pero lo único que Zia tenía eran ganas de llorar. Claro, nadie la había obligado a ir a la guerra pero lo había hecho de todas maneras, era su deber después de todo, debía demostrarle a los demás que ella era una Borgia y que su Princesa estaba dispuesta a luchar, y por ende ellos también debían. Todo había comenzado cuando los idiotas alemanes tuvieron la genial idea de comenzar una guerra que sabían que no iban a terminar, Lucrezia tenía la teoría que utilizaron la guerra como método de manejar la población rusa; sin embargo, habían elegido a Francia, Italia y Mónaco como los países que querían atacar porque eran los más prósperos de la unión Europea bajo una estúpida excusa que ahora no podía recordar porque a estas alturas, los motivos no importaban, lo importante era que su pueblo estaba siendo arrastrado a una guerra que había empezado cuando lanzaron bombas a un pequeño pueblo de la Toscana.
“Bella, despierta” dijo apoyando la bandeja con el desayuno al lado de la cama de su hermana, que abrió los ojos en seguida y dijo que había tenido una pesadilla, así que Zia hizo lo que cualquier hermana hubiera hecho y la abrazó “Está todo bien, ya no estamos ahí” dijo recorriéndole la espalda con su hermana, deteniéndose con cuidado en la cicatriz que tenía en su espalda debido a una herida que había recibido cuando tomaron un punto importante del enemigo juntas y lo retuvieron durante un mes con mínimos hombres y provisiones. Pero no quería hablar de eso ahora, hoy era un día especial porque empezaban la Universidad, como personas normales.... o al menos eso pretendían. Por eso, tras terminar de arreglarse, las dos se sentaron en su excesivamente larga mesa y desayunaron mientras veían a los empleados ir de allí para acá para los arreglos de la casa. “Vamos a tener un buen día” murmuró, tras poner su taza de café en el platito, mientras su hermana le recordaba que no era una buena idea tomar cafeína “Es mi día de permitido, no seas una maldita” se quejó en un rápido italiano mientras tomaba su mochila y comenzaba a caminar hasta donde estaba su Lamborghini para ir al campus, tenía que llegar temprano porque hoy le mostrarían el lugar y conocería a los demás príncipes, cosa que era importante, no para ella en realidad, no creía poder tolerar la presión psicológica de interesarse por alguien... por otro lado, su madre, deseaba eso más que nada. Sobre todo con los príncipes asiáticos ‘que a sus países les estaban yendo tan bien’. Era gracioso, Lucrezia era la princesa heredera de Italia y tenía tanto poder de decisión en su vida como un preso político.
“Buenos días Estelle, espero que hayas empezado la mañana tan bien como yo, por supuesto después del grito matutino por la pesadilla de estar bañanadome en la sangre de los príncipes de Alemania, pero ya sabes, hashtag just girly things” dijo mientra caminaba y su hermano el delfín de Francia se les unía “Por si no te enteraste Louis, estamos en una Isla así que porque no me haces un gran favor y corres hasta el muelle y saltas al mar, delfincito” dijo rodando los ojos. Desde que su madre había puesto de baja su compromiso no oficial, estaba bastante determinado a volver a eso, pero Zia no estaba de acuerdo para nada; no le parecía correcto casarse con una persona que iba a heredar todo un país para el, y por su puesto no tenía ganas de que su madre atara y des atara su vida pero ¿Qué podía hacer? Fue sobresaltada cuando un grupo de nobles menores hizo un pequeño gritito, seguramente por la congregación de príncipes asiáticos que había aparecido “Por Dios, parece que cada vez hay más” dijo rodando los ojos. La última vez que había ido a Corea del Sur solo había conocido a los reyes. “Buenos Días, Lucrezia Borgia, prince... si, claro que te doy un autógrafo” le dijo al duque que estaba dándoles su pack de ingreso. Tanto los príncipes de Francia como ellas dos, eran algo así como celebridades, dado que ‘su gran valentía inspiraba naciones’. Luego fue el turno de su hermana, y de Estelle. Al recibir el paquete lo primero que hizo fue mirar para atrás y ver a la cantidad de príncipes ingresantes “Buenos días” dijo haciendo una leve reverencia y acomodándose en el lugar donde saldrían a hacer el tour “Si luego de un año no conseguimos marido sabes que mamá nos va a acomodar con quien ella quiera y eso no va a ser agradable ¿Verdad?” susurró a su hermana Bella, sin embargo ella le dijo que lo tenía más facil porque ella iba a ser una reina “En eso tienes razón” se rió tomándole la mano a su hermana porque de repente se sentía nerviosa nuevamente, quién sabía si era porque todos estaban hablando a la vez o que.