Muchas veces me pregunto por qué he estudiado una carrera y si, acaso, ha merecido la pena, pues después de tanto esfuerzo, tiempo y dinero, la situación sigue siendo la misma. Da igual que aspire a algo para lo que estoy cualificada, que para algo que no requiere experiencia porque la respuesta sigue siendo la misma. No. No encajas en el puesto. Buscamos otra cosa. O, la peor de todas, un ensordecedor silencio.
Muchas veces me pregunto si quizá soy yo el problema. Muchos me dirán que no, yo misma en el fondo sé que no, pero cuesta no dejarse arrastrar por un pensamiento tan catastrofista y profundo cuando nadie te concede una oportunidad. ¿Qué es lo que no tengo que otros sí? Probablemente muchas cualidades,pero cuando cumples con todos los requisitos, ¿qué es lo que falla? ¿Mi aspecto? ¿Mi nombre? ¿Cómo puede una empresa rechazarte con un simple vistazo a tu currículum? Estaría bien saberlo, aunque, si nos paramos a pensarlo, da igual cumplir con todos los tips mágicos para tener un cv magnífico, porque ni aun así se materializa el trabajo.
Aparento menos, pero tengo casi 31 años y han pasado 9 años desde que acabé la carrera, y 10 desde que finalicé mi máster. Seguí todos los pasos mágicos que me aconsejaron: fui a la universidad, saqué siete matrículas de honor, coseché una nota media más que decente, no falté ni un solo día a clase, luego hice un máster, estudié dos idiomas y continué formándome a través de distintos cursos y…la magia no surtió efecto.
Tengo 30 años, estudié por vocación y a día de hoy, ni siquiera me quieren para trabajar en una tienda. Pero lo peor no es eso, lo peor es tener que responder una y otra vez de forma negativa a la pregunta de cómo me va. Estoy cansada, a veces, incluso, hasta me da ansiedad y por eso, me escaqueo de algunos compromisos sociales. No quiero que nadie me pregunte porque cada vez que lo hacen meten el dedo en la llaga, sé que no con malas intenciones, pero joder, duele. Duele tanto que asfixia. Duele tanto que provoca pensamientos intrusivos. Duele tanto que terminas sintiéndote un fracaso. Por eso, intentas obviarla, escurrirla, devolvérsela al contrario, porque siempre es más fácil oír al resto que enfrentarte de nuevo a semejante vorágine de malos pensamientos.
Supongo que hoy escribo esto y lo publico porque lo necesito. Porque quiero que el mundo sepa lo que hay detrás de cada sonrisa impostada, de cada respuesta parca y de cada vocación frustrada. Hoy me resquebrajo, pero no quiero palabras de ánimo, solo validación, solo consuelo…porque nada jode más que ver como no alcanzas tus sueños.