Madurar también consiste en soltarle la mano a las personas aunque no quieras, aunque duela, aunque no entiendas. Porque madurar también es saber que tarde o temprano todo tiene un porqué de ser
Anónimo
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Madurar también consiste en soltarle la mano a las personas aunque no quieras, aunque duela, aunque no entiendas. Porque madurar también es saber que tarde o temprano todo tiene un porqué de ser
Anónimo
El hacha olvida, el árbol recuerda.
3:00 AM
3:00 AM como ya era costumbre en estos últimos días se despertó e inspeccionó la habitación, la cama parecía haber ganado tamaño con el paso del tiempo, las paredes parecían haber perdido su color celeste que a ella tanto le gustaba. Hasta las cortinas lucían pálidas y deprimidas. Necesidad
Hace tres semanas que se fue, que me dejó con un apartamento lleno de recuerdos y una herida en el corazón que nunca podré superar. Éste, el que antes había sido nuestro hogar, en el cual habíamos sido tan felices, en el cual habíamos compartido aquellas charlas que parecían nunca terminar. El mismo apartamento donde le pedí que compartiera conmigo todas las noches y los días que restaban en mi vida, de repente se había convertido en un museo, donde yo caminaba y en cada rincón, encontraba una escena, como si alguien estuviese proyectando en cada cuarto, en cada baldosa algo vivido. Nos separamos por algo tan estúpido, en verdad creo que esa cosa estúpida fue la gota de rebasó el vaso. Veníamos arrastrando palabras sin decir, silencios incomodos hacía ya un tiempo, lo único que nos mantenía unidos era el inmenso e inmensurable amor que sentíamos el uno por el otro, pero a veces, a diferencia de lo que tanto se lee y se escucha, el amor no es suficiente. Es más, el amor nos había convertido en parte de un chicle gigante que nos mantenía unidos sin importar cuanta fuerza hiciéramos para despegarnos el uno del otro. Pareciera ser, que el anhelo de ambos se había hecho realidad, tres semanas llevábamos separados, tres semanas de intenso sufrimiento y dolor. Por más salidas con amigos, por más que lo intentara evadir, el vacío que ella me había dejado habitaba en mí y me acompañaba a todos los lugares que visitaba. Lo sentía como si fuese un pozo infinitamente profundo, imposible de llenar, por más que uno tirara cosas, éstas nunca tocaban fondo.
La extraño tanto, el compartir mi día con ella, el preguntarle cómo le ha ido, que ha hecho de nuevo. La guerra de cosquillas que eran el epilogo a despertarme y verla dormir, tan serena, tan hermosa. Recién ahora caigo en conciencia de lo que ella aportaba en mi vida, de cierta forma siento que los días han perdido algo de su brillo, ya no siento es entusiasmo que sentía al despertarme y sentir el olor a café, correr a la cocina y verla usando una de mis camisas, camisas que le quedaban mucho mejor a ella.
Todo esto pasaba por la cabeza de Andrés mientras apretaba sus ojos con fuerzas, para así, lograr estar con ella una última vez, poder compartir una última conversación, una última cena, aunque sea en un sueño.
SE BUSCA
Se busca una novia para compartir apartamento de tres dormitorios y toda una vida juntos
5
Ella caminaba rápidamente hacia el trabajo, como siempre, su alarma había sido apagada por el animal que desea invernar que habitaba su inconsciente y estaba llegando tarde al trabajo. Tal vez, no debí haber optado por estos zapatos, no son los mejores para correr hasta el trabajo pensó para su interior. Miró su reloj y pensó: estoy llegando tarde. Empezó a correr El, sentado en la misma mesa del mismo café en el cual desayunaba todas las mañanas desde que se divorció tres años atrás. Leyendo el diario para evitar todo tipo de contacto con otra persona, de vez en cuando, levantaba la mano para indicarle a la moza que le traiga más café. No veía a sus hijos hacía más de cuatro meses, su nuevo puesto de trabajo y el sexo carente de sentimientos le habían quitado ese privilegio, el ver crecer a sus propios hijos. Miro su reloj y pensó: estoy llegando tarde. Empezó a correr. Dos extraños corriendo hacia dos lugares distintos de una misma ciudad, ambos con miedo de perder el único lugar que les permite ocupar su tiempo y no pensar en todas las malas decisiones que han tomado, en toda la gente que han perdido. Aun así, el destino tiene otros planes para ellos, sin buscarlo, se chocan el uno con el otro en una esquina, por un segundo ambos se olvidan del mundo vacío en el que viven, por un segundo se permiten mirarse a los ojos y sentir por primera vez en mucho tiempo algo, algo que no pueden entender.
Amando cada rincón de esta ciudad, no deja de sorprenderme 🌴🏠🌳
Once you let yourself grow close to someone, cutting ties could be painful
1Q84
Dos extraños
Sumergida en su mundo, ella camina rumbo al tren que debe tomar como todos los días para poder llegar al lugar de trabajo. Luciendo muy formal en su ropa que poco encaja con ella pero que debe usar día tras día como si fuese una máscara para poder ser aceptada, para no evitar el ser juzgada por tan solo tener los brazos llenos de tatuajes, tatuajes que tienen un significado emocional muy fuerte para ella, pero, ¿a quién le importa las emociones? No tenemos tiempo para esa clase de cosas. Piensa en todas las cosas que ha tenido que renunciar por el hecho de que a veces, la vida no nos da opciones, a veces, la democracia social no es tal. Apura su paso y se sube en el 3er vagón de ese tren.
Él, camina rápidamente sin sacar los ojos de esa pantalla de 15 pulgadas que tiene en frente, debe apurarse si desea agarrar este tren. Se despertó tarde, no pudo desayunar con su hijo, no pudo saludar a su esposa, obviamente no debemos poner a la familia por encima de lo que nos da de comer. Camina sin mirar quien o que lo rodea. Se ha perdido tantos momentos de la vida de su hijo, momentos que él piensa que no son tan trascendentales, ausencias que él piensa que puede pagar con cuartos llenos de juguetes. Apura su paso y se sube al 3er vagón de ese tren.
Por un momento, la superficialidad del mundo parece desaparecer, él la mira y ella le devuelve la mirada. Sin saber por qué, se ve forzada a desenchufarse, a salir de su mundo por tan solo un instante y aterrizar en la realidad. El tiempo, parece estar a su favor y se detiene por completo, los segundos parecen ser eternos, lo que son tan solo unos pocos segundos parecen ser horas, ambos sostienen la mirada fija en el otro. Sin embargo, este momento es muy real para lo que el mundo los tiene acostumbrados, se ponen incomodos y ella vuelve a enchufarse, busca desesperada una vía de escape de esa realidad tan fuerte y latente. Cierra sus ojos por unos instantes y cuando los abre, él ya había desaparecido.
Un último adiós
“Ya está” dijo ella dándole la espalda, él intentó acercarse, poner una mano sobre su hombro como para poder reducir de alguna forma la distancia que los separaba, distancia que eran tan solo metros pero que se sentían como siglos.
Él en verdad temía perderla para siempre, no se imaginaba su vida sin ella, no podía asimilar un día donde su cara no apareciera plasmada aunque sea por tan solo un instante. Ella no quería mirarlo, sabía que no podría contener las lágrimas que tanto estaba luchando por mantener dentro de sus ojos. Ella sabía que este era el final por más doloroso que sea aceptarlo, la relación no daba para más, la relación se había vuelto un carro muy pesado, un carro que había que empujarlo todos los días y sinceramente, ella estaba cansada de hacer fuerza.
“Llega un momento” dijo ella con la voz tímida, tan tímida que ni ella se reconocía “en el que hay que aceptar que el capítulo finalizó, por más que nos haya gustado, que lo hayamos disfrutado a más no poder. Yo siento que esto que vivimos ha llegado a su final, pasamos más tiempo forzando las cosas para que funcionen que disfrutándolas, sé que la pasamos muy bien y sabes que te quiero con el alma pero esto solo nos destruye por dentro”. Él permanecía inmóvil, pensativo, estaba un poco sorprendido de que ella se atreviera a romper el silencio, ese silencio que generaba un clima incómodo y que pesaba muchísimo como una mochila cargada de piedras. Una mochila que llevaba atada a su espalda hacía tiempo.
No podía evitar ir hacia atrás, repasar una y otra vez su relación, repasar los momentos, los te quiero, lo compartido, repasarlo y ver en que había fallado. “No es tu culpa” dijo ella respondiendo a la pregunta que implícitamente él había realizado, ya habían llegado a ese punto de la relación donde tanto se conocen que ya saben que pasa por la cabeza del otro. “Tal vez tampoco sea mía, tal vez no se trata de culpas” y por primera vez se atrevió a darse vuelta y mirarlo a los ojos. Sus ojos decían tantas cosas que él no se atrevía a soltar, tantos silencios guardaba su mirada. Ella simplemente lo abrazó y luego rápidamente se paró y se marchó por la puerta donde tantas veces limito el sentimiento de frontera, esa frontera entre el mundo hostil que la esperaba todas las mañanas y ese lugar al cual ella llamaba orgullosamente hogar.
Tal vez ese era el problema, hace tiempo que esas paredes dejaron de encerrar ese sentimiento de pertenecer, los cuartos se habían vuelto fríos, hasta las paredes parecían haber perdido color. Él quedó sentado en la cama, mirando hacia la puerta, guardando un discurso que tenía preparado hace tiempo, dándole una vez más lugar al silencio, sin poder evitar pensar en que hubiese pasado si él se hubiese animado a hablar, si hubiese roto ese silencio de una vez por todas para asegurarle a ella que nada había cambiado, para hacerla sentir como en casa otra vez.