Otra madrugada más. 2:45am
Otra madrugada en la que mi mente se niega a dormir y decide vivir mil vidas antes de cerrar los ojos.
No deja de regresar a lugares donde el tiempo ya no existe.
A veces me pregunto si a todos les sucede lo mismo, o si mi corazón encontró la extraña manera de seguir viviendo aquello que ya terminó.
Me preguntó: Será que mi mente tiene un don, o una condena?
Es capaz de reinventar la historia una y otra vez.
Cambia las palabras que nunca dijimos, corrige los silencios, inventa nuevos finales y me permite volver a encontrarte como si el destino aún estuviera escribiéndose.
Y en cada una de esas vidas imaginarias ocurre algo curioso:
Al final, siempre vuelves.
Con otra manera de amar, con otro camino, con otro tiempo, pero siempre eres tú.
Entonces entiendo que el amor no solo habita en la memoria.
También habita en la imaginación.
Porque el corazón se resiste a aceptar que algunas historias solo pueden vivirse una vez, y la mente, por compasión, nos regala infinitas versiones donde todavía somos posibles.
Quizá por eso nunca dejo de soñarte.
No porque viva atrapada en el pasado.
Sino porque hay personas que dejan una huella tan profunda que incluso la imaginación las convierte en eternas.
Y mientras el mundo duerme, yo sigo viviendo cientos de vidas.
En algunas te encuentro tarde.
En otras te busco hasta encontrarte para empezar antes.
Y en todas, absolutamente en todas, termínanos amándonos y vuelvo a descubrir que hay amores que no necesitan existir para seguir haciéndonos sentir vivos.
Porque hay personas que abandonan nuestra vida y hay otras que, aunque el tiempo avance, encuentran la manera de quedarse para siempre en el único lugar donde nadie puede arrancarlas:
La imaginación de un corazón que nunca dejó de amarlas.