4. EL TRASTORNO BIPOLAR: SINTOMAS
Para el trastorno bipolar, caracterizado por episodios de manía o depresión intercalados con periodos de humor normal, es muy difícil establecer un patrón o frecuencia para dichos cambios. La mayoría de las veces es impredecible y las oscilaciones pueden mantenerse durante cortos periodos de tiempo o, por el contrario, durar muchos años. Lo cierto es que, para una mejor comprensión de la enfermedad, es importante saber diferenciar los síntomas más comunes que se manifiestan en cada episodio.
Por lo general, los episodios anímicos son muy intensos y ocurren con cambios extremos en el comportamiento y los niveles de energía. Dependiendo del momento y lugar en el que ocurren, pueden afectar o no de distintas maneras el entorno del afectado, o provocar accidentes y hasta intentos de suicidio involuntario.
Los sentimientos de euforia excesiva, alegría e irritabilidad predominan en esta fase del trastorno bipolar. Por lo general suele durar una semana y en casos de extenderse por más tiempo; puede ameritar la hospitalización. Este episodio es menos frecuente que el depresivo y no es fácil su diagnóstico debido a que muchas veces no es considerado un problema mental y quien lo padece no acude al médico.
El diagnóstico de un episodio maníaco debe hacerse cuando la alteración del humor es lo suficientemente grave como para provocar cambios considerables en las funciones normales del organismo, o que afecten las actividades habituales del individuo con presencia de indicadores psicóticos. Es importante que este comportamiento no aparezca a causa del consumo de sustancias estupefacientes o por la incidencia de alguna otra enfermedad.
Se puede hablar entonces de un episodio maníaco cuando aparecen al menos tres de los siguientes síntomas:
Gran autoestima que roza la grandiosidad; básicamente, delirios de grandeza.
Disminución o desaparición de las necesidades de dormir. A pesar de dormir poco, tiene mucha energía.
Capacidad para comunicarse de manera excesiva. Deseo incontrolado de mantener largas conversaciones.
Mezcla incontrolable de ideas que pasan por la mente.
Facilidad para distraerse hasta con las cosas más insignificantes a su alrededor.
Aumento en su deseo de alcanzar nuevos objetivos a toda costa y en cualquier plano de su vida.
Desprecio en el riesgo de realizar actividades, que pudieran resultar placenteras, pero con una alta probabilidad de acarrear graves consecuencias, como compras compulsivas o promiscuidad sexual.
Los episodios depresivos están caracterizados por un bajo estado de ánimo y/o de tristeza que puede variar varias veces durante un día y va empeorando o mejorando con las horas, por ello la depresión no muestra un patrón regular, sino uno totalmente impredecible.
Su diagnóstico puede asegurarse si el individuo sufre de al menos cinco de los siguientes síntomas por un periodo de dos semanas, siempre y cuando estos no sean causados por alguna otra enfermedad, delirios o alucinaciones:
Presenta un humor deprimido o de tristeza la mayor parte del día, prácticamente todos los días, que además es manifestado por ellos mismos o resulta fácil de notar por los demás.
Disminución manifiesta del interés por realizar cualquier tipo de actividades durante la mayor parte del día, todos los días.
Ausencia o aumento repentino del apetito, que produce pérdida de peso significativa o ganancia de peso repentina, dependiendo del comportamiento adoptado.
Padecimiento de insomnio incontrolable, prácticamente todos los días.
Comportamiento mayormente dominado por la lentitud en su actividad locomotriz.
Sensación de falta de energía o fatiga, prácticamente todos los días, sin haber realizado grandes esfuerzos.
Persistente sentimiento de inutilidad y culpa excesiva e inapropiada, posiblemente asociados a delirios.
Falta de atención y concentración, así como pérdida de la capacidad para tomar decisiones acertadas en circunstancias normales.
Persistencia de ideas asociadas a la muerte, miedo a morir o pensamientos sobre el suicidio y planes e intentos de suicidio concretos.