6. EL TRASTORNO BIPOLAR: TRATAMIENTO
El trastorno bipolar no tiene cura y se trata de una enfermedad crónica, muy difícil de tratar cuando el diagnóstico no es el adecuado. Además, por tratarse de un trastorno mental cuya principal característica es la variación constante del estado de ánimo, los diferentes síntomas que se manifiestan entre los episodios maníacos y depresivos representan un problema, por lo que el tratamiento va, por una parte, en función de controlar los cambios de ánimo y problemas de comportamiento, y por otra parte, aliviar los síntomas propios de cada episodio.
A causa de esto, el tratamiento presenta muchas variantes, cada una aplicable según cada caso, por lo cual ninguna alternativa debería ser descartada.
Psicoterapia y programas de apoyo
Este tipo de tratamientos es fundamental para aprender a manejar los síntomas de los episodios maníaco y depresivo, que debe tener una frecuencia inicial de al menos una vez por semana. Lo ideal es que esté a cargo de un psiquiatra, con el apoyo de un psicólogo clínico cuando se haya avanzado en el tratamiento.
La idea principal de la psicoterapia es que actúe como alternativa de apoyo para comprender la enfermedad, ya sea por parte del afectado como de sus familiares y personas más cercanas. También sirve de estimulante para no abandonar el tratamiento farmacológico, que generalmente se extiende durante muchos años o, inclusive, para toda la vida. Otro aspecto en el cual la psicoterapia es muy efectiva es para recuperar el ritmo normal del sueño, que lleva al paciente a dormir bien y así conservar niveles estables de energía.
Con el seguimiento adecuado de un psiquiatra, los medicamentos forman parte del tratamiento vital para controlar los síntomas del trastorno bipolar afectivo. Las medicinas recetadas debieran ser aquellas que funcionen como estabilizadores del estado de ánimo, que ayudan a evitar los altibajos que presenta un paciente en su personalidad.
Existen varias alternativas en este tipo de tratamientos:
Carbonato de litio: Se ha determinado que esta sal es ideal para el establecimiento del estado de ánimo, por lo que forma parte del pilar fundamental de tratamiento farmacológico en casos de trastorno bipolar. Su efecto suele tardar de 7 a 10 días, aunque algunas veces pueden pasar de 2 a 3 meses para comenzar a actuar de manera eficaz, y tiene efectos secundarios bastante notables, como temblores, náuseas y vómitos, contracturas musculares, etc.), por lo que deben solicitarse exámenes de sangre periódicos para controlar los niveles de litio en la sangre del paciente.
Anticonvulsivantes: Su efecto es antimaníaco y como estabilizador del humor. Su uso frecuentemente ocurre cuando el trastorno bipolar no puede ser tratado con litio, a causa de algún tipo de contraindicación o la no tolerancia a sus efectos secundarios. Por lo general, los anticonvulsivantes más recomendados son la carbamacepina y el ácido valproico.
Antipsicóticos de nueva generación: Ideales por su gran capacidad para controlar los episodios maníacos. Los más usuales son olanzapina o quetiapina, especialmente para curar los síntomas a corto plazo.
Antidepresivos: Para los casos de episodios depresivos, siempre es recomendable la recomendación de los antidepresivos llamados inhibidores selectivos de recaptación de serotonina, como lo son el citalopram y fluoxetina.
El tratamiento con medicamentos es delicado porque no todos los pacientes reaccionan de igual manera. Los pacientes deben evitar en todo momento suspender el tratamiento por cuenta propia, por lo que el control del psiquiatra es eminentemente necesario. Si el paciente decide por cualquier motivo dejar de tomar las medicinas, la consecuencia segura es que los síntomas volverán a manifestarse, muy probablemente ahora con mayor gravedad.
Terapia electroconvulsiva
Cuando el paciente no responde al tratamiento con medicamentos para tratar los episodios maníacos o depresivos del trastorno bipolar, una alternativa válida es la terapia electroconvulsiva o de electroshock. Esta terapia consiste en la aplicación de corriente eléctrica directamente en el cerebro, que le ayuda a corregir ciertas anomalías en su estructura y aliviar los síntomas de la enfermedad.
En ocasiones los síntomas maníacos o depresivos son lo suficientemente graves como para recurrir al tratamiento hospitalario, donde el paciente deberá permanecer bajo observación permanente de un psiquiatra y con la atención médica necesaria.