❝ A veces me pregunto sí continuo aquí. Es como cuando te observas en el espejo y repites tu nombre: Lee Chan Hee, un millar de veces. Con la transición de estas, el nombre te resulta extraño, ¿seré realmente yo? A veces siento que me pierdo a mí mismo en mi reflejo ❞.
20 de Marzo 2016, Seúl, Corea del Sur.
Los días trascurrían, la noche llevaba ya varias horas despierta cuando Lee Chan Hee volvía hacia el departamento compartido. El gélido frio punzante mordía sus brazos y mejillas, como un recordatorio de que era el inicio de la primavera. La calidez de la luz del sol fue robada con rapidez y remplazada por la helada luz de luna. Bajo el baile de los árboles frutales que dejan caer sus pétalos como si fuese nieve, el vocalista respiro hondo la fragancia de la primavera, guardaba un exquisito aroma a lavanda que surgía al mezclar la fragancia de varios árboles frutales. ¿Cómo no perderse entre la tranquilidad de un atardecer? ChanHee no era la excepción, a pesar de ser gran aficionado de los días fríos. Esos días eran el contraste perfecto con lo que creía que habitaba dentro de él, quizás sus gustos cambiaban de parecer. No obstante siempre existen los contrastes en la vida, los reflejos de dos cosas diferentes nunca se mezclan.
Sus pasos eran tranquilos, no temía el perder instantes de tiempo. Era una temporada de descanso para la mayoría de los integrantes de Teen Top, tiempo de relajarse y salir de la abrumadora agenda que los consumía día con día. El aire corría sin prisa alguna, respaldándose entre las finas hojas de los arbustos. Sin haberse dado cuenta, el vocal había entrado en un parque cercano. Ser distraído se estaba convirtiendo en una costumbre para Chan Hee, casualidades de la vida.
Simplemente contemplar el verde lienzo de los alrededores le brindaba un sentimiento de calma, como si las preocupaciones se hubiesen extraviado en alguna parte de su recorrido. Con cada paso una carga se liberaba. Ahora sin ninguna distracción era cuando se podía tomar la libertad de pensar en las cosas más insignificantes. Esas que lo incluían a él como tema central.
Gradualmente su velocidad fue disminuyendo hasta quedarse estático, su mirada se alzó y para su beneficio una banca se encontraba cercana a él. Él a quien la pereza podía atacarlo sin piedad y repentinamente. Muchas eran las noches que había trascurrido en la que su cuerpo caía inerte sobre las sabanas y sus parpados actuaban como sí estuviesen hechizados, sumergiéndose en la infinidad de sus sueños que no lograba recordar a la mañana posterior. Al percibir el solitario parque tomo asiento en la banca vacía, su cabeza se recargo en el respaldo y sus orbes captaron la luz de las escasas estrellas que comenzaban a aparecer, brillar sobre el cielo que se matizaba con colores violetas y anaranjados. El cielo podría ser el mural perfecto de que no todo se pierde, de que sin importar las distancias, compartías el mismo cielo con tus seres queridos, que algunas estrellas mensajeras viajaban y eran vistas por las personas que esperas. Hay ocasiones en las que te debes encontrar a ti mismo antes.
De ahí surgía la cuestión: “¿Quién era realmente Lee Chan Hee?”
Frente al escenario y cuando las personas se amontonaban para ver al grupo. Dejaba de lado su nombre real y se adaptada a lo que Chun Ji era y es así como la vida se compone. De apariencias que tratas de ocultar. Al menos el cantante podría practicar su verdadero yo en cierta parte, luego de los años era imposible que su personalidad verdadera no se hubiese elevado a la superficie. La vida de un artista no era tan simple como se podía apreciar en una presentación. Gozaba de sus altos y sus bajos, como quien intenta mantener la voz en una nota. Su diestra acaricio el puente de su nariz y sus parpados se cerraron sutilmente. Sus fauces se entre abrieron para liberar un suspiro que se perdió entre el ambiente.
No podía pensar más, él tenía la respuesta. Lee Chan Hee era lo que el decidía ser, nadie podía cambiarlo.
04 de Agosto 2009, Seúl, Corea.
Martes por la tarde, el clima era templado, el sol se ocultaba entre dispersas y suaves nubes, mismas que parecían haber sido dibujadas en un lienzo a lo lejos. Los ojos del vocal eran cubiertos por su antebrazo, y sus labios se colocaron entreabiertos, respirando plácidamente por esa abertura de entre sus fauces. A pesar de la oposición que implementaba para con su sentido de la vista, algunos destellos de la luz clara se filtraban por los bordes de su brazo. Su estado; relajado.
Hacía tiempo que no había logrado descansar de tal modo, hacía tiempo que no había tenido la oportunidad de visitar a sus padres. Su extremidad se apartó abriéndose camino a una nueva perspectiva del jardín. El verde pasto tapizaba el suelo, además de algunas flores de diferentes formas y colores que hacían la función de decoraciones. Su madre tenía grandes méritos con la nueva remodelación, tanto que inclusive había añadido una cascada artificial en una de las esquinas del sitio. Todo conectado por un camino de concreto para evitar dañar el césped.
La calma brotaba por cada rincón del lugar, serenidad, todo había cambiado tanto desde que Chan Hee vivía con sus padres. Pensar el como el tiempo pasaba, imaginar cada cambio que había traído altos y bajos a su vida; creaban una nueva puerta que provocaba el viajar a su pasado y revivir aquellas épocas. Esos frescos recuerdos del mundo que habitaba en su mente.
21 de Diciembre, 2009. Seúl, Corea.
El sonido de pasos resonaba en el suelo de madera, aun podía recordar el sonido que era creado en conjunto al seguir la coreografía en coordinación. Movimientos de brazos y manos, que, aunque simples, provocaban que sus huesos se sintiesen pesados y un dolor naciese en sus articulaciones. La transpiración corría por su frente y humedecía la polera que vestía, casi como si hubiese tomado una ducha con la ropa puesta. No obstante, no podía quejarse, sin importar que tan cansado se encontrará; incluso aunque quisiese, sus compañeros tenían la misma apariencia. Existía un factor, tan lejano como una estrella y a la vez tan cerca y accesible como el oxígeno. Decisiones, los seis adolecentes en aquella sala las compartían. El camino que habían tomado, el destino al que se enfrentaban.
Una melodía volvió a iniciar resonando en las cuatro paredes de la pequeña y modesta sala de ensayo. Lo cierto es que no podía esperar para un descanso. Chanhee deseaba volver a casa y visitar su madre. Una parte de él estaba convencido de haberse acostumbrado a la rutina. Esa que surgió de las ilusiones al ser aceptado en la audición. La euforia brotaba por cada poro de su piel, como sí pudiese conseguir cualquier cosa en el mundo. Tan iluso, iluso el creer tener todo ganado, pues con el tiempo vendría el verdadero reto
Hubo un breve receso, todos tomamos asiento en el suelo. Permitio que su peso se posara cerca del espejo; cansado, sus ojos le privaron de luz y su cabeza toco suavemente la superficie fría del suelo. Era consiente de la respiración agitada que se escapaba de entre las comisuras, del aleteo de su corazón que corría sin cesar gracias al esfuerzo físico, las gotas de sudor que resbalaban por la frente del joven y se perdían entre los cabellos. Era un éxtasis inexplicable, ese que sientes de satisfacción al haber entregado todo de ti. ¿Satisfacción? Quizás, pero también existía una pizca de algo desconocido. Se detuve para intentar adivinar de que se trataba ignorando el discurso del gerente que solo era una voz lejana como fondo a sus pensamientos.
— “Muchachos recuerden que en tres días es navidad, sin embargo el debut se acerca y temo que tendrán que venir a practicar ese día también, ¿de acuerdo?” —. Chanhee abrió sus parpados de golpe y enseguida busco el reincorporarse con la ayuda de sus brazos. ¿Estaba bromeando? Navidad es una época de descanso y de convivir con familia, no podían hacerles esto, ¿o sí? Como un reflejo se alzó sobre sus piernas y estaba listo para protestar, las palabras se agloparon en la punta de su lengua y…
— “Pero hyung, es navidad. No deberíamos trabajar” —. Esa era una voz más aguda que la de Chanhee definitivamente. Uno de los chicos había protestado compartiendo los pensamientos de un Chanhee de diez y siete años de edad, quien estuvo de acuerdo. Pensamientos infantiles que poseían.
❝ A veces debemos hacer sacrificios. Cambiar unas cosas por otras. Olvidar algunas costumbres solo para iniciar un nuevo camino. Construir los cimientos de nuestro futuro ❞.
10 de julio, 2010. Seúl, Corea del Sur.
Y en el panorama menos imaginable se encontraba. Corazón palpitante, retumbaba contra las paredes de su pecho que le tenían de prisionero. El sonido de varios gritos de euforia hacía eco en su cabeza y se arremolinaban en mi mente con un ruido sordo. Manos transpirantes, rostro que aunque mostraba tranquilidad, la inquietud se delataba con una sola mirada, nerviosismo.
El día tan esperado había llegado. Teen Top haría su debut luego de meses de preparación, navidades perdidas, fechas importantes cambiadas por horas extras de ensayos y sin embargo no existía arrepentimiento en su ser.
Sí hubiese tenido que pasar por todo esto para asegurarme que este día llegaría, lo haría sin titubeos.
— “¡Teen Top! Dos minutos, prepárense” —. Una coordinadora les dio la señal para entrar en el escenario y tomar sus posiciones. Meses de entrega para un momento. El tiempo te hace conservar los recuerdos con recelo. Esos imborrables. Los nervios se dispersaron una vez que la música inicio; se sentía completo, feliz, extasiado, ese era el lugar al que pertenecía.