La echaba de menos. No iba a negarlo, llevaba casi una seana sin verla y se le había hecho eterno. Y es que, separarte de la persona a quien más amas por diferencias de mentalidad, no era del agrado de nadie. Sí, las persona a las que más amaba, la persona con la que quería vivir el resto de su vida, la persona por aquien había olvidado a su familia y había salido adelante… Era ella. Aquella italiana había captado plena atención por parte de la pelinegra desde antes que la contraria conociera a Lana. Por ello, cuando negó que Reagan quisiera casarse con la misma, una ráfagada de sentimientos invadió su cuerpo. Desde su punto de vista, aquello no era cierto. La amaba con locura, y era capaz de casarse hasta en ese mismo instante.
Mismo instante en el que divisó a su novia a metros de ella. Habían quedado en verse antes de ir al hospital, pues era probablemente el momento en el que ambas se encontraban más calmadas. No sabía si Adrianna lo recordaba, pero estaban en el puerto de agua fluvial donde habían tenido su primera cita real. Se acercó a la figura femenina, observándola sin saber muy bien que hacer. Sin embargo, su cuerpo se adelantó a su consciencia, y se fundió en un abrazo con esta — Dios… Te he echado tanto de menos —. Admitió, al oído de la fémina.
Una vez se hubo separado de ella, la miró directamente a los ojos. Sabía lo que venía ahora, pues aquel tema era el motivo de la pelea, y debían charlarlo como personas civilizadas, como una pareja civilizada. No quería dar la primera palabra, pues le aterraba darle los motivos de por qué no quería tener hijos. Motivos que resultaban ser muchó más que personales, pues eran, principalmente, sobre lo que había vivido en su infancia. Sus padres eran unos señores de negocios que viajaban de aquí para allá, y el poco tiempo que pasaban con ella, se lo dedicaban a lanzarle malas miradas y alguna que otra bronca y paliza. Ella sabía que sus padres no querían haberla tenido, pero la cosa se complicó cuando, a los cuatro años, su madre dio a luz a un precioso niño, que sufriría lo mismo que la mayor. Se cuidaban mutuamente, aunque este viniera más por parte de la chica, ya que con él no tuvieron tantos problemas. No quería recordar el episodio en el que apareció Lilac en su vida, pues fue sin duda el peor vivido en aquella casa. Por eso mismo, porque su novia al ser modelo iba de lado a lado, y porque temía no hacerlo bien al no saber que era tener una buena figura materna, no quería tener hijos.
Las últimas semanas habían sido una pesadilla. Era difícil lidiar con todo lo que la italiana cargaba en sus hombros y además el no tener el apoyo al que estaba acostumbrado, la hermosa ojiverde quien no salía de su mente ni por un segundo, parecía ser una tortura constante. La mayoría del planeta se imaginaba que la modelo tenía una vida perfecta, y por más que fuese una vida llena de comodidades y amor familiar aún así la protagonista de aquello seguía siendo humana. En el pasado nunca parecía tener buena suerte en el amor, quizás por buscar lo complicado, su inseguridad escondida, o su miedo a caer en las manos equivocadas, ni ella misma lo sabía. Por una vez en su vida quería sentir seguridad. No había que malinterpretarla, la ex-cantante había descifrado su malestar interno respecto al amor y aprendió el como tratarla y hacerla sentir afecto una vez más, sin embargo el tiempo pasaba rápido, ya no eran niñas y la idea de crear una familia predominaba en la cabeza de la menor lo cual causó un gran conflicto.
No entendía el por qué aquello parecía ser una idea indignante para la inglesa, quizás eso era lo que más la atormentaba por las noches. Insistía en amarla pero, ¿Entonces qué era lo que le impedía ser feliz a su lado para siempre? Una pregunta que no dejaba de acecharla, causando que dramatizara la situación. Sumando lo de Nicola todo parecía irse guarda abajo, hasta Morgan estaba separada de Thomas, no entendía qué ocurría en el mundo. La tristeza la impulsó a acceder a un encuentro con Reagan, amaba a esa mujer y sería estúpido seguir actuando tan infantil, debían llegar a una conclusión antes de dejar perder tanto esfuerzo por un par de diferencias que podían cambiar eventualmente. Al caminar por aquel conocido puerto, contagiándose del ambiente dinámico tan peculiar de la ciudad neoyorquina, y al verla después de tanto tiempo era casi imposible no sentirse abrumada. Quería llorar y sonreír al mismo tiempo, quería besarla e insultarla, quería sentirla cerca una vez más así fuese para seguirla alejando. No pensó que la más baja fuese a abrazarla de aquella manera pero definitivamente fue la gota que colmó el vaso, fue la razón que derribó sus miedos y aclaró su mente. Se aferró al cuello de la joven en un abrazo desesperante, queriendo huir de su realidad por un solo momento. ― Mi amor. – Susurró en lo que parecía un sollozo que rápidamente sostuvo, no quería arruinar la noche con sus típicos llantos melancólicos. ― Lo siento, es solo que también te extrañé mucho. Te extraño mucho. Todos los días.
El orgullo de la modelo era fuerte pero no tanto como para batallar con su naturaleza sentimental, y muchísimo menos cuando se trataba de Reagan. Tomó su mano sin importarle ya el estúpido tiempo que ella misma había pedido para ‘pensar’, no había nada que pensar pero sí mucho de que dialogar, esperaba que no fuese muy tarde para modificar su actitud. Era el mejor lugar para sincerarse, pocas personas observando el romántico paisaje y un silencio cómodo, también perfecto para dar el primer paso. ― Sé que he actuado como una imbécil, y no me refiero al hecho de querer formar una familia contigo, si no por la manera en que quise imponertelo. No estás obligada a nada, es un deseo que tengo de toda la vida y... eres la mujer con quien quiero todo. Compartir cada uno de mis sueños contigo y cumplir los tuyos a medida que pueda hacerlo. Creo que esto que tenemos despertó algo en mi, ¿Sabes? Algo que para mi es una fantasía pero para ti implica un terrible temor, lo entiendo, y quiero ser comprensiva con como te sientes. ― Levantó una mano hasta su mejilla para acariciarla. No entendía como se arriesgo a perderla si con solo un par de miradas todo volvía a tener sentido, y bueno, quizás un par de consejos de Morgan también la ayudaron a reaccionar. ― Quiero respetar tus deseos pero también me parece injusto dejar los míos a un lado para hacerte feliz a ti, sin embargo, siento que podríamos llegar a un acuerdo... No quiero perderte, Reagan. Sabes que te amo más que a nadie, y honestamente hasta Sammy te extraña en nuestra cama. Vuelve a casa conmigo y arreglemos esto de una buena vez.