¡Arriba!
22. —Pronunció asintiendo hacia el pequeño con una sonrisa en su rostro.— Sí, me debes una. Quizás luego te necesite, pequeñín.
Una edad perfecta, sin duda. --Asintió suavemente, con la vista aún fija en él.-- Para lo que sea puedes llamarme, ya sabes donde vivo. --Sonrió señalando su puerta.--









