— Me complace que hayas aceptado mi invitación, no quería tener que recurrir a la violencia, ¿sabes?
— Qué quieres.
— No es ‘‘qué quiero’‘ es ‘‘qué puedes darme’‘. Verás, Sophia, aunque no lo llegues a apreciar odio muchísimo que toquen lo mío, y más aún que me arrebaten y me arranquen de mis manos lo que me pertenece. No tenías el derecho de cargarte a James, sh, sh, sé educada y déjame terminar. No tenías el derecho de hacerlo… pero lo hiciste igualmente. Cosa que, guau, me impresiona, tienes un par de huevos más grandes que los que le cuelgan a tu padre, ¿eh? Joooder con la Daldry. Me pregunto cuántas veces habrás soñado con su cara reventada por la pistola que le pusiste entre las cejas.
Los pies de Frank se arrastraron con suma lentitud por el almacén. Intentaba darle un toque teatral a su discurso, por lo que balanceaba a Lucille de un lado al otro y gesticulaba con ella de más, como si el bate rodeado de espinas formara parte de su cuerpo
— Mira, no voy a matarte. De verdad te lo digo, no me mires así. Mi hijo no consiguió darse cuenta de tu potencial, pero yo sí, desde el primer instante en que Louise te trajo a casa por primera vez. Tenía la corazonada de que harías cosas grandes… ¡y mira a la niña de las cocinitas, hecha toda una asesina! A lo que quiero llegar, es que… te permito vivir. Pero vas a pagar un precio. Empezando por esto.
Sin apartar la mirada del cuerpo femenino y la sonrisa socarrona de sus facciones llenas de arrugas, sacó un par de fotografías hechas con una cámara polaroid, dadas la vuelta, de manera que así Sophia estuviera obligada a observar la grotesca escena que se hallaba inmortalizada en aquellos trozos de papel.
— He inmortalizado el momento tan íntimo que ha tenido con mi Lucille para que recuerdes lo que tus malas decisiones han convertido al pobre Christopher Daldry. O por lo menos, a lo que ya queda de él. — La impotencia se adueñó de cada músculo de la inglesa, pero a Frank no le hacía falta que se moviera ni un milímetro de su posición para saber lo que le pasaba por la cabeza. Podía notar en los ojos vidriosos ajenos el asco y el dolor. Para ser un padre al que no tenían mucho aprecio, casi podía oírse como algo dentro de ella se rompía. Para más inri, Frank continuó metiendo el dedo en la herida —. Seguro que te pensaste que os ibais a hacer viejos todos juntitos, sentados a la mesa en la cena de los Domingos con un y vivieron felices por siempre, ¿verdad? Pues no. Las cosas no van así, Sophia. Ya no. — Del bolsillo opuesto al de las instantáneas, y estando completamente seguro de que no le haría nada, acortó la distancia que los separaba y dejó en la palma de su mano que aún pendía en la nada, un objeto punzante y afilado —. Este cuchillo es tuyo. Puedes usarlo como te plazca, puedes intentar cumplir tu amenaza aquí y ahora, pero considerando que yo soy el que está sujetando un bate de beisbol, no lo veo algo inteligente por tu parte. También puedes abrirte las muñecas y mandarlo todo al infierno, lo cual sería una pena de la hostia, pero lo entendería. Obviamente después de verle a tu padre adoptivo el cerebro por dentro no tienes muchas ganas de seguir con esto. O, puedes cogerlo como símbolo de que aceptas trabajar para mí. Tú eliges. Yo sé lo que haría, y si eres lo bastante lista como estoy seguro que eres, harás lo mismo para salvar a toda esa gente que quieres… Ah, ¿no llegué a esa parte? Si te niegas, no es que tú vayas a acabar como ese fiambre, sino que tus hermanas, tu padre, tu nueva hijita, e incluso ese tal Noel, completarán el álbum familiar para que tengas felicitaciones para estas próximas Navidades. ¿Hm? Imagínate a la pobre Abigail ahí en el suelo con un ojo colgándole… Tranquila, tranquila, solo te estoy contando las posibles consecuencias. Así que dime.. ¿Arriesgarías todas esas relaciones solo por mantenerlos a salvo? ¿Estarías dispuesta a ser mi mano derecha sin contarle a nadie lo que está pasando? ¿Lo harías, Sophia? Piénsalo bien, pero no te demores.
HYDRA nos está esperando.