Shadowplay
Todos me miran, puedo sentirlo. O tal vez es solo el egocentrismo típico de mi generación. ¿Acaso importa? Desde luego a los lectores, pequeños pervertidos en busca de un poco de distracción malsana y auto destructiva, no. Pero no tiene importancia. Pocas cosas la tienen. Aún sigo intentando averiguar si realmente hay algo que la tenga. ¿El dinero? Posiblemente, de no ser por esa estúpida manía que tiene de agotarse. ¿El amor, el sexo? Demasiado efímeros como para tener un valor trascendental. ¿La familia y los amigos, todas las cosas bonitas que existen en el mundo y los sueños de los niños? La única cosa en común que tienen es que todas ellas pueden morir, por lo que podríamos decir que lo único realmente importante es la muerte. Y...tampoco, pues si lo único trascendente en nuestra vida es el final de ella, resultaría ridículamente cruel. ¿Y qué dirían entonces de los dioses? ¡Qué escándalo! Nos han traído solo para vernos morir. Oh, sí, todos conocemos esa sensación. ¿Quien no intentó matar a su Sim, o dejó morir lenta y angustiosamente a su Tamagotchi, mientras suplicaban por sus vidas? Somos crueles, igual entonces tendría sentido alguna de las líneas de nuestras "Sagradas escrituras". A su imagen y semejanza, somos el vivo reflejo de un ser superior. Asómate un rato a la ventana y observa a los hombres, observa sus guerras, su sufrimiento y su sadismo. Actuamos tal y como actuaría un Dios, y mira donde estamos. Perdidos, siendo las marionetas de seres superiores, sentados sobre algún trono de hierro. Y recordaremos el día en que asesinamos brutalmente a nuestro Tamagotchi, el día en que negamos la absolución, el día en el que nos comportamos como dioses, pues serán los dioses quien nos nieguen esta vez el perdón. Porque no, no son los dioses benévolos y armoniosos que nos vendían en la catequesis. Son monstruos, odian, copulan salvajemente y matan niños. Creced y multiplicaos, y devorad al prójimo. Arrancadle la cabeza, bañaos en su sangre, violad a sus familiares y comeos sus ojos. Y ante todo, decid que es en nuestro honor, pues vuestro será el reino de los cielos. Entonces, si ni el amor, si ni el dinero, el sexo o incluso los dioses son trascendentes, si nada de lo que hacemos tiene la menor importancia en este juego de poderes, si en el ajedrez de los dioses no somos más que los peones, los del trabajo sucio, los que no aspiran a sobrevivir, los que sabemos que seremos devorados por un jugador más fuerte, ¿qué esperanza nos queda? Ja. El todo o nada. Deponer a nuestro propio rey, montar al caballo y tomarlo como propio, reclamar nuestras torres. Dejar de dar pasitos cortos y lanzarnos al vacío, hasta que nos abrace el infinito. El ateísmo, dejar el juego de los de arriba, olvidar los mil ojos clavados en nosotros. Y a partir de ahí, de la libertad, ya decidiremos lo que es realmente importante.













