Tú lanzaste corazones al viento cada vez que me viste pasar; tal vez por eso uno de ellos llegó a mis hojas en blanco y se encontró a la altura justa de mis ojos acompañando mi pluma para escribir una breve, intensa, historia que creí de amor.
Fuiste y viniste muchas veces, tanto que al sur del mundo volvimos a encontrarnos solo para recordarnos y agradecer todo eso que no fue.
La inocencia nos vuelve previsibles, las apariencias nos engañan y por ellas muchas veces dañamos a quien con todas las ganas quiere.
Yo, como buen humano he fallado, conmigo y con algún que otro amor.
Justo antes de encontrarme con sensaciones desconocidas, y aunque al final los prejuicios externos ganaran tengo la certeza de que tú fuiste mi primer amor.
Movimos cielo y tierra, nos acompañamos en el mar y todo eso que florecía y era agradable entre tú y yo sobrepasó la tolerancia de unos pocos que te alejaron.
Tú también te fuiste, y me quedé solo pensando en lo que fue y en lo duro que resultó no poder siquiera decir adiós.
Con las alas rotas no pude volar, en cambio me sumí en el desdén y en la costumbre de los buenos modales y la cordialidad; tanto que creé un espejismo de todo lo que me habría gustado ser a tu lado bajo el mismo techo.
¿Qué pasó? La realidad me cacheteó.
Me hizo verme al espejo y no reconocerme, así perdida y deja dime llevar; una vez más me aferré a la esperanza del amor.
Eché el resto, como si fuese una final... aproveché cada uno de esos 120 minutos de partido para "disfrazar" la tristeza, la soledad, la frustración y la amargura con mimos que terminaron en nada; porque en la tanda de penaltis el contrario (la razón) venció a mi herido corazón.
Y yo, acostumbrada a ganar lloré como nunca lo hice, por ella y por volver a dañarme a mí. Sólo que esta vez decidí juntar todos los pedazos rotos y cocerlos poco a poco.
Hoy lloro, mucho menos, me miro al espejo y me gustan mis luces; ya no le temo a mis sombras. Dudo, pero igual doy el primer y segundo paso hacia adelante. Sigo aprendiendo de mi y de quienes con su cariño me rodean.
Creo más que nunca en el amor propio y también en el que se construye en pareja, creo que estás en algún lugar (no solo en mis sueños y que en el momento que llegues te voy a disfrutar, a vivir con todo, sin expectativas porque dure cuanto dure todo tiene un final.