Vitae
Miré atrás, y me dí cuenta que éramos una fábula. (animales cometiendo errores obvios, con sorna en la voz y actividades difícilmente interpretables, amorales y ligeramente estúpidas) Aún espero la moraleja.
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Vitae
Miré atrás, y me dí cuenta que éramos una fábula. (animales cometiendo errores obvios, con sorna en la voz y actividades difícilmente interpretables, amorales y ligeramente estúpidas) Aún espero la moraleja.
Sueño
... Y volé sobre el mundo entero antes de despertar. Y soñé que en sus ojos el mundo era pequeño. Y miré en su alma antes de ir a dormir. Al final, me regaló una sonrisa, y miró en mi abismo. Se dejó caer en mí, y descubrí que quería volar sobre el mundo antes de dormir.
Se extienden.
Y estando en la cima del mundo me encontré aún necesitando escalar, y es que viendo al cielo, no podía darme cuenta que tenía alas. Escalé, sin fin, tratando de conquistar la montaña, observando siempre una cada vez más alta, el camino cada vez más truculento. El risco, cada vez más empinado, el viento soplando cada vez más fuerte, tratando de derribarme. Y al final, en la tormenta, miré detrás., observé el mundo, y me di cuenta que desde la cima puedo verlo todo. Y eso es todo. Es hora de volar, hora de vivir y hacerlo todo.
Sueños
Y si la vida es sueño, y entre sueños te veo, hemos de rogar que el sueño no termine, que el idilio no se acabe. Que el gigante dormido no despierte de su letargo. ¿Qué será, pues, de nosotros, si en vez de ser soñadores somos soñados? Si sueño, no puedo evitar preguntar si existes realmente. Si soy soñado, imagino que desapareceré al amanecer, y no sé si existiré al día siguiente, o ahí termina todo. Entonces, antes del amanecer, seamos, tu y yo lo que debamos ser, que la vida es sueño, y los sueños sueños son.
Miradas
(…) Esa… Belleza incomparable… La fuerza de voluntad que explota, estalla, y vuelve en sí para volver a desatarse en un desgarrador grito de furia, hilaridad, demencia y masacre… En aquél momento me vi cautivado, congelado en medio de todo lo que soy, observando todo lo que aquella… entidad era. Momento tras momento, pasaron horas. Y la carcajada falta de gracia que escuché proferir me llenó de tanta paz, tanta… Serenidad, que no pude evitar sonreír por unos segundos, mientras le observaba caminar lentamente entre la multitud, sonriente, la sonrisa más bella que haya visto en todo aquél efímero plazo de tiempo que llamo vida. Me acerqué lentamente. Miré sus ojos. Aquella Peculiar imagen me miró de vuelta. Sabía que si me quedaba más tiempo observándole me devoraría, y me uniría al tinte que coloreaba su sonrisa carmesí, o vino. Realmente no recuerdo muy bien el tono de rojo que placaba su cabello, sus mejillas, su cuello, su… Bueno. El desgarrador grito de su última víctima sonaba en el fondo. El atronador aullido que esta entidad enunciaba me hizo enamorar. Supe, en aquel momento, que la Locura jamás podría abandonarme. Y no lo deseo. ¿Quién querría jamás abandonar la libertad de observar aquél espejo en medio de lo que quedaba de la humanidad? … Esa belleza, incomparable, la fuerza de voluntad que explota, estalla y vuelve en sí… Su voz, descargando toda su vida en una carcajada sin sentido, sin principio ni fin. La música de su voz, mi voz. En aquél momento, se vio cautivada, congelada en medio de todo lo que fue. Observando Todo lo que YO SOY.
Dos años.
... Y el tiempo sigue adelante. Y todo lo que alguna vez fue relumbra entre bellas motas de polvo... Aquellas que, antes de que se dé uno cuenta ya han invadido la soledad, y cuando se le deja en un rincón, a la compañía también. El tiempo avanza, y con cada una de las líneas que deja su carruaje, impregna de recuerdos un camino que jamás se ha de volver a transitar. El tiempo pasa, y cada recuerdo sigue su camino. Lo más hermoso de todo es ver que cada camino genera siempre uno nuevo. Y que aunque uno no transite el nuevo camino, otro caminante lo hará. Y es que en cada camino encontramos tal vez algún otro caminante, que nos pueda acompañar un rato... Algún caminante que haga el camino más ameno. Alguno que nos recuerde porqué caminamos, alguno que nos haga desear detener el interminable maratón y congelar el tiempo. Alguno que nos haga caer y levantarnos. Alguno que nos enseñe que podemos hacer nuestros propios caminos... No podremos acompañarlos a todos, pero podremos desearles suerte y felicidad. Que su camino les sea próspero y agradable. Y que encuentren en el camino compañía tan amena para ellos como lo fueron ellos para nosotros. ... Y el tiempo sigue, y sigue y sigue, da vueltas y se desmorona, se levanta, y va lento, y rápido e interminable, infinito raudo y veloz... Y con cada línea que deja en su propio camino, aprendemos de todo... HOY, que todos los caminos llevan a Roma.
La última cena.
Y aquí estoy, sentado a una mesa cualquiera, acompañado por 3 comensales inertes, que debaten si deberían cruzar la línea entre lo imaginario y lo real. Si deberían quedarse posados como si nada en las sillas que acompañan la mesa de aquel pequeño restaurante. Colorido. Vivo.
Heme aquí, un comensal más. Mi mesa tiene el número 1 colocado en papel de color en su superficie, imagino que la he escogido inconscientemente. Y estoy aquí, haciendo caso omiso del mundo, comiendo Su última comida real, hablando con un desconocido que el destino me ha traído, sobre El, su mal, y la vida que se lo ha llevado.
Bebiendo un elixir carmesí, que siempre he encontrado absolutamente desagradable.
Vivo entre tanto la decadencia de mi cuerpo, la misma por la que Él pasó, y hablo casualmente de todo lo que la vida nos quita. Si soy músico, conductor, caminante, o cualquier otra cosa, sea como sea, me pregunto si es algo que tiene en realidad algún significado.
Al final, este desconocido mío con su propio mal, como traído a mí por el destino, debe retirarse. Y todo sigue su curso. Y a pesar de todo, nos seguimos preocupando porque vamos tarde.
Él a enfrentar su destino, a retrasar lo inevitable. Yo también.
Antes de Dormir
... Y volé sobre el mundo entero antes de despertar. Y soñé que en sus ojos el mundo era pequeño. Y miré en su alma antes de ir a dormir. Al final, me regaló una sonrisa, y miró en mi abismo. Se dejó caer en mi, y descubrí que quería volar sobre el mundo antes de dormir.
En retrospectiva.
Hace poco me he visto en una situación peculiar. Si bien es algo normal en el sitio donde me encuentro actualmente, ha sido para mí un cúmulo de experiencias peculiares hasta ahora.
Pues he recorrido ya algunas distancias como pasajero fortuito de vehículos desconocidos, algunas más a pie; es una sensación peculiar, pues es casi como dejar tu vida en manos del destino y la persona que cruce tu camino, al menos momentáneamente. Es dejarse llevar por el viento hacia sitios nuevos, para hacer tu propia historia paso a paso.
En fin, en esta ocasión me ha tocado caminar por un trecho relativamente desolado, pero acompañado por la belleza de múltiples colinas, a las que me gusta llamar montañas, a pesar de su tamaño, acercándose la noche, y comenzando la llovizna. La visión lejana de una verdadera montaña que debería atravesar para llegar a mi destino, que tanto podría ser temporal como un relativo hogar.
Si bien lo común es que al transportarme vea siempre hacia adelante, mirada al cielo y al camino, pensando sólo en el futuro, este día ha sido distinto. He terminado en la porción trasera de un vehículo de carga, y he visto una vez más el mundo escapar de mi alcance, hacia atrás, lejos del ahora.
Es especialmente curioso darse cuenta lo parecido que es un camino cualquiera a la vida, y que en el día a día sea también más fácil concentrarse en un camino a futuro simplemente viendo hacia adelante. Así mismo, lo fácil que es perder cualquier detalle al avanzar rápidamente con la vista hacia el futuro, perdiendo la noción del tiempo y la distancia.
No hay entonces que perder atención sobre la perspectiva con la que vemos cada día, cada camino, toda la vida. Y es que al seguir avanzando mientras la mirada queda exclusivamente relegada hacia atrás podemos ver tantas cosas, nuevos paisajes y perspectivas, y el cielo en todo su esplendor.
Siempre he sido un hombre atorado viendo hacia adelante. Es casi obvio que mi método de escape será disfrutar del ahora como me sea posible, para que las tribulaciones futuras no me resulten tan opresivas.
Y es que mirar el cielo, despejado y gigantesco es casi como un hechizo que puede evocar miles de pensamientos. En mi caso, sobre la brevedad de la vida y lo pequeño de la humanidad, lo vasto del espacio y cuán importante es disfrutar la vida. Pero cuando cambio mi perspectiva puedo decir que realmente tengo suerte de poder ver semejante espectáculo.
Y una vez más, el mundo huye de entre mis manos. Si parecía imposible abarcarlo todo al ver hacia adelante, todo eso pierde importancia cuando ves hacia atrás.
Hoy he recordado tiempos más felices. Pero quedarme en el pasado tampoco es una respuesta. Mirar hacia atrás no es malo, mientras sigas avanzando.
Cíclico, he dicho.
Y conforme pasa el tiempo puedes comenzar a clasificar los días. Y al inicio no te das cuenta, porque sientes que cada cosa que vives es algo nuevo, original y lleno de vida. Luego te das cuenta que, entre todas las cosas que vives y la gente que conoces en el día a día el tiempo pasa, inequívocamente, pero que vives ciertos ciclos y repeticiones de los que parece imposible escapar.
Entonces comienzas a decir “es uno de esos días”.
Uno de esos días en que todo parece salir bien, uno de esos días en que todo es un desastre siguiéndote como una nube de carbono y gas letal lloviendo ácido encima de ti.
Uno de esos días nublados pero agradables, llenos de esa sensación de tibieza que acompaña la nostalgia y bellos recuerdos, o uno de aquellos tormentosos que, sin perder la majestuosidad, se encargan de recordarte los errores que has cometido y las cosas que podrías haber hecho mejor.
Los días soleados en que todo parece lleno de esperanza y que te permiten pensar en el futuro, así como los días soleados llenos de calor y hastío que obligan a desear terribles destinos a quien fuera que diseñase el universo.
Aquellos que combinan todo y otros días con sus distintas variaciones, eventualmente los has vivido una vez, y otra, y otra, hasta que eres capaz de categorizarlos.
Días en que la distancia entre dos almas aumenta, noches en que el tiempo resulta interminable, y vidas enteras que terminan siendo tan longevas como los sueños que trataban de alcanzar.
Al final, cuando has vivido apenas un poco, pero lo suficiente, te das cuenta que, sin importar lo que pase, repites un ciclo. Tanto como lo que ocurre día a día, como lo que ocurre en la naturaleza, en el amor, en la pérdida, en la sociedad, la historia y sus interminables variedades.
Todo vuelve, sin embargo, al mismo punto. Y una vez más solo queda definir si hoy es o no “uno de esos días”.
La tormenta
Y Cayó el relámpago. No era en realidad una sorpresa. Cuando sales por fin de la seguridad del valle debes esperar algunos cambios de clima. Eventualmente encontrarás todos los distintos cambios que el cielo podrá brindarte. Tendrás un día soleado y uno nublado, nunca sabes cuál llegará cuando. Pues bien, adentrándome en territorio desconocido, imaginaba que habría días fríos, calurosos algunos más. Lluviosos los ha habido, efectivamente. Pues bien, la tormenta se avecinaba y la luz no puede durar para siempre. Aquí, en las montañas extrañas donde he venido a parar como parte de mi caminata hacia el destino he encontrado que todo puede ocurrir, aquí he recordado el calor. Y allá donde queda el otro pico, un clima más frío acechaba. Quemante y arrancando el rostro. Era natural que juntar todo eso habrí resultado en un cambio de aquellos que revuelven los cielos, descontentan al destino y destruyen lentamente el alma. Se veía venir a lo lejos, y de tanta perseverancia en el andar, no conseguí tomar las debidas precauciones. Ante las primeras gotas de lluvia sólo pude intentar cubrir el cuerpo. Pues la distancia de la mano al corazón es amplia. Era natural, insisto, que cuando caminas hacia una cordillera de tormentas, has de esperar que caiga relámpago, rayo y centella. No esperaba, sin embargo, la tormenta eléctrica que se suscitó después.
Hay algo muy peculiar acerca de estar sumido hasta el cuello entre el vendaval, la lluvia arreciante, los relámpagos y el golpe en el alma que suena con cada trueno… y puedes aterrorizarte y perderte, dejándote llevar y sacudir hasta que la tormenta pase, convertido completamente en víctima del capricho infinito del destino, o puedes mantener tu andanza, con voluntad de acero, hacia los más grandes desafíos y los más maravillosos logros.
Ya os dejaré imaginar qué tipo de persona soy. Sin embargo, no hay que olvidar que al terminar la tormenta, sin importar cuál ha sido el camino o desenlace, eres en verdad un ser humano nuevo.
Me pregunto, sin embargo, si el rayo de luz apareceré entre las nubes.
La Gota
Una gota de lluvia cae sobre mi cabeza... La siento resbalar por mi rostro lentamente... aquél frío que sólo las gotas de lluvia proporcionan hiela mis pensamientos por un momento... atisba una mirada dentro de mí, me llena de ideas, mientras me observa al caer por mi faz.
Puedo entonces imaginar lo que sucederá después. Caerán una a una desde el cielo, algunas sobre mi rostro, para no dejar sola a su compañera de viaje, mi compañera de turno. El frío me llenará a cada momento de reflexiones inimaginables sobre el fin y el comienzo del universo, la existencia de la realidad, el girar infinito e inacabable del mundo, el desarrollo del hombre como especie, el dejo sencillo de belleza al relumbrar la luna.
Entonces, pensaré en cómo la luna me ha acompañado durante tantos años, en aventuras y desventuras, experimentos, descubrimientos y desazones. Recordaré aquella luz guía que me llevó por tantas veredas y caminos desolados, aquella luz que me dio la confianza de recuperar el ánimo y el sentido de mi propia existencia, la luz de mis amistades pasadas y las actuales...
El sentimiento único que posee un caballero errante al imaginar una tormenta que se acerca... Aquél tiro de adrenalina que ocurre justo antes de saltar una cuesta empinada, al caer, al disfrazar cada golpe y magulladura con una sonrisa llena de orgullo; pues no sólo es la conquista de un terruño, no sólo es la creación de un alcázar nebuloso... Es la más grande demostración de poder en la infancia...
Entonces, me remontaré a mi infancia y me perderé en juegos y conversaciones sobre monstruos, creaturas mitológicas, colecciones infantiles, la escuela y caricaturas... Aquellos tiempos en que uno tenía la facultad de Contar lo que quisiera a quien quisiese... Cuando uno podía hablar de sus sueños sin recibir miradas de crítica, o estupefacción innecesarias...
Cuando uno no sabría, ni en broma, sobre los desazones más terribles de la humanidad. Cuando uno no podría definir aún lo que es un holocausto, una guerra mundial, un calentamiento global, una enfermedad pandémica, un futuro sin agua, sin aire, sin tierra... Cuando uno vive sin contaminación, sin guerras, sin enfrentamientos, sin luchas mortales, sin más violencia que una lucha entre iguales infantes; sin dolor más grande que la pérdida de un juguete, la separación de algún amigo, o la caída de una bicicleta. Cuando uno vive sin discriminación de raza, sexo o religión; sin fronteras, sin terrorismo...
Entonces pensaré de simple y sencilla manera en cada una de las cosas en que nunca pensaría de pequeño... Recordaré cómo es que nunca entendí la política en su tiempo... así como el hecho de que ahora la comprendo más de lo que quisiera, pero menos de lo que debiera...
Y veré los segundos pasar en un reloj de bolsillo, e imaginaré que al llegar a casa volveré a llenar mi cabeza de problemas, de deudas, de preocupaciones, de dolor ajeno, de recuerdos de las personas que no volverán, de libros que quiero leer, de libros que no quiero leer, de películas que ver, así como las que no se verán... Del simple deseo de alimentarme, y de los alimentos que encontraré o no en mi hogar... Lo que me apetecerá y lo que desdeñaré por unos momentos... Y luego volveré a mirar hacia el mundo, sin salir de mi posición actual... y Recordaré cuando se me regañaba por hacer distinción, y renegar de algunos alimentos... Ante el típico "hay miles de niños que quisieran comer lo que te estás comiendo" o tal vez el "no es como si te estuviera envenenando"...
Y pensaré en los pobres, en los ricos, en los de en medio, y en los que de verdad están hasta abajo...
Y recordaré por unos instantes el porqué de todas las decisiones de mi vida, de cada una de mis frases y palabras, de todas mis actitudes, a lo largo de los años, todas las canciones que he escuchado... Los libros que he leído... Mis ideas y delirios megalomaniacos, mi desesperación ante las ideas del futuro, las imágenes que he coleccionado, los amaneceres que he disfrutado, las lunas que han nacido y muerto frente a mis ojos... Las estrellas que he contado... Y el latir de mi corazón mientras todo ésto sucede...Entonces, mi mente saldrá de todas las reflexiones sobre sucesos vanos, volveré a mirar al cielo, el universo me saluda otra vez... Y le doy la bienvenida con los brazos abiertos... En medio de la calle, camino a mi casa...
Y veo caer otra gota de lluvia... Que corre sobre mi rostro... Y miro casi con deseo aquél cielo nublado, pues habrá tantas ideas que me pueda dar cada fragmento del cielo que cae... Y en cada gota, Un mundo...
Hombres libres.
(…) Y de pronto despertó... Había sido sólo un sueño... ¡Cielos Santos! ¿Humanos libres, causando caos en todo el mundo, llenando de conocimiento y razón las cabezas de las personas? ¡Imposible! Se levantó de su trono dorado, salió a su tan aclamado balcón, y miró a lo lejos... Desde donde se encontrase, hasta donde llegara la vista, podría ver aquella horda de simples mortales esclavizados hasta el alma misma... Buscando absolución, perdón y reconciliación por males que no habían cometido... Miró a su mundo, lleno de esclavos, y les dijo... In nominis patri, et fili, et espiriti sanctii...
Sobre la muerte.
(...) En aquél momento me percaté de algo extraño…
Aquél sabor metálico que me llevaba agobiando hacía ya varios días… Aquél hedor a podredumbre que me seguía a cada momento…
Aquella falta de sensación que me incomodaba sin que me diera cuenta…
Traté con todas mis fuerzas, con todo mi espíritu, recordar cómo ocurrió aquella terrible desgracia. Y a mi mente sólo llegó la negrura. Aburrido y lleno de tiempo, decidí seguir aquella única pista.
Negrura…
Podría ser que he fallecido en la negrura de la noche, acometido por una fuerza extraña.
Podría ser que me he perdido entre las sombras de mi alma, y muerto de forma cobarde.
Puede que haya perecido con malos sentimientos, oscuros hasta la descomposición de mi espiritual corazón.
Podría haber miles de combinaciones, y yo seguiría sin saber cómo se desvaneció mi existencia de este mundo…
Una nueva pista, una sombra difusa que se mueve lentamente, al son del viento, hasta quedar espectralmente tiesa…
Es una figura sorprendente, más grande de lo que haya visto hasta entonces, pero se halla difusa ante mis inexistentes ojos…
Tengo tiempo, toda una eternidad, así que me digno a acompañarle en su borroso viaje.
En fin, si existen millones de posibilidades para mi muerte, no planeo desperdiciar mi no existencia pensando en cada una, así que sigo aquella figura a cada momento.
Un segundo, una hora, un día… El tiempo transcurre entonces mil veces más rápido y más lento.
Y le observo lentamente, o rápidamente, en realidad no importa, pues el tiempo no es más para mí, así como deja de ser el sonido para los sordos.
Cada día, cada minuto, cada año, cada segundo, cada eternidad que me paso observando, veo siempre lo mismo…
Le veo quedarse inmóvil por épocas enteras, le veo moverse; como atrapado en un mundo que no le comprende; siempre sigue la misma rutina, inmóvil, móvil, absorbente, inmóvil, móvil, traslado, inmóvil, móvil, absorbente, inmóvil, móvil, traslado, móvil, absorbente, inmóvil, inquieto e inmóvil una vez más…
Cada día, cada minuto, cada año, cada segundo, cada eternidad que me paso observando, veo siempre lo mismo…
La misma rutina de siempre, cada día, con un arma difusa en su mano derecha…
La misma rutina de siempre, cada día, siguiendo los mismos caminos…
Algo está mal. No puedo describirlo.
Tal vez aquella sombra difusa, tal vez su concepto del tiempo, tal vez su rutina de siempre, tal vez el arma en su mano derecha.
Algo está mal. Así que me aventuro a intervenir…
Una sola ocasión… Un solo intento.
Junto todos mis esfuerzos, y sale mi voz, aunque no puedo oírla ya…
¡Tú me mataste!
…
TODO SE OSCURECE.
Abro los ojos… Hoy he escuchado algo distinto en mi vida, diría yo…
Suelto la indecisión sin pena alguna, pues algo dentro de mí me dice que el hastío ya no es un arma en mi mano…
Lluvia
Hoy llueve. Así como ha llovido ayer y los días anteriores. Así como ha llovido la estación que cursa, y las anteriores. Caen cada segundo tantas gotas, plenas de recuerdos.
Hoy llueve. Como cuando éramos, bajo la lluvia, pareja inseparable. No éramos Yo, ni Tú, éramos Nosotros.
Llueven gotas llenas de Nosotros, desde aquél cielo infinito. Son las gotas que nos recuerdan aquellos momentos en que la brizna nos acompañaba, como un son, y marcaba el inicio de aquellas danzas noctámbulas que tanto disfrutábamos.
Pero no es esta lluvia la misma que nos besaba el rostro mientras compartíamos nuestras voces. Es distinta a aquella que compartimos en nuestras andanzas, bajo la luz de Selene.
Hoy me quema esta lluvia. Es un terrible ardor, que penetra con frialdad mi piel. Es una lluvia de Hoy. Una lluvia de Soledad. Una lluvia de “no te vayas”. El frío entonces me cubre en su abrazo, o acaso lo imagino. Mis manos ya no sienten aquella tibieza de tus dedos en primavera, ni su frialdad en invierno.
Hoy el viento no es cómplice de mis quehaceres, sino de mi abandono. La locura que me otorgaba calor te las llevado, algo lejos, hacia un mañana todavía más sombrío que mi más oscura noche. A veces es tan difícil, saber que con el tiempo olvidarás todo lo que he sido, cada vivencia, cada momento, cada caricia. Que en cada segundo, en tu memoria existirá un nuevo instante, un nuevo recuerdo, una nueva persona y un nuevo día. Y que en mi memoria existirán sólo tus labios, tu rostro, y aquél océano que guardas alrededor de tus pupilas.
Hoy llueve, y siento que esta lluvia me deshace. Me despedaza lentamente el alma. Porque hoy es tan difícil reconocerme en un espejo, escuchando solamente mi propia respiración.
Hoy llueve. Y en cada gota estás tú. Pasas tan cerca de mí y aún así no puedo atraparte. Y los recuerdos caen al suelo. Y en el suelo se hacen trizas y salpican, y dejan una marca en mí. Hoy llueve, desde el cielo, desde mis mejillas, desde mi alma. Aquello que cae… no es agua.
“Micros”
Y al final, en una pequeña ráfaga de viento, acabó la más silenciosa (aunque no precisamente la más pequeña) historia de amor de este planeta... Dos motas de Polvo se separaban lentamente... Y una distancia que jamás podrían recorrer se formó entre ellas... Una se fue en el viento, y la otra, atrapada bajo una gigantesca gota de lluvia, sólo fue capaz de verla perderse en el horizonte...
Concierto para ella.
La noche cae lentamente. Y mientras oscurece, los recuerdos comienzan a escarbar en mi conciencia, como canes que acaban de encontrar un hueso.
El frío, antaño agradable, comienza a dañar mi capacidad de pensar claramente, y en lugar de pensamientos iluminados, encuentro sólo pena y nostalgia.
El espacio a mi lado es tan grande.
Sé que la tibieza no volverá, y la única cintura que puedo ceñir es la de mi guitarra, cuya voz solemne me recuerda tiempos pasados.
Camino lentamente, hacia un atardecer olvidado, cubierto y cauto. Al caer la noche, sólo quedo en compañía de las luces artificiales y un nubarrón, que comienza a llorar al escuchar mi voz, quebrada por el tiempo que ha estado encerrada.
Consoladora, mi guitarra suena notas profundas, graves, que en su momento fueron agradables.
Sobre una vieja colina concentro todo mi pasado, y dejo toda mi frustración, mi ira, mi soledad, mis miedos y mi tristeza en cada golpe de las cuerdas.
He dejado junto a aquél viejo roble mi existencia, sumido en mí, hasta que he visto la Luna, a través de las últimas nubes que flotan en los cielos. Recobro mi calma y me dejo llevar por cada nota, y cada silencio me llena una vez más.
Al terminar mi solitario concierto, empapado, me pongo de pie. Me duele el cuerpo, las piernas, la espalda y el cuello. Pero el alma… esa ya no duele.
El tiempo pasa, las nubes aclaran y sé que es hora de volver.
Mañanaresumiré mi vida. Porque sé que mañana otro amanecer vendrá.