(...) En aquél momento me percaté de algo extraño…
Aquél sabor metálico que me llevaba agobiando hacía ya varios días… Aquél hedor a podredumbre que me seguía a cada momento…
Aquella falta de sensación que me incomodaba sin que me diera cuenta…
Traté con todas mis fuerzas, con todo mi espíritu, recordar cómo ocurrió aquella terrible desgracia. Y a mi mente sólo llegó la negrura. Aburrido y lleno de tiempo, decidí seguir aquella única pista.
Podría ser que he fallecido en la negrura de la noche, acometido por una fuerza extraña.
Podría ser que me he perdido entre las sombras de mi alma, y muerto de forma cobarde.
Puede que haya perecido con malos sentimientos, oscuros hasta la descomposición de mi espiritual corazón.
Podría haber miles de combinaciones, y yo seguiría sin saber cómo se desvaneció mi existencia de este mundo…
Una nueva pista, una sombra difusa que se mueve lentamente, al son del viento, hasta quedar espectralmente tiesa…
Es una figura sorprendente, más grande de lo que haya visto hasta entonces, pero se halla difusa ante mis inexistentes ojos…
Tengo tiempo, toda una eternidad, así que me digno a acompañarle en su borroso viaje.
En fin, si existen millones de posibilidades para mi muerte, no planeo desperdiciar mi no existencia pensando en cada una, así que sigo aquella figura a cada momento.
Un segundo, una hora, un día… El tiempo transcurre entonces mil veces más rápido y más lento.
Y le observo lentamente, o rápidamente, en realidad no importa, pues el tiempo no es más para mí, así como deja de ser el sonido para los sordos.
Cada día, cada minuto, cada año, cada segundo, cada eternidad que me paso observando, veo siempre lo mismo…
Le veo quedarse inmóvil por épocas enteras, le veo moverse; como atrapado en un mundo que no le comprende; siempre sigue la misma rutina, inmóvil, móvil, absorbente, inmóvil, móvil, traslado, inmóvil, móvil, absorbente, inmóvil, móvil, traslado, móvil, absorbente, inmóvil, inquieto e inmóvil una vez más…
Cada día, cada minuto, cada año, cada segundo, cada eternidad que me paso observando, veo siempre lo mismo…
La misma rutina de siempre, cada día, con un arma difusa en su mano derecha…
La misma rutina de siempre, cada día, siguiendo los mismos caminos…
Algo está mal. No puedo describirlo.
Tal vez aquella sombra difusa, tal vez su concepto del tiempo, tal vez su rutina de siempre, tal vez el arma en su mano derecha.
Algo está mal. Así que me aventuro a intervenir…
Una sola ocasión… Un solo intento.
Junto todos mis esfuerzos, y sale mi voz, aunque no puedo oírla ya…
Abro los ojos… Hoy he escuchado algo distinto en mi vida, diría yo…
Suelto la indecisión sin pena alguna, pues algo dentro de mí me dice que el hastío ya no es un arma en mi mano…