De capitales parece que va la cosa, y mucho viento para variar...
Viernes 29 de mayo por la tarde aún estoy en la oficina revisando el tiempo y cruzando los dedos para que las nubes no se acerquen mucho durante el sábado ni el domingo, no por el norte de Holanda a poder ser.
Reviso los últimos puntos importantes: despertador, primer tren, mapa de Amsterdam, Alkmaar y zona Friesland, dirección de mi anfitrión de couchsourfing, material a cargar en la mochila... todo listo, bien, pues a dormir temprano y esperar al buen tiempo.
El despertador no falla, y mi almohada tampoco ya que fue duro levantarse a las 5.30h. Después del desayuno y recoger todo, el primer tren parte a las 6.28h y me bajo en Utrecht. Lamento no haber podido pasar más tiempo en esta ciudad, pues no llegué ni a pasar 2 horas, pero sin duda mereció la pena parar a visitar!
Dom Tower, la torre de iglesia más alta de todo Países Bajos con 112,5m y de estilo gótico. Fue construida durante el 1321 y 1382, esta torre va enlazada a la catedral.
La Catedral de San Martín o Catedral de Utrecht, otro símbolo importante de esta ciudad en la edad media. Principalmente católica y posterior al 1580 pasó a ser protestante.
Dado por finalizado el pequeño fast tour por el centro, siguiente parada: Amsterdam, donde pretendo pedalear hasta Alkmaar. Pero no sin antes otras vueltas por esta caótica ciudad con un tráfico mixto de peatones, ciclistas y tranvías. Eso sí, bonita como ella misma. Mercado de las flores, probablemente uno de los más importantes del mundo junto al canal Singel:
Empiezo a tener hambre de nuevo, y esperando con toda fe y confianza de encontrar noodles con pollo me dirijo al Wok to Walk al cual ya picamos con la visita de mis amigos #TRRZZ. Nada, cerrado, igual en una hora abren, pero prefiero pedalear y esperar encontrar algo más adelante por el camino. Y de hecho, me encontré con otras cosas muy bonitas. Después de cruzar en ferry público el canal o laguna IJ, empiezo a rastrear los km. Me detengo por primera vez en Zaanse Schans, el motivo está bien claro:
Villas, pueblecitos, casas solitarias, todas ellas rodeadas por agua y antiguos molinos de viento. Espero que las fotos sean suficiente para transmitir la belleza de este paisaje (y su viento por la tensión de las banderas). Siguiendo y a falta de escasos quilómetros para entrar en Alkmaar, veo una gran nube negra acercándose por mi izquierda, y pocas gotas empiezan a caer entre rayos de sol. Nada, sin salvación, iluso yo... ni diez minutos estaba empapado y chillando por si Tláloc/Chaac o Ehécalt/Eolo les apetecía ir a molestar a otro campo de cultivo en lugar del actual por el cual me daba prisa para escapar.
No se si funcionó o no, pero si es cierto que al poco rato ya dejó de llover, y el débil sol holandés me calentaba los pocos quilómetros ya entrando a Alkmaar.
Una vez llego a la dirección de mi anfitrión, me are la puerta un hombre con una sonrisa de oreja a oreja:
-Alejandro! Lo has hecho! Has logrado llegar, no te esperaba tan temprano, perdona por el desorden, espero mi nueva asistenta...
-Tranquilo, vivo en una casa de estudiantes, nada nuevo.
Michael, alemán, padre e ingeniero de profesión, me ofreció una habitación y muchos consejos. Tan pronto me duché y me reuní con él en el salón, estuvimos charlando mucho de muchas cosas, y de nuestros viajes! También me advirtió: “Vendrá un amigo de Polonia y haremos barbacoa, espero que tengas hambre”. Pues claro que sí, encantado no lo siguiente. Aproveché para dejar mi ropa ciclista empapada al sol para que se secase, y al rato que llego el amigo polaco Piotr, fuimos a comprar. Ya que no tomaré mucha parte a la hora de hacer la carne, prepararé mi aperitivo infalible: guacamole. Un éxito rotundo, como la barbacoa en sí:
Como ya dijo Michael, el tiempo fue breve pero se aprovechó muy bien. Le conté mi plan de atravesar el puente que une Holanda del Norte con Friesland, y no tardó en llamarme loco y que eso no era un puente, sino un dique (Afsluitdijk), un pedazo de tierra solo para poner una carretera y controlar el flujo de agua, y que la zona era fea, no buena para pedalear. Entonces, su alternativa fue: “Puedes pedalear por aquí cerca que todo es bonito, o llegar a Enkhuizen, donde tienen un museo que muestran la vida holandesa de hace un par de siglos atrás. Y muchos puertos con barcos antiguos!”.
Iba pensando en esta nueva ruta mientras veía de reojo la final de la Copa del Rey en mi teléfono, y me decidí a hacerlo, pues él es motorista y se conoce muy bien estas áreas.
A la mañana siguiente, después que dejara de chispear por allá a las 9h, recojo las cosas, me despido de mi nuevo amigo y muy agradecido (pues me dejó preparar un par de bocadillos para el camino), cambio el norte por el este.
Después de parar en Hoorn para revisar donde estaba este museo en Enkhuizen, el cielo se vuelve a oscurecer, así que debo darme prisa.
No fue difícil hallarlo, pues resulta ser una aldea ambientada por allá el siglo XVIII-XIX, lo difícil fue que me dejasen guardar la bicicleta en un lugar seguro. Una vez encontrado un armario disponible para ello, valió la pena pagar los 10€ para entrar en Zuiderzee Museum:
El museo cuenta con parte interior y exterior, donde las actividades y actuaciones son continuas, ya sea asistir a una clase de la época, comer pescado al vapor, o construir un barquito con un zueco.
Una vez terminada la visita, Michael me recomendó que no cruzara dichos diques. Testarudo yo que quería verlo, no se si elegí mal fin de semana, si siempre hace tanto viento, o si ya estaba cansado... pero este dique que une Enkhuizen con Lelystad ha sido lo más difícil en todo lo que llevo pedaleando por aquí. Viento en contra, lluvia, sin agua, 20 quilómetros rectos y unas vistas un tanto repetitivas:
Sí, no era el único loco... por lo visto hay quien disfruta de este viento para volar:
Ya llegado al final, la lluvia fue intensificándose y no me quedó otra que tomar el tren a Maastricht, y a disfrutar de un baño caliente (no, aquí ya no hay fotos...). Por lo que parece, esta fue mi última aventura por estos campos planos. He disfrutado mucho, pero tal vez menos de lo que me hubiera gustado, y de seguro que más de lo que me hubiera imaginado. Ahora espero ansioso el día que empaquete todo y me dirija a Bélgica, luego Luxemburgo, Francia, Alemania, Suiza, Francia otra vez y finalmente, mi hogar en Barcelona.
Distancia total: 133,84km