Mejor ahora que me llamas —murmuró con total sinceridad y mordió su labio inferior, aún sin borrar su sonrisa. Bajó un poco su vista y comenzó a jugar con el control remoto—. ¿Qué hay de ti? —preguntó después, alzado su mirada y buscando un lugar en donde sentarse. Al no encontrarlo decidió subirse a la mesada y quedarse allí mientras seguía hablando con el moreno, observando como su hermana pasaba por su lado y se dirigía a la puerta de la casa. La morena frunció el ceño y apartó un poco el teléfono—. ¿A dónde crees que vas? —cuestionó lo más bajo que pudo y rodó los ojos al no recibir respuesta de la chica, quién salió sin decir ninguna palabra—. Lo siento, ¿decías?
Sus labios emanaron una suave risa al oír sus palabras y relamió los mismos, asintiendo lentamente—. No te das una idea de lo feliz que me pone oír eso —musitó dulcemente. Revolvió un poco su cabello, entornando los ojos a causa del sol, que pegaba de lleno en ellos y le bloqueaba la vista—. Ya sabes, de la mejor manera que puedo estar cuando hablo contigo —le dijo sereno y sincero, aunque la muchacha sabía de antemano que sus palabras eran ciertas—. ¿Qué estás haciendo? —inquirió con curiosidad inundando su tono de voz al oír un lejano intercambio de palabras. Pestañeó cuando la morena volvió a hablar— Nada importante. ¿Tienes planes para hoy?














