Cuando la voz de la morena llegó a sus oídos, una sonrisa se dibujó en su rostro, mientras mordisqueaba su labio inferior─. Hey, ¿cómo estás? ─preguntó, pensando la manera de lograr que la chica saliera de su casa sin sonar demasiado obvio. Estiró las piernas en el espacio que había entre los dos autos estacionados a cada lado de él y miró sobre su hombro la casa detrás suyo, ampliando su sonrisa.
Mejor ahora que me llamas --murmuró con total sinceridad y mordió su labio inferior, aún sin borrar su sonrisa. Bajó un poco su vista y comenzó a jugar con el control remoto--. ¿Qué hay de ti? --preguntó después, alzado su mirada y buscando un lugar en donde sentarse. Al no encontrarlo decidió subirse a la mesada y quedarse allí mientras seguía hablando con el moreno, observando como su hermana pasaba por su lado y se dirigía a la puerta de la casa. La morena frunció el ceño y apartó un poco el teléfono--. ¿A dónde crees que vas? --cuestionó lo más bajo que pudo y rodó los ojos al no recibir respuesta de la chica, quién salió sin decir ninguna palabra--. Lo siento, ¿decías?













