Sus cuadros algo tienen de hipnótico, surreal onírico, orgánico, explosivo: una paleta melancólica que desemboca en nostalgia contenida, un magma que semeja neuronas. Es difícil conseguir públicos para el arte abstracto, tan mal querido y muchas veces incomprendido. Apuesta de alto riego para todo creador. Implica saberse diferenciar de tantos y tantos que tanto han hecho desde el pasado. Ese reto es el que asume Denisse Sánchez en su pintura. Verla lleva a zambullirse en extraños mundos, volverse pasajero en su mente, y sin pasaporte ni visa que permita residencia absoluta. Nos obsequia una hora para conocer su universo.
Enclavada en una esquina de la tradicional colonia García Ginerés, en Mérida, la casa de blaquísimos muros deviene fortaleza, contiene el estudio donde Denisse alumbra su creación. A un costado las enredaderas han invadido la pared de suelo a techo y hasta la calle. De gris desgastado, tono cemento, losetas contrastan con el lienzo de más de casi cuatro metros cuadrados sobrepuesto contra un ventanal. Ésa es la obra en proceso. Bufa húmedo viento. Sube el bochorno, que le dicen. Palmeras enredadas con ficus, entrelazadas como en acto de amor, dan leve sombra. Montadas en caballete, bajo un porche, hay dos piezas más: una de gran formato y otra apenas para cubrir el rellano de una escalera. Son el trabajo reciente de esta joven artista que bordea los treintaypocos años. Nos recibe así, en ese su espacio: el patio donde se entrega al arte.
Ahí, habla de la ensoñación que engendra sus piezas: “Es un estado entre la vigilia y el sueño, en donde uno está semiconsciente y no es capaz de estructurar ideas, otros procesos se dan en ese momento, porque el proceso analítico se da después. A mí me gusta pensar el acto creativo como eso: un trance. El artista entra en un momento y un espacio creado por sí mismo, que es un lugar para estar y crear sus propias reglas”.
Egresada de la Facultad de Antropología de la Universidad Autónoma de Yucatán (UADY), Denisse Sánchez estudia ahora una maestría en la Escuela Superior de Artes de Yucatán (ESAY). Sin embargo, aprendió pintura de forma autodidacta, confiesa. Aunque en un momento tuvo la guía y enseñanza del artista gráfico Ariel Guzmán, los avances que ha logrado esta mujer se deben a su pasión y persistencia y ansia por expresarse. “Era una persona muy retraída con la necesidad de crear un universo interior. Siempre he tendido mucho al diálogo conmigo misma y a tratar de ordenar ideas. Soy una persona muy observadora, casi no hablo en público. Me gusta estar captando todo y ordenando. Empecé con el dibujo a raíz de que nació mi hija, porque necesitaba reconstruirme”, dice.
Expuestas en la sala de la vivienda, seis pinturas contrastan con el mobiliario conservador, muy estilo casa típica de provincia. “Gestación” es la primera de las pinturas abstractas que hizo Denisse. Yace apoyada contra una pared. Mirarla de cerca lleva una revelación de texturas, volúmenes que emergen del lienzo, cuerpos sugeridos que no alcanzan a materializarse y quedan atrapados en colores lumbre, cenizos atravesados por una fuerte pincelada roja. “Pesa un montón, es casi una escultura”, acota. Al fondo de la habitación, de formato pequeño, cuelga junto a una puerta-vitral la interpretación que hizo de “Autopsicografía”, el poema homónimo de Fernando Pessoa. “Ofrezco tratar de jugar un poco con el espectador: yo pongo algo que tú lo lees, tú lo reinventas y tú sientes lo que crees que sientes, pero es lo que lees y yo estoy en medio”, comenta acerca de esa obra en particular y sobre su creación en general. La mesa de centro sirve de base para un terceto de ilustraciones al pastel. Son prueba del dominio técnico, la habilidad de retratista y el conocimiento de lo humano, testimonios de un período en el que el dibujo la traía volada de un ala.
“Sentía que estaba muy atrapada en la forma, lo figurativo, obsesionada con la forma humana, con el control. Era sacar el adentro. Considero que mi obra es muy intimista. Una forma de hacerlo era darme la vuelta a vivirme y era hacer esto”.
Plantearse la vida en el arte como submarinista del inconsciente, es una de las propuestas que tiene esta pintora. El automatismo de los surrealistas, la deconstrucción de la figura a decir de los cubistas y el espacio vulnerado por el color de los abstractos, son elementos que se suman a la obra que realiza. No obstante, pienso que partirse el esternón para abrevar colores desde el corazón y el alma, es lo que consigue verdades que emergen y viven plasmadas en el trabajo que presenta Denisse Sánchez. “Lo que estoy haciendo es amalgamar lo que tenía y tratar de buscar un sistema… Trato de conjugar el lenguaje escrito con el visual”, apunta.
Corre el minutero a velocidad ultrasónica. Una hora muere desvanecida entre palabras. Miro esas pinturas que de pronto parecen mirarme. Denisse sonríe y posa para la cámara. Eso es todo. Una vez más confirmo: el arte inicia donde acaban las palabras; pero ella sabe conjugar color y forma y espacio.
Una hora para el universo. Conoce la obra de Denisse Sánchez, pintora yucateca. Lee CONfábula: Sus cuadros algo tienen de hipnótico, surreal onírico, orgánico, explosivo: una paleta melancólica que desemboca en nostalgia contenida, un magma que semeja neuronas.