Sentada sobre el enorme trono, miraba indiferente aquella muralla, su civilización y su “salvaje” estilo de vida.
Rodó los ojos mientras largaba un suspiro, después de todo, era cuestión para que los del otro lado se extinguieran.
-Solo es cuestión de tiempo.
Ella tenía planes, y de los grandes. Entre ellos, era el dominio del otro lado y expandir un nuevo Hoenn, sin vida salvaje.
Con solo un movimiento de dedos, cientos y cientos de soldados armados corrían y atravesaban la muralla. Lo mejor que podía oir sus oídos eran los disparos seguidos y una que otra plegaria innecesaria.
Touko solo quería un lugar en donde todos aprendan lo que era el trabajo, ganarse el respeto ya sea por las buenas o por las malas, un lugar en donde sean separados los ricos, clase media y los pobres.
No podía negarlo, se había ganado el respeto del pueblo a medida de miedo, con tan solo un movimiento podía hacer que el general más rudo se arrodille.
Pero un día, su paciencia no pudó más al escuchar los gritos de los “salvajes” por su diversión, nadie NADIE interrumpia el plácido sueño de la castaña. Se levantó de golpe mientras miraba enfurecida la vista de los ciudadanos, de un lado a otro, pero en silencio. Incluso las grandes fábricas y edificios no se atrevían a hacer sonido alguno, pero si su gente no hacía ruido, ellos menos.
Con pasos rápidos se dirigió al cuartel superior en donde había una gran mesa redodnda, y a su alrededor, los generales y soldados más estrictos. Se encontraban murmurando hasta que la presencia de la joven hizo que se pongan de pie y la saluden.
"Deme el permiso para informarle que usted se encuentra en pijamas, señorita"
Frunció el ceño mientras hacía un puchero, debido a despertarse de mala gana, había olvidado cambiarse la pijama. Decidio hacer una mueca y tomar asiento.
-Señores, lo que les voy a decir es una tarea tan simple como chasquear los dedos. Quiero que me traigan a la reina esa, ya sabes, la de la vida salvaje. Si se rehúsa a venir, terminen con cada individuo posible.
-Sin peros, y apresurense, no quisieran verme de mal humor
Dio una palmada a la mesa y se volvió a dirigir a su habitación, en donde cayó de nuevo a su cama y después de acurrucarse entre sus sábanas, quedó profundamente dormida.
Tocaron la puerta, la noticia que recibió hizo que corriera a un enorme salón, tomó asiento en el trono mientras miraba ansiosa las puertas.
Desfilaban unos soldados, pero su vista se fijó rápidamente en una joven con traje de hojas y tierra por sus brazos, si era ella.
-Vaya vaya Sapphire, hasta que por fin nos encontramos