* kaeya.
‘ no exigente, perfeccionista ’ aclara, contagiado por la risa del menor. se mantiene inmóvil cuando lo siente acercarse, observando atentamente las acciones ajenas y soltando risitas por ellas. se siente agradable poder reír así de nuevo, sobre todo después de aquella traumática experiencia en la última misión semanas atrás. le ha dado tiempo a su mente para procesar todo aquel dolor, aquellas pérdidas irreparables de las que se enteró cuando lo atendían por sus heridas en el hospital. aún así, era imposible decir que todo aquello no lo había marcado. ‘ estoy bien abrigado, pero nunca he vivido un invierno con nieve, mi cuerpito no está acostumbrado ’ intenta replicar, frunciendo la nariz. definitivamente vivir en california toda su vida lo había hecho incapaz de soportar semejante frío, pero al menos tenía a su novio para ayudarlo a entrar en calor. además, supone que debe acostumbrarse a ese tipo de clima si va a vivir en aquella ciudad por muchos años más, considerando planes que ha hecho ahora que alew ha terminado. el besito lo deja con ganas de más, pues es tan corto que parece que ni siquiera ocurrió, así que aprovecha para tomarlo de la cintura y atraerlo hacia él, aprovechándose de su fuerza para poder besarlo durante unos cuantos segundos más. ‘ tú tampoco deberías bajar la guardia~ ’ imita canturreo cerca de sus labios antes de dejarlo ir. asiente con la cabeza ante instrucciones, agachándose para acumular nieve y que esta les sirva para formar el cuerpo del muñeco, totalmente concentrado en importante tarea. lo que no espera, sin embargo, es cruel ataque de parte de su novio que lo tiene soltando un grito ahogado. ‘ ¡jun! ’ exclama, intentando recuperarse del frío ocasionado por la nieve colándose entre su chaqueta. ‘ vas a lamentar eso ’ dice con aura amenazante totalmente fingida, mientras toma un puñado de nieve entre sus manos para devolver ataque, entre carcajadas. en vez de arrojarle la bola de nieve se acerca a él para embarrársela en la cara, pero en el proceso termina tropezando por el hielo y ambos caen sobre la blanca capa que amortigua su caída. ataque de risa no le permite hablar por algunos segundos, tumbado en el suelo con su novio encima suyo pues lo sostuvo para que no se hiciera daño al caer. ‘ esto me recuerda a algo ’ dice entre risas, cuando finalmente recupera la capacidad de hablar. ‘ nuestra primera cita, cuando intenté enseñarte a patinar y decidiste que era buena idea tirarte al césped ’ recuerda, acariciando con cuidado el rostro del menor. ‘ ese día me di cuenta de lo loco que estaba por ti… lo loco que estoy por ti ’ susurra, sinceridad desborda vocablos. todo aquello que sintió por el menor desde aquel beso compartido en la mansión embrujada era casi inexplicable, como una conexión inmediata que no le permitió alejarse por más de que quisiera. todo lo que hizo a partir de ese momento fue por él, aunque sea de forma inconsciente, y no se arrepiente de nada. ‘ jun, alew fue horrible en su mayoría, pero tú… ’ deja salir el aire en forma de un halo frío, antes de continuar. ‘ no exageré cuando te dije que contigo se me cumplieron un millón de deseos. ’
‘ la pasarías terrible en corea entonces ’ afirma, dejando escapar una risa leve. ‘ ahí el frío es mucho más...’ baja la mirada al mencionar aquello sin embargo, porque hay algo en la estación invernal de su tierra natal que siempre logra sacudirle. despertar un recuerdo que en la actualidad comienza a difuminarse, como si se tratase de una película gastada cuyas escenas comienzan a perderse en el vacío del pasado. es el beso el que le toma por sorpresa de todos modos, y habiendo parpadeado con un rastro de impresión que pronto da lugar a la picardía, bufa suavemente. ‘ ¿para qué voy a bajar la guardia contigo? no es como si no esperara que vinieses a atacarme’ señala, con las manos posándose en la cintura del contrario, frotando un poco para proporcionar ese calor que parece escasearle. sin embargo, no acarrea demasiada consideración al respecto cuando lanza aquella bola de nieve, incluso si pronto se vuelve víctima de su propia jugarreta: sentir la nieve restregándose en su cara consigue enrojecerle las mejillas y la nariz, ojos apretándose con fuerza hasta que consigue recuperar el aliento. en el suelo, y cayendo sobre el otro, no hace más que fruncir el ceño y los labios mientras sorbetea por la nariz, intentando quitar el malestar del frío. ‘ lo tuyo ha sido trampa ’ objeta, en un afán más bien gracioso, conforme apoya brazos sobre el pecho opuesto para mirarle ahí en el piso. pronto es mano la que se dirige al rostro impropio, sacudiendo de sí esos rastros de polvillo blanquecino que se acumulan en su dermis y el cabello, luego sosteniéndole de los pómulos para ofrecerle algo de calidez con sus manos enguantadas. le escucha hablar así, y conforme rememora los días que habían dejado atrás, se da cuenta de la cantidad de tiempo que había transcurrido hasta entonces. que lejana le parecía aquella ocasión en que tuvieron su primera cita. que irreal le parecía todavía aquella declaración por parte del otro, cuando fue capaz de sacudir por primera vez su pulso y hacerle dudar de tantas cosas sobre las cuales no había dudado hasta entonces. su deseo (tan oscuro como era), le había conducido hacia otro tipo de escenario completamente diferente al que había esperado, y las casualidades de la competencia lo arrastraron hasta personas y vínculos que nunca imaginó tener. qué extraño le resultaba todo. ‘ lo recuerdo ’ habla así, y es su mano la que se eleva para picar la nariz opuesta, intentando desenredar poco a poco los hilos que bordaban aquel fino abrigo alrededor de su corazón. siempre se odiaba por no expresar más abiertamente sus emociones, a fin de cuentas. ‘ en ese entonces no lo entendía en realidad... supongo que entré en pánico también’ admite, pues la falta de respuesta ante la declaración del contrario sin duda venía de la mano con su propia confusión, con su propio vacío emocional, con esa idea que había implantado en sí mismo como un ser incapaz de querer a otra persona. ‘ en realidad, me aterraba la idea de que la persona que quisieras fuera la que yo había construido para que todo el mundo amara. no quien soy en realidad ’ pero le había mostrado las peores facetas a esas alturas, y los días posteriores al suceso de la última misión, lo acongojó el miedo de que esa monstruosa violencia que aun existía dentro de sí pudiese implicar el fin de todo, una tremenda decepción. que acabase espantando al mayor. es así que deja caer su cabeza sobre el pecho ajeno entonces, y sus dedos establecen el ritmo que podía escuchar justo contra su oído: los latidos que ya reconocía del otro, y que se habían convertido en una tonada que le pertenecía. ‘ quizás encontrar lo que encontré en ese juego... encontrarte, era la señal que necesitaba para darme cuenta de que no puedo seguir mirando hacia atrás. ¿sabes? en realidad odio el invierno, y sobre todo, odio esta fecha en particular ’ así, hace una pausa y suspira. ‘ en un día parecido a este, en corea, hace muchos años... estaba solo y abandonado, al borde la muerte... y aunque fui salvado y viví, pensé que mi corazón se había congelado desde día’ luego, alza la mirada. ‘ pero ahora, estoy en la nieve, tumbado, sintiendo el frío por toda la cara... y, aun así, definitivamente no lo odio’ reconoce, llevando un par de hebras opuestas tras su oreja. ‘ creo que significa que los inviernos se volverán una mejor estación para mí siempre que... tú estés ahí, ’ y entonces, sonríe con suavidad. ‘ por eso, yo... realmente te amo’ afirma, presionando la mano ahora sobre la mejilla opuesta, pulgar acariciando la misma conforme la mirada se teñía de adoración. porque él, que renació desde el lecho blanquecino de la nieve, que escapó de la tumba solitaria y fría de uno de los inviernos más gélidos, había encontrado el refugio perfecto en este chico que que tenía el nombre del sol, quién era igual de cálido y acogedor, el único que derritió la nieve y entonces lo encontró.










