10.10
A veces, cuando el silencio pesa más que el recuerdo,
me descubro queriendo escribirte.
No para que vuelvas,
ni para que entiendas,
sino porque hay palabras que no saben
dónde morir si no es en tu nombre.
Sé que no responderás.
Lo supe desde el primer adiós disfrazado de promesa.
Y aun así, algo en mí —esa parte terca y herida—
sigue buscándote entre las horas,
como si el alma no entendiera
lo que el cuerpo ya aceptó.
No es esperanza,
es costumbre.
Esa nostalgia que se acomoda
en el hueco exacto que dejaste.
Y aunque no escribas,
aunque no regreses,
a veces solo necesito imaginar
que del otro lado del silencio,
alguien alguna vez también pensó en mí.















