Con un suspiro desbordante de exasperación, dio media vuelta para encarar a los presentes en el lugar luego de haberse percatado de la ausencia del bolso con ropa que había dejado sobre una de las bancas. Su rutina de crossfit había culminado hacía escasos diez minutos y había decidido tomar una rápido baño en las duchas del gimnasio, más nunca llegó a considerar que sería víctima una vez más de una jugarreta como aquella. La última había sido cortesía de sus compañeros de equipo. Ahora, no tenía ni idea. “Muy bien, ¿quién fue el graciosito, eh?” Exigió saber, dirigiéndose a nadie y a todos al mismo tiempo. La incomodidad no tardó en presentarse en su cuerpo tras ganarse la mirada de varias personas.
Dejos cristalinos descendiendo desde las raíces de la oscurecida cabellera, la toalla de algodón empapada entre sus huellas dactilares y el sonido de las exclamaciones masculinas colgándose de sus oídos. Recordaba la última oportunidad en la que había transcurrido aquél hecho, así como también las múltiples oportunidades en las que su rostro se catalogaba como víctima o, en su gran mayoría, victimario. Unos pequeños bufidos de gracia se oían entre los presentes, la misma contagiándose en los labios del americano sutilmente, en una expresión digna de quien conoce los detalles de un crimen mas niega participación alguna. “Tal vez deberías prestar más atención en donde dejas las cosas, Jeremy. Es decir, ¿estás seguro de siquiera haber traído el bolso?” Pronunció en clara burla a medida que sus orbes viajaban sobre las facciones de sus acompañantes, en búsqueda de cualquier tipo de señal que delatara al culpable.













